Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Hugo Chávez Frías | Noticias

Chávez con toda la fuerza de su pueblo

Igual que el pueblo bravo le está dando total apoyo y solidaridad, junto a un amor inmenso al Comandante Chávez, y su gobierno llama a la unidad y al trabajo como un solo puño en alto, algunas fuerzas que lo adversan rezuman odio enfermizo y lo exteriorizan en comentarios publicados por una prensa donde la ética es la gran ausente.

Como hienas carroñeras, unos dan sus dentelladas y otros intentan introducir la división en las filas revolucionarias, y la incertidumbre en el resto del pueblo, aludiendo a supuestas fuentes en la dirección del PSUV. Golpes bajos de oportunistas, a los que el pueblo les dice «zamuros*, se van a quedar con las ganas- Con Chávez hasta el dos-mil-siempre».

Porque la lealtad, la fidelidad, la esperanza y la fe de un pueblo amoroso es fuerza mayor que desbordan en quien les ha dado todo su amor. Ante esa muralla de acompañamiento del pueblo se estrellará tanta ignominia. Eso lo vimos este viernes 1 de julio, cuando iniciaban la celebración del gran Bicentenario, la fiesta de pueblo orgulloso de su historia…

En el 23 de Enero caraqueño, siempre leal y combativo, donde los niños y niñas del Simoncito trajeron la representación de una época de rebeldía que aún continúa –hoy más que nunca-, estaban orgullosos en su uniforme verde oliva los batallones territoriales de milicia de ese barrio caraqueño, los de Altagracia, Candelaria y Santa Teresa; las mujeres siempre batalladoras; los artistas del pueblo; los Colectivos Montaraz, José Leonardo Chirino, La Piedrita, Resistencia Tupamaros, Fundación de Defensa Social e Integral, Farabundo Martí; los cadetes de la segunda compañía; y los estudiantes de la Misión Robinson –que además celebraban el 8vo. Aniversario de esa ventana que les abrió la luz de las letras-, de la Ribas y de la Sucre.

«Nos dio una lección de vida», afirmaba el vecindario en la calle, como un todo, enarbolando las banderas tricolor de Venezuela y de Cuba, junto a rojinegras y rojas rojitas, y escuchando la palabra comprometida y orientadora de quienes desde el PSUV, el equipo ministerial del Presidente, y la Asamblea Nacional – estaba el ministro Héctor Rodríguez y también Erika Farías- les acompañaron en esta mañana que comenzó con las plegarias de la fe religiosa y continuó con una marcha de firmeza y combate desde el bloque 7 hasta el 12, por un barrio que siempre ha estado dispuesto a defender a su Comandante, ¿acaso no fueron los primeros que bajaron de los cerros hasta Miraflores aquel glorioso 13 de abril?.

Ahora reeditan el río de amor y solidaridad, cristalino y refrescante, frente a la corriente de la vergüenza que arrastra las miasmas de las aguas imperiales.

Recorrer Caracas –como sabemos que resulta igual en todo el territorio venezolano- es topar con el pueblo bravo; así, cuando avanzamos por el popular barrio de Caño Amarillo, una brigada de la Misión Ribas, encabezada por Samil Arias, coordinador del Eje No. 2, va dejando en rojo y negro un mural con la frase que recorre como pólvora el país: Pa’lante Comandante.

«Le metimos galope en el 99 con todo y las argucias que hicieron y lo llevamos a Miraflores, los derrotamos en el golpe de abril de 2002 y en el paro petrolero guiado por la CIA, y ahora saldremos airosos con él, como en todas las batallas, y en esta tiene al lado el apoyo del Comandante Fidel. Miren, sabemos que está muy bien cuidado en Cuba, y como el Che decía que agradecer era una mierda, no lo agradecemos, lo reconocemos, y allí está bajo la supervisión médica del Comandante mayor, de Fidel.

«Comandante, escuche, su pueblo está entregado, dispuesto a dedicar tres veces más de tiempo a la Revolución; no es tiempo de tristeza, sino de trabajo y lucha».

Y de tiempo también habló aquella jovencita en la Plaza Bolívar, la próxima parada en este recorrido por el amor y la firmeza, mientras estampaba su mensaje y su firma en un enorme pliego de papel que recogía a todo lo largo frases y firmas: «Que se quede todo el tiempo que amerita para recuperarse y seguir fortalecimiento su espíritu, porque muchas batallas hay que dar y junto con el Libertador ascender a la cima del Chimborazo».

Y ante la televisión la recomendación tierna y protectora: «Para que nadie te haga daño, que Dios te proteja, recibe todas las bendiciones de una abuela que te aprecia, chao mi amor». El hombre joven no se avergüenza de que se le raje la voz: «Un presidente como él no hay, te quiero mucho Presidente».

La valiente mujer venezolana dice: «Todo el amor a nuestro Comandante, estamos aquí esperándolo y sabemos que va a llegar más fortalecido, nos ha informado con coraje y es un coraje que le llega del amor a su pueblo. Y nosotros estamos aquí contigo, aquí está tu pueblo y un gobierno revolucionario que ha asumido todas las tareas».

No se conocen entre sí, pero una de aquellas mujeres levanta sus brazos e invita a la plegaria y le siguen otras y otros. Piden por la salud «dale Dios toda la fuerza de nosotros, su pueblo, que no desmaye, porque lo estamos esperando con amor. Bendígalo, y bendiga al Comandante Fidel, y a Cuba y a Venezuela».

La voz del pueblo venezolano se desplaza por la calle, de plaza en plaza, con ganas y ánimo de seguir adelante. En la esquina caliente de la Bolívar, sentados bajo el toldo habitual, ven y escuchan atentamente la reunión de su Presidente -«gobernando como él sabe hacerlo» comenta una señora-que transmite la televisión. Christian, el chofer, emocionado dice, «así, ese es mi Comandante de siempre».

Unos reflexionan: «hay que estudiar su mensaje, nos dijo mucho y hay que hacerlo, que tome el reposo necesario, lo necesitamos, porque es nuestro guía y motor. Que Dios te proteja y acompañe siempre».

Un anciano, con la sabiduría que le da la edad, trasmite lo que recoge como la gran enseñanza: «Ha hecho un milagro, el del ecumenismo, porque han venido de todos lados, y muchos rezan: católicos, cristianos, yo soy evangélico, musulmanes, hebreos y los de changó y yemayá, y todos dicen lo mismo «voy a rezar porque el Comandante se recupere». La gran lección es amor y unidad. Esta es una batalla más que vamos a vencer. Comandante, olvídese de los escuálidos, deje que ladren, que aquí los mantenemos a raya».

Y por el río de amor, de lucha y de trabajo, también navegan los colaboradores cubanos. En cada brigada de cada Misión –médicos, educadores, los de la agroalimentaria y la cultura- el compromiso redoblado de seguir sirviendo y acompañando al pueblo de Bolívar y de Chávez, porque somos el pueblo de Martí y de Fidel

Juana Carrasco

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