Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Discursos | Nicolás Maduro | Opiniones

En las alianzas estratégicas reside la clave del surgimiento definitivo del mundo nuevo.

Ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías, Comandante Presidente de la República Bolivariana de Venezuela; ciudadano Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional; Diputados y Diputadas; ciudadana Gabriela Ramírez, Presidenta del Poder Ciudadano y Defensora del Pueblo; ciudadana Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República; ciudadana Adelina González, Contralora General (Encargada) de la República; ciudadano Elías Jaua Milano, Vicepresidente Ejecutivo de la República; señoras y señores; Embajadores, Agregados, Representantes de los gobiernos hermanos del mundo ante la República Bolivariana de Venezuela; queridos compañeros y compañeras de los movimientos y fuerzas políticas del Foro de Sao Paulo presentes en nuestra patria. (Aplausos).

Queridos alcaldes, gobernadores, voceras y voceros del Poder Popular, queridos compatriotas del pueblo que hoy acompañan esta jornada de los 201 años:

Estas reflexiones que hoy vamos a presentar aquí son el resultado de un proceso de construcción y de aprendizaje intenso de lo que ha sido el rescate de la raíz más profunda de una política nacional y de una política exterior profundamente comprometidas con la Independencia y con los ideales de nuestro Libertador Simón Bolívar, aprendizaje donde nosotros hemos tenido el privilegio de estar como alumnos del Comandante Hugo Chávez en su proceso de construcción y diseño de lo que hoy vamos a compartir en esta Sesión Especial. (Aplausos).

Hace 201 años Venezuela daba el paso de anunciar su Independencia con una Declaración oficial, un documento que en su contenido era la expresión del gran debate que se abrió en la sociedad venezolana de la época, sobre los caminos posibles a seguir, sobre el destino de la recién fundada República, de aquellas provincias unidas que formaron la llamada Confederación Americana de Venezuela.

Ya temprano, en este documento fundacional, nuestros padres fundadores marcaban con fuerza lo que con el tiempo el genio del Libertador desarrolló como cuerpo fundamental de ideas, como doctrina, lo que fue el sueño, el proyecto, la obra iniciada por los libertadores hace 200 años.

En primer lugar, por supuesto, una visión absoluta de la independencia que desde el primer momento concentra el independentismo y el anticolonialismo en su núcleo fundamental, pero que además contiene el germen del antiimperialismo.

Decían los padres fundadores en el Acta recién leída por el diputado Earle Herrera: “…como todos los Pueblos del Mundo, estamos libres y autorizados para no depender de otra autoridad que no sea la nuestra y tomar entre las Potencias de la Tierra, el puesto igual que el Ser Supremo y la naturaleza nos asignan ya que nos llama la sucesión de los acontecimientos humanos y nuestro propio bien y utilidad…” Y prosiguen en este documento fundacional diciendo: “Nosotros, pues, en nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus provincias unidas son, y deben ser desde hoy, más de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes, y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España, o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado Libre e Independiente, tiene el pleno poder para darse la forma de Gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus Pueblos…”.

A la lucha por la independencia se asoció aquella idea fundamental de que todo el colectivo humano que hizo vida en la llamada América, antes española, constituye un solo y mismo cuerpo, y que la tarea titánica de alcanzar la independencia solamente podría concretarse sobre la base de los profundos lazos de hermandad y unión entre las repúblicas que empezaban a surgir del proceso de emancipación de España.

El Acta del 5 de julio contiene el mandato de lo que hoy es la unidad latinoamericana y caribeña como tarea indisociable y necesaria para la gesta de la independencia al afirmar: “Mas nosotros, que nos gloriamos de fundar nuestro proceder en mejores principios, y que no queremos establecer nuestra felicidad sobre la desgracia de nuestros semejantes, miramos y declaramos como amigos nuestros, compañeros de nuestra suerte, y partícipes de nuestra felicidad, a los que unidos a nosotros por los vínculos de la sangre, la lengua y la religión, han sufrido los mismos males en el anterior orden;…”, llamándolos más adelante en el mismo documento del Acta de la Independencia “amigos, hermanos y compatriotas”.

