Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

La Batalla de Girón (Segunda Parte) II

Cmdte.- ¿Me dijiste que en el batallón eran cinco compañías?

Nelson González.- Seis compañías y una batería de morteros de 82 milímetros.

Cmdte.- Cuando avanzaron hacia Playa Larga, a la 1:00 dices tú, más o menos, ¿fue todo el curso o mandaron dos compañías? ¿Cómo es?

Nelson González.- Fíjese, delante iban la primera y tercera compañías; atrás iba la cuarta compañía y un poco más atrás la sexta compañía, porque la quinta se había quedado en la escuela; la quinta se incorpora después de las 3:00 de la tarde, porque ya lo que dejan aquí en Matanzas es un pelotón para cuidar la guarnición.

Cmdte.- Correcto.

“Realmente las que estaban allí en ese momento eran cuatro, atrás se queda la quinta. ¿Y la sexta? Son seis.

Nelson González.- La sexta iba un poco más atrás. Lo que pasa es que como íbamos en columnas, digamos, prácticamente en orden cerrado, no teníamos forma de desplegarnos, éramos muy vulnerables.

Cmdte.- ¿Te recuerdas de la carretera hacia la playa, después que uno ha cruzado la boca de la laguna y todo eso, cuándo empiezan los árboles? ¿Es antes de llegar a Pálpite?

Nelson González.- Los árboles frondosos empiezan después de Pálpite, por la izquierda, porque por la derecha era hierba mala, como una especie de planta espinosa.

Cmdte.- Cuando llega el avión, ¿la primera compañía dónde está?

Nelson González.- La primera compañía está aproximadamente a un kilómetro de Pálpite.

Cmdte.- Entonces había bastante densidad.

¿Como cuántos hombres había reunidos allí?

Nelson González.- Allí estaban reunidos los de la primera y la tercera, debía haber alrededor de 200, 280 hombres.

Cmdte.- Pero por la izquierda y por la derecha.

Nelson González.- Sí, por la izquierda y por la derecha.

Cmdte.- A un kilómetro. ¿Qué distancia había de la playa?

Nelson González.- Calculo más o menos tres o cuatro kilómetros, porque, si mal no recuerdo, de Pálpite a la playa hay seis kilómetros.

Cmdte.- Desde las cuatro casuchas aquellas.

“Sí, ya entiendo, más o menos, eso es correcto.

“¿Y ellos, desde tierra, hasta dónde habían avanzado los mercenarios?

Nelson González.- Los mercenarios tenían posiciones avanzadas. Yo calculo que no era más allá de 500 metros de la posición principal que estaba a la entrada de la playa.

Cmdte.- Alrededor de 500 metros.

“Eso es a la 1:00.

Nelson González.- Sí, más o menos a la 1:00.

Insignias de los paracaidistas de las fuerzas mercenarias

Cmdte.- ¿Los morteros están tirando ya, los 105?

Nelson González.- No, todavía.

Cmdte.- ¿Y el cañón sin retroceso?

Nelson González.- El chiquito, el de 75 milímetros.

Cmdte.- Bueno, ellos tenían dos tipos según yo tengo entendido, creo que el 57 y el 75.

Estoy tratando de imaginar lo que puede verse a cuatro kilómetros.

Tal vez ellos tenían 500 metros avanzados por esa zona.

Mira a ver si recuerdas, por la noche, cuando llegaron los cañones del 85, que discutieron con Fernández, que se situaron detrás de Pálpite, ¿en qué lugar fue?

Nelson González.- Un poquitico detrás de Pálpite, a la izquierda.

Cmdte.- Pero, ¿en tierra, o sobre la carretera?

Nelson González.- En tierra, en el diente de perro que había allí.

Cmdte.- ¿Te acuerdas cuando llegaron los cañones 122?

Nelson González.- No, no recuerdo eso, porque ya los cañones 122 llegaron en horas del anochecer.

Cmdte.- Sí, al anochecer.

Nelson González.- A la izquierda había un pequeño campo para desplazar las piezas antiaéreas. No recuerdo si fueron cuatro piezas o seis piezas de cañones 85 milímetros, y si mal no recuerdo, el jefe de la batería era el teniente Dow, pero no recuerdo bien cuál es su nombre.

Cmdte.- ¿Está vivo o ha muerto?

