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24 de febrero de 1895: Un sueño Postergado

El 24 de febrero de 1895 se reinicio la lucha armada por la independencia de Cuba, uno de los acontecimientos más importantes ocurridos a fines del siglo XIX, cuyo resultado fue el fin del colonialismo hispano en América y el Caribe y su control sobre los territorios asiáticos del pacífico: Filipinas, Guam y otras posesiones. Sirvió de escenario a la primera guerra imperialista y al debut a escala internacional del imperialismo norteamericano, dejando por saldo el traspaso de los territorios de las antiguas colonias al imperio emergente y el empleo de nuevas formas de dominio colonial.

La guerra fue la continuación del proceso revolucionario iniciado por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, en el ingenio Demajagua, región de Manzanillo, en el Departamento Oriental, que duró diez años (1868 – 1878); y culminó con la firma del Pacto del Zanjón y la Protesta de Baraguá, esta última protagonizada por el mayor general Antonio Maceo Grajales, el 15 de marzo de 1878. En los años 1879 – 1880 se produjo un infructuoso intento insurreccional, conocido como la Guerra Chiquita. Los resultados de ambas contiendas, los doce años de una larga, cruenta y devastadora guerra, aportaron a los revolucionarios cubanos experiencias positivas y negativas.

José Martí estudió con profundidad las causas y factores que propiciaron los reveses de los cubanos entre 1868 y 1880; trabajó ardua e intensamente para dar solución a los principales problemas que entonces se confrontaron y elaboró las concepciones político – estratégicas que sirvieron de base a la guerra de 1895. Fue el principal organizador de aquella contienda bélica.

A inicios de 1895 la situación económica de Cuba era en extremo delicada después de la Guerra Grande: se fabricaba el 18% de la producción mundial de azúcar, y más del 90% era vendida a los Estados Unidos. Los presupuestos eran siempre liquidados con déficit, cuya acumulación había creado una deuda pública de 100 millones de pesos hasta 1895. Más del 40% del presupuesto tenía que dedicarse a la amortización de esa deuda, la distribución del 60 % restante, el 36,6% era dedicado a cubrir los gastos de guerra, la marina, la guardia civil y la policía. A la instrucción pública sólo se dedicaba el 1.34%. El 76,3% de los habitantes eran analfabetos, en 1894, solamente el 10% de la población escolar recibía enseñanza del Estado. Más de 91 000 personas vivían de parásitos del Estado. Los cubanos no tenían acceso a los empleos públicos ni se podían dedicar al comercio.

Al estallar la guerra fungía como Capitán General y Gobernador Don Emilio Calleja e Isasi, quien contaba con un ejército regular de entre 15 000 – 16 000 efectivos, en marzo de 1895 fue reforzado con unos 8 302, con lo cual se elevó la cifra a unos 23 000 – 24 000, que sumados al Cuerpo de Voluntarios, la Guardia Civil y otras fuerzas paramilitares; representaban una correlación de fuerza a su favor de 6-7 a 1. Los efectivos insurrectos que se habían alzado en toda la Isla, se calculaban entre 3000 – 4000, muy mal armados y carentes de una adecuada organización y preparación militar. El general Calleja no pudo sofocar la insurrección en Oriente y fue sustituido en el mando por el general Arsenio Martínez Campos quien también fracasó a inicios de 1896. El general Valeriano Weyler tampoco pudo contener a los insurrectos cubanos, siendo sustituido por el general Ramón Blanco, que infructuosamente implantó un régimen autonómico a partir de enero de 1898. La guerra se prolongó cerca de tres y medio años, en los momentos de mayor tensión, por la parte española participaron 250 000 hombres de su ejército regular, dirigidos por más de 40 experimentados generales, cerca de 700 jefes y unos 6300 oficiales; así como el Cuerpo de Voluntarios, los guerrilleros, y otras tropas auxiliares al servicio de la metrópoli, calculados en más de 80 000 hombres.

El Ejército Libertador de Cuba fue estructurado mediante la Ley de Organización Militar aprobada por el Consejo de Gobierno de la República en Armas, el 1ro de diciembre de 1897, la Isla fue dividida en dos Departamentos Militares: Oriente y Occidente, delimitados por la Trocha de Júcaro a Morón. Cada uno de ellos contó con tres cuerpos de ejército. Al Departamento Oriental correspondieron el primer, segundo y tercer cuerpos; en su composición se incluyeron ocho divisiones, 17 brigadas y 39 regimientos (8 de caballería y 31 de infantería). Al Departamento Occidental correspondieron el cuarto, quinto y sexto cuerpo de ejércitos, con seis divisiones, 17 brigadas y 45 regimientos (27 de infantería y 18 de caballería). En total se dispuso de seis cuerpos de ejércitos, 14 divisiones, 34 brigadas y 84 regimientos (58 de infantería y 26 de caballería) y un total de efectivos calculados entre 40 000 – 50 000. Según el historiador cubano Enrique Collazo, general del Ejército Libertador, fueron 45 031 hombres.