Así, la patria que emerge del acto fundador del 5 de julio es la venezolana en la realidad, pero ya lleva en su espíritu la Nación de Repúblicas con la cual el Libertador formuló su doctrina de unión fundamental. (Aplausos).

“Unida con lazos que el cielo formó, la América toda existe en Nación” dice la última estrofa del Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. Hay que recordar que Gloria al Bravo Pueblo fue inicialmente una canción patriótica compuesta en el año 1810. ¿Qué expresan estos versos que parecen escritos el día de ayer? El sentimiento y la conciencia de la unidad nuestraamericana, la voluntad política de existir desde y más allá de las distintas formaciones nacionales como una sola nación, una Nación de Repúblicas, para decirlo una vez con Bolívar. Y si se trata de decirlo con Bolívar citemos simplemente un extracto de la Carta de Jamaica, 6 de septiembre de 1815, que es un manifiesto político impregnado de estos conceptos profundos. Bolívar: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse”.

Todavía hoy nos impresiona la sincronía espiritual de pensamiento que hubo entre los autores del Acta del 5 de julio y el pensamiento rector del Libertador, que guió toda la primera etapa de la lucha por la independencia en el siglo XIX. Esta formulación teórica tuvo una expresión concreta en las primeras décadas de esa intensa batalla que significó derrotar el poderoso imperio español en nuestras tierras; el Libertador concibió una sucesión de centros de poder integradores alrededor de tres grandes espacios geoestratégicos: El primero, la fundación de Colombia y la cohesión alrededor de un solo Gobierno en las provincias de Venezuela, Nueva Granada y Quito, en lo que hoy es Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador; como segundo espacio, de manera simultánea, obró por la consolidación de la independencia y confederación con Perú y la fundación en el corazón de Suramérica de esa gran República de Bolivia, que lleva su nombre y por siempre llevará su espíritu. (Aplausos).

Y el tercer eje de fuerzas, de grandes espacios geoestratégicos, fue la convocatoria al Congreso de Panamá con la intención expresa de unir en un solo gobierno y con pactos de protección mutua a todas las repúblicas ya independientes del imperio español.

Todo este proyecto se fue configurando sobre la base de principios sólidos, puros, transparentes, auténticos, originarios, nuestros; principios republicanos antimonárquicos, principios independentistas de clara vocación anticolonialista y antiimperialista, principios de unión y consolidación de nuestra región como un gran poder regional y mundial. Esos principios se conjugaron con una visión genial y completa que tenía el Libertador de los poderes y las corrientes más influyentes de su época, una acertada visión geoestratégica, global, del mundo, cuando aún no existían las herramientas tecnológicas que permitieran concentrar esa visión panorámica de la realidad.

El Libertador tuvo las riendas del pensamiento y de la acción de su época como constructor de Estados republicanos, como conductor de ejércitos unidos suramericanos y como creador de la gran doctrina capaz de hacer este mundo nuestro, un mundo de hombres y mujeres libres, respetados y verdaderamente humanos.

Si pensamos en la realización de los grandes objetivos de existencia de nuestra patria con imperios más agresivos y peligrosos que los que se conocieron en el pasado, solamente es posible concebir el alcanzar la felicidad social entendiendo y haciendo realidad, con la misma fuerza creadora y la misma energía de acción, la doctrina de nuestros fundadores llevada a su máxima expresión por el Libertador Simón Bolívar. Pero no en vano era el hombre de las dificultades y había fusionado –para decirlo con Gramsci– el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. La batalla política por la unidad era a largo plazo, pero por esta idea grandiosa valía la pena luchar como él lo hizo hasta el último aliento.

Su lúcida prédica unitaria fue constante a través del tiempo. Véase, por ejemplo, este fragmento de la carta que le dirige el 12 de junio de 1818 a Juan Martín de Pueyrredón desde Angostura a las orillas del Orinoco –como nos lo recuerda y cita permanentemente el Comandante Hugo Chávez– en pleno fragor de guerra en Venezuela, Bolívar es capaz de ver más allá. Bolívar: “Excelentísimo señor, cuando el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de su independencia o que circunstancias más favorables nos permitan comunicaciones más frecuentes y relaciones más estrechas, nosotros nos apresuraremos con el más vivo interés a entablar por nuestra parte el pacto americano, que formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente

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