Nelson González.- No, no sé.

Cmdte.- Cuando llegaron los cañones, se supone que utilizaron ese terreno allí.

Nelson González.- Los vi, no lo supongo, sino que los vi.

Cmdte.- Yo conozco un compañero -el otro día estuve hablando con él- que es hermano de un teniente que matan los aviones, a esa hora, en el primer ataque. Él tenía unas granadas…

Nelson González.- Ese es Claudio Argüelles Camejo.

Cmdte.- Exacto.

Nelson González.- En el material que yo le mando están las fotos.

Cmdte.- Correcto.

“Entonces se lo llevaron para allá porque estaba muerto. ¿Usted recuerda o tiene idea de los compañeros que resultaron muertos o heridos en aquel lugar, a la hora en que los aviones atacaron?

Nelson González.- La hora en que los aviones atacaron debe haber sido entre las 13:00, las 15:00 o las 17:00 horas, creo que a las 15:00 horas.

Cmdte.- ¿Dónde pueden estar los datos de los muertos y heridos?

Nelson González.- Los muertos van ahí en el material.

Cmdte.- Correcto. ¿Y usted recuerda los muertos?

Nelson González.- Muertos son 21 y uno que falleció después. En el material que le mando están los 21 que cayeron en combate, el número 22, que falleció después, no lo tengo.

Cmdte.- Correcto.

Mártir de la Batalla de Girón

Nelson González.- Con todo gusto le contesto todas las preguntas que me haga.

Cmdte.- Correcto. Gracias

“Está vivo el Jefe de la Columna 1, Haroldo.

Nelson González.- Por el día no había llegado Haroldo.

Cmdte.- No, eso fue por la noche, todos ellos llegaron por la noche; porque estoy pensando, me hago una pregunta, realmente, por qué avanzaron a esa hora.

Nelson González.- Bueno, Jefe, solamente con el curso de los años le he hallado una explicación a eso, única y exclusivamente fue el entusiasmo, el deseo de victoria y la elevadísima moral que tenía aquella gente. Después los mercenarios se preguntaban cómo era posible que los hombres de las camisas azules y las boinas verdes cayeran y los demás seguían avanzando.

Cmdte.- Creo que esa es una explicación, realmente, porque a mí ni por la mente me pasaba mandar a esa gente a avanzar a esa hora, porque todavía no habían llegado los tanques ni la artillería antiaérea; fue una sorpresa. Ahora lo entiendo.

“¿Después del ataque dónde pudieron replegarse ustedes?

Nelson González.- Hasta Pálpite otra vez.

Cmdte.- ¿Pero dónde pudieron ocultarse los compañeros, porque el día es largo?

Nelson González.- En los alrededores de Pálpite, en las carreteras y en los bordes de las cunetas, allí no había más nada.

Cmdte.- Pero allí también los podían atacar otra vez.

Nelson González.- Sí, cómo no, nos atacaron también.

Cmdte.- ¿Después de aquel ataque volvieron a repetir?

Nelson González.- No, a mí me parece que ellos volaron una vez y volvieron a volar otra vez sin ir a recargar, porque no había tiempo de ir a Nicaragua.

Cmdte.- Es verdad que tenían que ir hasta allá para recargar y tardaban horas.

Nelson González.- Ahorraban las municiones para hacer varios pases.

Cmdte.- Sí, pero no podían estar mucho tiempo dando vueltas.

Nelson González.- No podían estar mucho tiempo en el aire.

Cmdte.- ¿Tú recuerdas cuándo llegaron los primeros tanques?

Nelson González.- En horas de la noche también.

Cmdte.- Sí, porque aquellos no podían llegar allí hasta por la noche, precisamente para que no los atacaran.

Nelson González.- Claro, claro.

Cmdte.- Y tampoco la artillería, ya fueron con antiaéreas. Yo tengo los datos de todo lo que se mandó para allá. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que cuando atacamos, atacamos conscientes; ahí, indiscutiblemente, también nos dejamos llevar por el entusiasmo, puede decirse; porque, bueno, no se puede hacer otra cosa si tú llevas tanques y artillería antiaérea, había que atacar.

Nelson González.- Prácticamente fue a pecho descubierto.

Cmdte.- Claro, pero iban tanques.

