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Como el último día de la vida

Entrenados por los profesores cubanos, los pugilistas quieren imitar al minimosca Francisco, «Morochito», Rodríguez, que en 1968 se convirtió en el primer campeón olímpico en la historia de Venezuela. Autor: Yaimí Ravelo

Entrenados por los profesores cubanos, los pugilistas quieren imitar al minimosca Francisco, «Morochito», Rodríguez, que en 1968 se convirtió en el primer campeón olímpico en la historia de Venezuela.
Autor: Yaimí Ravelo

Osviel Castro Medel

SAN CRISTÓBAL, Táchira, Venezuela.— Los reconocimos apenas llegamos. No cesaban de dar orientaciones enérgicas que, si se acatan con sabiduría, un día podrán saber a victoria.

Eran Raúl González, subcampeón olímpico de los 51 kilos en el ring de Barcelona (1992), y Gerardo Deroncelet, también ex integrante de la selección cubana de boxeo. No muy lejos de ellos otros dos entrenadores de la Mayor de las Antillas, Ismael Navarro y Santiago Suárez, daban instrucciones con cátedra, aunque sin perder el acento pedagógico.

«Tira, la finta, izquierda, gancho, desplázate… eso es, vamos». Sus pupilos, chorreados de sudor, obedecían con gusto. Y hasta parecían disfrutar el rigor del entrenamiento.

Uno de ellos, Melbin Hernández Martínez, de 15 años y natural de Valles del Tuy (en el estado de Miranda), nos explicó algunas razones: «Es que a ellos les gusta que nos preparemos como si fuera el último día de la vida. Y los entendemos, eso es lo que debemos hacer si queremos superarnos y llegar a ser medallistas olímpicos. Claro, también nos corrigen la técnica; yo mismo, que fui campeón infantil y junior, peleaba muy parado. Ya cambié mi estilo».

Melbin no es el único que sueña en grande dentro de las instalaciones de la Unidad Educativa Bolivariana Talento Deportivo Nacional (UEBTDN) Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, único centro de su tipo en Venezuela. Como él, otros 163 alumnos que se forman allí se imaginan representando los colores de su país en los Juegos Olímpicos de 2020 y 2024… y ganando medallas.

Casi todos ya estuvieron en Cuba; unos preparándose antes de su llegada a la escuela, otros compitiendo en los últimos Juegos Escolares Nacionales. Les pareció estupendo el viaje, sobre todo porque, viendo a sus rivales-hermanos, comprendieron que la ruta de las ilusiones estará colmada de abnegación y hábitos de disciplina.

Algo distinto

La UEBTDN, inaugurada en noviembre de 2012 por el entonces ministro del Poder Popular para el Deporte, Héctor Rodríguez, cuenta con 17 entrenadores cubanos y seis venezolanos, encargados de pulir el talento de muchachos de entre 12 y 16 años que representarán a la tierra de Bolívar en la alta competencia en años venideros.

La inversión inicial del Gobierno para la apertura fue, según la Agencia Venezolana de Noticias, de más de 13 millones de bolívares.

Los adolescentes fueron seleccionados después de una rigurosa captación en los 23 estados del país más el Distrito Capital. Por eso allí deben concentrarse los mejores atletas de la nación con esas edades en las disciplinas de judo, lucha, taekwondo, esgrima, ciclismo, boxeo, atletismo y levantamiento de pesas.

«No hemos traído aquí todos los deportes, sino aquellos en los que Venezuela tiene mayores potencialidades, aunque en el futuro la escuela va a crecer. Se escogió este lugar por la altitud, superior a los 800 metros sobre el nivel del mar», nos explica el venezolano Víctor Sánchez, subdirector del centro.

En su criterio, sin el apoyo de Cuba un proyecto como este no hubiera podido tomar vuelo. «No solo se trata de los elevados conocimientos de sus profesores, hay que apreciar también su nivel de entrega y de trabajo, la manera en que se adaptan a las situaciones más difíciles».

La escuela, además de esos avezados especialistas, posee un equipo de médicos, fisiatras y psicólogos (17 personas en total) y un claustro de 28 docentes para que los atletas se vayan formando como verdaderos campeones.

«Recibirán una preparación integral durante cinco años, que les permita, al concluir los estudios, egresar con títulos de técnicos en el deporte», acota Víctor.

Salto olímpico

El villaclareño Daniel Águila Guerra, entrenador de taekwondo y quien cumple su tercera misión internacionalista en la patria de Chávez, es de los que cree que Venezuela pudiera dar un salto en los próximos ciclos olímpicos.

«No solo tienen los recursos; los deportistas en formación muestran mucha voluntad, motivación y deseos de superarse. Y creo que este proyecto en específico va a empezar a dar resultados en breve».

Lo dice afincado en sus 33 años de experiencia y en sus anteriores resultados como entrenador de la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) de Villa Clara, Héctor Ruiz.

Algo similar piensa la entrenadora Aristea Goulet Bombús, quien se desempeñaba como comisionada provincial de Esgrima en la provincia de Guantánamo y ahora asume la preparación de un prometedor grupo de competidores de las tres armas: sable, florete y espada.

«Solo llevamos unos meses funcionando y ya se comienzan a ver los resultados. Tenemos atletas que participaron en competencias regionales, incluso de categorías superiores, y regresaron con medallas».

Sin duda, en ese deporte los venezolanos tienen un referente especial: el espadista Rubén Limardo, campeón olímpico de Londres 2012 y subcampeón mundial de Budapest 2013. Al menos, en nuestra visita a la escuela de Táchira todos los jóvenes esgrimistas entrevistados —María García, Luisa Salazar, Ivannis Campos, Luis Mérida y Milagros Pinilla— nos hablaron de él como ídolo y patrón a imitar.

Con la fuerza de estela

No son fáciles los rigores de cualquier escuela interna. Así lo comenta el santiaguero Roberto Barreiro, asesor de la dirección, quien acota que, como los muchachos van contadas veces a sus hogares en el curso, resulta muy importante el trabajo de los psicólogos, unido al afecto de los entrenadores.

Aparentemente todos los atletas están conscientes de eso. Pero, como señala la judoca de 15 años Karley Verenzuela, «todo es sacrificio y solo con sacrificio se obtienen cosas grandes en la vida».

Ella, que compite en la división de los 40 kilogramos, siente orgullo por venir de Barinas, «la tierra del Comandante Chávez», y confiesa que de vez en cuando añora de un modo irresistible la casa y los suyos; mas, se acuerda de los objetivos que se trazó en su camino. «Yo quiero ser como Estela (la subcampeona olímpica de Barcelona 92 y Atlanta 96), no había nacido cuando compitió, pero la he visto en videos», nos comenta con seriedad.

«Tengo el apoyo constante de mis entrenadores, los cubanos Jorge Luis Mencía y Eduardo Pérez, y la profesora venezolana Mayra Yáñez. Y tengo, por supuesto, el apoyo incondicional de mi familia. Con ellos y con el favor de Dios yo voy a estar en unos Juegos Olímpicos y voy a hacerlo con la misma fuerza de Estela Rodríguez».

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