La guerra de independencia de Cuba de 1895 – 1898 a diferencia de las anteriores se extendió de un extremo a otro de la isla. Los efectos devastadores y rigores de la misma afectaron a todos los territorios. En la parte occidental, que incluía las provincias de Las Villas, Matanzas, La Habana y Pinar del Río, se concentraba el 74 por ciento de la población y el 80 por ciento de las riquezas del país. El impacto de la reconcentración en la población y la economía fue terrible, más de 200 000 personas, en su mayoría niños, ancianos y mujeres murieron a consecuencia de la misma. La base económica que sustentaba el mantenimiento del régimen colonial, quedó desarticulada, la producción del azúcar, el tabaco y otros productos agrícolas fue destruida. La producción de azúcar fue reducida de poco más de un millón de toneladas en 1894 a menos de un cuarto de millón en 1898, la isla estaba arruinada y endeudada, el costo material y humano resultaba insostenible para la metrópoli española, había sido agotado hasta el último hombre y la última peseta.

La correlación de fuerzas siempre fue favorable en más de 10 a 1 al Ejército Español, era un ejército regular, mejor armado, equipado, entrenado, con un sistema de aseguramiento logístico, dirigido por generales y oficiales de academias, con experiencia, y el respaldo de su metrópoli. Contaba además con el apoyo de la armada, más de 50 buques de diferentes destino y designación. Llego a alcanzar los 250 000 efectivos regulares, que sumados los voluntarios y guerrilleros sobrepasaban los 300 000 hombres. Sin embargo, ese ejército no fue capaz de liquidar la insurrección y someter a su voluntad a los cubanos. Las constante y sistemáticas acciones combativas, las largas y continuas campañas y forzadas marchas, los rigores del clima tropical y las enfermedades, golpearon sensiblemente y diezmaron sus nutridas filas, causándoles no menos de 40 000 muertos. La guerra de Cuba fue desangrando poco a poco a España. Las bajas de su ejército regular aumentaban por año y las consecuencias que para sus jóvenes reclutas conllevaban los rigores de un clima tropical, extremadamente caluroso y húmedo, al cual no estaban adaptados, diezmaba día a día sus filas provocando continuas epidemias y enfermedades que convirtieron la pequeña Isla en almacén de enfermos y cementerio para unos cuantos miles de soldados.

El Ejército Libertador de Cuba de 1895 a 1898 fue superior en más de cinco veces al del periodo de 1868 – 1878 (7 000 x 40 000), aprovechó a su favor la experiencia de la pasada guerra, contó con mayor cantidad de armas y municiones, logró desplegar una estructura y organización militar más amplia y flexible, el sistema de organización civil fue un complemento de la misma. Adoptó una táctica de lucha armada más flexible para enfrentar a un enemigo superior en número, mejor armado y equipado, empleo a su favor las características del terreno y las condiciones del clima para fatigar y enfermar al adversario. Logró importantes e indiscutibles victorias militares sobre el adversario: La invasión de oriente a occidente, la contramarcha estratégica, los combates de Mal Tiempo, Calimete, Coliseo, la toma de Guáimaro, las Tunas y Guisa por Calixto García. Las campañas de La Circular, La Lanzadera y la Reforma por el general Máximo Gómez. Los combates de Maceo en Pinar del Río: Taironas, Ceja del Negro, Peleadero de Tapia y otros. También sufrieron algunos costosos reveses: Dos Ríos, Loma del Gato, Paso de las Damas, La Jaima, San Pedro, El Guamo y otros.

Ha transcurrido más de una centuria de aquellos acontecimientos que atrajeron la atención internacional. El triunfo de las armas cubanas y la aspiración a lograr la independencia no resultó posible por aquella intervención oportunista y solapada de Estados Unidos en ese conflicto, en momentos en que la situación política, económica y militar inclinaba la balanza a favor de los patriotas cubanos. Nada justifica la intervención militar yanqui, salvo el hecho, posteriormente confirmado por la historia, de sus pretensiones de apoderarse de Cuba, como hicieron con Puerto Rico. En el caso de Cuba, no lo lograron gracias a la existencia, entre otras cosas, del Ejército Libertador, que había combatido durante casi 30 años por la independencia nacional.

La historia, los historiadores y los propios gobernantes estadounidenses se han encargado de demostrar la realidad a lo largo de más de una centuria: España, resultó derrotada en su injusto propósito de mantener a toda costa su dominio colonial sobre la Isla, que se extendió a cuatrocientos años de expoliación de sus principales riquezas. Los patriotas cubanos, durante más de treinta años lucharon justamente por lograr su independencia del colonialismo hispano, el desenlace final del conflicto fue la frustración y postergación de sus verdaderos ideales independentistas. Estados Unidos, emergió como nueva potencia en el siglo XX, de manera engañosa y oportunista invadieron a Cuba y se introdujeron en el conflicto con el objetivo de apoderarse de la isla, para continuar expoliando sus riquezas. Sus verdaderos propósitos fueron hegemonistas, expansionistas e imperialistas.

Autor: Raúl Izquierdo Canosa. Doctor en Ciencias e investigador titular. Presidente del Instituto de Historia y la Unión de Historiadores de Cuba.

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