Nelson González.- Ya iban tanques y al lado la artillería estaba tirando y los morteros estaban tirando.

Tanque de las fuerzas revolucionarias avanza hacia Playa Girón

Cmdte.- Vamos ahora a recordar un poco aquello.

La gente de Haroldo tenía instrucciones, iban protegidos por los tanques, en cierta forma: el primer tanque delante, en el segundo iba López Cuba, en el tercero creo que Haroldo; tenían, por lo menos, algo.

“Ahora, ¿recuerdas qué compañía de ustedes avanzó con ellos por la noche?

Nelson González.- La primera y la tercera compañías.

Cmdte.- ¿Volvieron la 1 y la 3?

Nelson González.- Sí, después del repliegue hasta Pálpite, por la tarde, por la noche se volvió de nuevo al ataque. Ahí llevamos cerca de 300 hombres.

Cmdte.- ¿Iban por los dos lados también o avanzaron por la izquierda?

Nelson González.- Por los dos lados de la carretera.

Cmdte.- ¿Y la gente de Haroldo por qué lado iba?

Nelson González.- Yo leí el otro día un artículo que decía que la gente de Haroldo era el segundo escalón de la Escuela de Responsables de Milicia, y por lo que yo recuerdo la gente de Haroldo iba junto con nosotros.

Cmdte.- Claro, se suponía que ellos tenían que ir primero porque tenían los tanques, tenían la artillería, era una tropa fresca. Se suponía que ustedes fueran también, porque ese nivel de bajas no se conocía en el Puesto de Mando Central. Recuerdo que era oscuro cuando llegamos, me parece que era oscuro; porque llegué hasta donde estaban tirando algunos morteros nuestros de 120 milímetros y donde estaba ubicada la artillería, los obuses de 122 milímetros, hablé con Haroldo. Estando allí es que me llega el mensaje por escrito de que estaban desembarcando por el oeste de La Habana -todo eso está escrito y filmado-, las instrucciones que le doy a Fernández y lo que me responde Fernández.

“Ya estaban mandando para allá el batallón 111, y otro más, creo que era el 144. Con Haroldo había llegado también una compañía de tanques.

“Había que cortarles la retirada, sobre todo después que nos rechazaron el ataque.

“Es que era suicida, desde el momento en que empezaron. Uno de nuestros tanques llegó hasta el final de la carretera donde estaban atrincherados un tanque de los mercenarios, cañones sin retroceso, morteros de 105 milímetros y ametralladoras calibre 50 barriendo la carretera recta, sin posibilidad alguna de franquearla.”

Más adelante volveré sobre este tema que abordé con Nelson González, hoy Coronel retirado de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, Jefe del batallón de la Escuela de Responsables de Milicias, que había ocupado el caserío de Pálpite, alrededor de las 10 de la mañana del 17 de abril, y envió hacia Soplillar la compañía 2 menos un pelotón; puntos donde fueron lanzados dos nutridos y bien armados pelotones de paracaidistas enemigos.

Día 18

08:30 hrs. A Ameijeiras. Los morteros no los lleves. Pídele a Osmany la compañía de Milicias. Manda a un tipo “bicho”, que vaya a Soplillar, y que averigüe. Que manden para Jovellanos las dos baterías de bazucas que quedan en el INRA. Tú te instalas aquí (le señala en un mapa).”

Testimonio de Samuel Rodiles Planas

(Tomado de Periódico Trabajadores, 19 de abril de 1999)

Samuel Rodiles Planas

“Fidel nos mandó a buscar a Efigenio Ameijeiras y a mí. Al llegar al Punto Uno vimos una mesa con un mapa que era analizado por varios compañeros. Nos plantearon la misión, que consistía primero en recibir la compañía ligera de combate del batallón 116 de las Milicias Nacionales Revolucionarias y la compañía de bazucas del INRA. Debíamos trasladarnos al central Australia y de allí seguir avanzando hasta ocupar el terreno entre Cayo Ramona (por el pantano de turba) y la costa. Fidel nos dijo: ‘Hay que meterse en la retaguardia del enemigo y crearle una situación de inseguridad total, cuando ellos traten de ir de Playa Girón a reforzar Playa Larga o retroceder, que se encuentren que desde la retaguardia les están haciendo la guerra’. Recalcó que la misión era difícil y era posible que quedáramos cercados, pero que podíamos ir convencidos de que nos prestarían la ayuda necesaria.

