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Ante las velas encendidas, un único deseo

En el hogar que lo espera, Ramón está en todas partes. Foto: Ismael Francisco

En el hogar que lo espera, Ramón está en todas partes. Foto: Ismael Francisco

mi estrategia es en cambio más profunda y más simple…

Desde finales de mayo, Elizabeth Palmeiro busca una manera de sorprender a su esposo. Junio, por partida doble, es de esos meses en que la necesidad se ensancha, en que Ramón les hace aún más falta a sus cuatro mujeres, su esposa y sus tres hijas, Ailí, Laura y Lizbeth.

El 2 de junio, Ramón Labañino y Elizabeth cumplieron 24 años de casados y el 9, este lunes, el gigante está de cumpleaños. Cincuenta y uno, otra vez en prisión. En días señalados pesa doble la ausencia, las ganas infinitas del regreso a casa.

Las dinámicas de casi 16 años de injusto encierro no logran que las mariposas pierdan el rumbo. Ellas tienen un GPS especial para burlar todos los encierros, y volar largas distancias. Ellas hacen el viaje y aletean tan fuerte como pueden en los estómagos de los enamorados, no importa dónde estén. Por eso no es raro que a Elizabeth, 24 años después de casarse con Ramón, su «Papo», le brille el rostro como una adolescente y se invente nuevas maneras de hacerle saber sus sentimientos más allá de lo que demuestra la lucha diaria con lo que podría ser suficiente. Las mariposas siguen allí y los inspiran.

Este junio de 2014 a la esposa le pareció perfecto volver al primer poema que se dedicaron cuando eran novios. Táctica y Estrategia, de Mario Benedetti.

«Él me lo dio impreso con unas letras muy dibujadas… en 1990, cuando las computadoras eran de palo», recuerda ella. Esos versos les recordaban un pacto. No dijo más.

«Se lo voy a mandar a mi amor en vísperas de nuestro aniversario», y la certeza de los ojos achinados de Ramón leyendo, precisamente ese poema, nos lleva a imaginar su rostro noble, esos sentimientos que aún deben contenerse; sus ganas de abrazar fuerte a su «Nana», para repetirle al oído ese «me encantas» sempiterno.

Saberse amado lo ha sostenido en la inmerecida cárcel y en las horas más difíciles de estos años, así ha sido para los Cinco. El hijo de Nena, en su 51 cumpleaños, volverá a recibir toda clase de mimos. Elizabeth se habrá buscado otra manera de acariciarlo y él allá sentirá el recorrido de sus manos como hace unos días. Ailí, Laura y Lizbeth harán lo suyo para obsequiar a su padre. Nada impedirá esa felicidad interior de Ramón, los planes para cuando pueda celebrar en casa.

«Yo siempre estoy pensando algo, inventando algo; sueño con cosas…», dice Elizabeth.

Ni siquiera esa sensación de ahogo, cuando la realidad se presenta aplastando las sonrisas, impide que lo mejor de ellos y de sus familias fluya como manantial inagotable. Entonces se llenan de orgullo, sacan el extra de coraje y se les ve con ese semblante distendido que los carceleros no comprenden.

En general, Gerardo, Tony, Ramón, en su momento René y Fernando, piden no sacar cuentas, pero a veces las fechas señaladas, como avalancha incontenible llevan a los números. Hubo dos momentos durante el diálogo con René González, para un libro que saldrá próximamente, en que su voz se escuchó con un leve temblor y sus ojos fueron más transparentes: Cuando habló de la actitud de su hermano Gerardo y cuando compartió el hondo dolor que significó para él salir solo de la prisión, después de 15 años de sentencia, y saber que para Ramón era comenzar a cumplir esos mismos largos años. Él está condenado a 30 años.

Cuando Cuba entera amaneció de amarillo por los Cinco, el día que se cumplieron 15 años del encarcelamiento, Elizabeth le pasó el teléfono a René y fue posible asistir al diálogo de un hombre feliz de saberse menos preso en la piel de su hermano. Ahora, con la llegada de Fernando mucho más, aunque ello significa lo contrario para los dos que cumplieron íntegramente sus injustas condenas.

En cualquier caso, ni en el más hostil de los escenarios uno puede imaginar a Ramón amaneciendo a su cumpleaños abatido y menos después de las recientes emociones de aniversario. Buscará llamar, hablar con sus mujeres, le llegarán cartas y mensajes de lejanas latitudes. Como Elizabeth, como él, si estuviera frente a las velas encendidas de un cake, millones de seres humanos pediríamos lo que su amada.

«El año que viene son las bodas de plata y espero que la pasemos juntos, ese es mi sueño».

Tomado de Juventud Rebelde

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