“Yo era un muchachón y estaba muy influido por los libros soviéticos Los Hombres de Panfílov y La Carretera de Volokolamsk, que eran muy famosos entonces, y le respondí a Fidel: ‘Mire, Comandante, no se preocupe, que los hombres de la Policía Nacional Revolucionaria van a ser más bravos que los de Panfílov. Recuerdo que Carlos Rafael Rodríguez al oírme decir eso se echó a reír’.”

“08:45 hrs. Fidel ordena a Sergio del Valle que la Columna Especial de Roger, completa, esté alrededor de las cuatro o cinco (de la tarde) en Jovellanos, menos los morteros ni los zapadores, sin perder ningún hombre ni extraviarse ningún camión. Esperar órdenes de Fidel.

“08:58 hrs. Australia. ¿Cómo?, ¿qué necesitan refuerzos? ¿Cómo están pidiendo dos batallones, si ayer fueron dos? ¿Para qué? Si necesitan refuerzos, mándales el batallón que está en Jagüey [...] Dile a Fernández que los tanques deben atacar no por la carretera donde atacaron anoche [...] debe tratar de meter los tanques por Soplillar y atacar desde el Este, como quien viene de Girón”.

“Que él ataque con obuses, pero que lo empiece ahora mismo, que no importa lo que tarden los tanques, él debe ir machacando sobre la gente, que esté machacando incesantemente y que no espere por los tanques ni por nadie, [...] que no deje de atacar ni un minuto a esa gente.”

09:22 hrs. A Aragonés. Vamos a mandar los obuses de Pedrito para allá.

10:00 hrs. (Del Valle informa que Augusto necesita dos horas para revisar los tanques, y eso retrasaría la operación, y consulta que si los manda así o qué). Dale las dos horas. (Se refiere a los SAU 100 y uno o dos de los tanques de López Cuba que estaban por llegar).

10:05 hrs. A Del Valle. Dale a Pedrito dos mil quinientas balas de alto explosivo.

10:12 hrs. A Pedrito Miret personalmente: Yo propongo que cojas los doce cañones 122, entonces, que el bombardeo tuyo no solamente sea sobre esto, sino sobre Bermeja, Helechal, Cayo Ramona y la encrucijada esta (señala un mapa). Una parte de tu operación consiste en esto: facilitarle a Filiberto la entrada aquí. Tú tienes que bombardear todo esto, hasta San Blas. Yo propongo que a Pedrito lo apoyen dos baterías de antiaéreas. Deben situarse en Covadonga.”

Testimonio de Pedro Miret Prieto

Pedro Miret Prieto

“El día 18 recibí instrucciones para que nos trasladáramos con el grupo restante, con toda urgencia, hacia la carretera que va del central Covadonga a San Blas al este. Fidel me dijo que lleváramos la mayor cantidad de proyectiles posibles para bombardear incesantemente al enemigo en esa región. [...] Esa misma noche empezamos a cañonear la zona ocupada por el enemigo.”

10:20 hrs. A Del Valle. Mándale a Pedrito, además de lo que tiene, 4 000 balas de obuses.”

10:25 hrs. A Aragonés. Yo propongo que tú hagas este avance con el batallón ese que está ahí y con cuatro batallones más, hay que avanzar con el equivalente de una división.

“La otra noticia que te quiero dar es que vas a avanzar con quince tanques, pero entre ellos diez Stalin.”

“Tú puedes iniciar el ataque con tres batallones, es decir, el que está ahí y dos más que deben movilizarse al efecto.”

10:35 hrs. A Del Valle. Preguntar si ha salido el parque y decirles que no lo manden al Covadonga sino a Real Campiña, por el camino de Colón, por Aguada.

“Hay que dar dos órdenes: a Augusto que el batallón ligero que está en Jagüey lo mande para Yaguaramas, y que los cañones del 122 que llegaron allí con tractores los mande para Covadonga hoy temprano, que salgan al mediodía, y esperen órdenes de Pedrito Miret.

10:38 hrs. A Del Valle. Hay que decirle a Kike que mande junto con los diez tanques cinco automotrices.

11:10 hrs. A Osmany. La tropa de Ameijeiras debe estar en Soplillar al amanecer, llegar de Jagüey a Soplillar.

11:15 hrs. A Del Valle. Llamar a Augusto y decirle que de las dos baterías antiaéreas que están en Australia, una de ellas, cuádruple, se la mande a Pedrito Miret para Covadonga.”

En el libro de Quintín Pino Machado sobre la Batalla de Girón se reflejan acontecimientos de aquellas horas de la mañana del 18 de abril de 1961:

“A las 10:30 horas el capitán Fernández informa al comandante Augusto que había ocupado a Playa Larga y enviaba al central Australia un parte urgente. Decía así:

“Comandante Augusto:

“1. El enemigo se retiró de Playa Larga que está siendo ocupada por nuestras tropas. El enemigo se movió hacia Girón.

“2. Estoy trasladando artillería antiaérea a Playa Larga y artillería de campaña, preparándome para atacar hacia Girón.

“3. Espero poder atacar en horas del día.

“4. No hay actividad aérea enemiga por esta zona, al parecer, unos chorros hacia las 10.15 ametrallaron nuestras avanzadas.

“5. Informar FAR (Fuerza Aérea) que Playa Larga en nuestro poder”.

En el libro también se recuerda que “el Comandante en Jefe conoció esta noticia por una llamada a las 11:42 y se afirma que se disgustó.”

Yo estaba realmente indignado. Dividir en dos las fuerzas enemigas significaba no solo recuperar Girón en menos de 48 horas sino, fundamentalmente, evitar que la dirección de Estados Unidos dispusiera de tiempo para recuperarse del desastre político que estaba a punto de sufrir. Significaba igualmente ahorrar el 80% de las bajas que sufriríamos en muertos y heridos.

Recordaba que en la Sierra Maestra, hacía apenas cuatro años, cuando teníamos ya 30 combatientes con alguna experiencia, emboscábamos y golpeábamos a tropas selectas de la tiranía batistiana. En terreno boscoso, uno o dos pelotones podían desorganizar una columna de 200 o 300 hombres. La fuerza enemiga en Playa Larga podía ser copada rápidamente, incluso, avanzando a pie desde Pálpite por un trillo y emboscándose en la retaguardia con armas automáticas y algún medio antitanque, evitando que los mercenarios reunieran la totalidad de sus fuerzas y medios en Girón. Yo conocía un camino por donde circulaban y podían transitar tanques en cuestión de 15 minutos, y marchando a pie con la sombra del bosque no más de una hora.

La experiencia de la Sierra Maestra le sirvió a Fidel para trazar la estrategia frente a las fuerzas mercenarias en 1961

Eso es lo que pensaba hacer cuando llegó, alrededor de las 11 y 30 de la noche del 17, la noticia que me obligó a marchar al Punto Uno en la capital, e impartí instrucciones al comandante Augusto Martínez para que las transmitiera a Fernández.

Una fuerza artillera de 24 obuses, 6 morteros de 120 mm., 6 cañones de 85 milímetros y numerosas baterías de armas antiaéreas eran más que suficientes para borrar del mapa a las fuerzas mercenarias que estaban en Playa Larga.

Le escribí la breve nota a Fernández que firmé a las 3 a.m. del día 18, y partí a toda velocidad hacia la capital. No existía la autopista de seis vías, que permite hoy llegar en hora y media a las proximidades del central Australia. Había que atravesar la ciudad de Matanzas y tomar la Vía Blanca. Arribé a la Capital alrededor de las 6 de la mañana. No diré con cuánta amargura supe que no se había producido tal desembarco. Fue tal vez lo único que le salió bien al Gobierno de Estados Unidos en aquella aventurera guerra, cómo señalé en la primera parte de estas Reflexiones.

Sin descansar un minuto me dirigí al Punto Uno y comencé a trabajar de nuevo a las 8 y 30. Solo 3 horas después es que recibo noticias de que el enemigo pudo retirarse sin novedad y reunir sus hombres y sus armas en Girón. Me reafirmé en la convicción de que la dirección principal del ataque enemigo era Girón y que había agotado ya su fuerza de mercenarios. Lucharían desesperadamente por evacuarse.

11:42 hrs. A Augusto. Australia. ¡Es una vergüenza que esos tipos se hayan retirado para Playa Girón, es una vergüenza! Es una desidia que no hayan mandado aunque sea una compañía para cortarles la marcha, ¡si ya debían haber movilizado una compañía en la carretera!, saliendo de Soplillar ya debíamos haber llegado a la costa. ¿Tú se lo diste, a qué hora?, porque tú comprenderás lo sencillo que hubiera sido colocar una compañía en la costa y entonces cortar la retirada a esos señores, si no, van a seguir haciendo resistencia.”

“Bueno, ahora le vas a decir a Fernández de parte mía [...] ¡Qué tiene que avanzar…! Dile que siga lo que se le dijo. Ponme a Julio al teléfono. Oye, Julio (nombre de guerra de Flavio Bravo): ¿cómo es que no le han cortado la retirada a esa gente? Mira, Julio, debieron haber mandado una compañía ya, para cortarles la retirada. Yo mandé que metieran algunas tropas de infantería y cortaran la retirada; ¿por qué no hicieron eso, si eso, además, era elemental? ¡Si no era para que se pudieran haber ido nunca! ¡Lo menos que pueden hacer es perseguir a esa gente, con tanques!, los seis tanques esos…”

“Mira Julio, tú le dices de parte mía a la gente que agarren los tanques o lo que tengan a mano y que los vayan persiguiendo. Y, ¿no están persiguiendo al enemigo? ¡Díganme si tienen un pacto de no agresión con los mercenarios!”

A Del Valle: Dile a Curbelo que se retira el enemigo de Playa Larga a Playa Girón, que lo persigan y lo castiguen, y dé cuenta de su situación.”

A Julio. Oye, yo voy a mandar a la aviación, ya que los han dejado escapar, cuando debieron haberlos perseguido. ¿Qué concepto de la guerra es ese? ¡Qué hacen con tanto cañón y con tanto tanque!

“Eso es una vergüenza, Julio, tienes que mandar a perseguir a la gente esa inmediatamente. Yo voy a mandar a perseguirlos con los aviones. ¡Pero si tenemos antiaéreas hasta para hacer dulce! ¡Y que avancen los tanques que están ahí! Vamos a ver cómo los persiguen hasta Girón, no vaya a ir un barco a recogerlos y cojan los tanques y todo, enemigo que huye no hace resistencia. Cáiganle con los tanques. Si ustedes hicieran eso, ¡qué bien harían! Pero se les van a ir los mercenarios, ¡acuérdate que te lo digo!, ¡se van a ir los mercenarios! ¡Pero háganlo, por su madre, para ver si de día, porque los tanques viajan mejor de día! [...] Dile que los tanques que están ahí, que no hagan más reparación ni un carajo, que se unan a los otros y que los persiga. Los morteros y antiaéreas detrás. Vamos a realizar el plan de anoche, que están en retirada.”

Ruego a los lectores que me excusen las palabras indebidas. Si no las incluyo, estaría traicionando la verdad sobre los hechos que narro.

Recordar igualmente que no solo envié el batallón de la Columna 1 al mando de Haroldo Ferrer, quien se unió a nuestra tropa rebelde en las cercanías de Chivirico a mediados del año 1957, como Almeida rememora en su libro “Por las faldas del Turquino”. Con él iba Néstor López Cuba con 15 tanques y blindados, numerosas baterías antiaéreas, morteros pesados, 24 obuses de 122 mm. y la compañía de bazucas de Roger García Sánchez. Su misión era tomar Girón. Aquellos valerosos combatientes no eran artilleros expertos, pero conocían lo suficiente para pulverizar las fuerzas mercenarias. Se que hubo después alusiones despectivas acerca de la poca preparación de aquellos artilleros. Si se hubiese conocido nuestra ignorancia en materia de morteros y bazucas -para qué hablar de obuses y tanques- cuando luchábamos en la Sierra Maestra, a nadie se le habría ocurrido una palabra despectiva respecto a los hombres que demostraron sobradamente en la Batalla de Girón lo que eran ya capaces de hacer con aquellas armas.

Muchos años más tarde, supe y comprobé hechos sobre los cuales, después de aquella afortunada aunque costosa victoria, no tuve oportunidad de conocer con adecuada precisión. En determinados aspectos la versión histórica no se ajustaba rigurosamente a los hechos.

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