Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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Con Cuba al hombro en tierras de Venezuela

Medicos cubanos en Venezuela

LOS TAQUES, Falcón.–Vaya usted a saber la distancia exacta que hay entre este punto venezolano de la península de Paraguaná y la tierra vueltabajera, pero en un diálogo con el joven Omar González Díaz, jefe de laboratorio clínico del Centro de Diagnóstico Integral (CDI) Francisco de Miranda, Pinar del Río fue presencia permanente.

«Para mí ha sido agradable conocer Venezuela. Es bueno venir acá, con la formación que nos dio nuestra patria, y brindarles nuestros servicios a los venezolanos, que tanto lo necesitan y no tienen recursos para pagarlos. Es una gran experiencia», asegura.

Omar tiene 26 años y nunca había salido de El Retiro, un lugar conocido como Barrigona, en el municipio de San Luis. En un paisaje de privilegio, su casa está rodeada de tabaco y animales que el laboratorista extraña en el mismo cuadro de amores de su familia.

«Aceptar esta misión fue complicado: por un lado dejaba a mis padres, que están enfermos, pero por otro sabía que debemos cumplir. Nos formaron para eso, para ayudar a otros», explica.

–Un joven de campo, como usted, extrañará la especial tierra pinareña…

–En enero fui a la patria por problemas personales y cuando llegué a Pinar del Río fue muy grande. Yo he sembrado tabaco, pelado cujes, arreglado casas de cura… he hecho de todo, como un guajiro, porque mi padre me enseñó a trabajar, a luchar la vida con honor, sin maltratar a nadie. Como a mi familia, extraño todo ese ambiente de Pinar.

El periodista, un guajiro distinto, de las llanuras vaqueras de El Camagüey, se actualiza con su entrevistado: «Ahora en Pinar está terminando la zafra de tabaco del año, todo está bien por allá».

–Muchos jóvenes han dejado su vida, sus cosas en Cuba, por un tiempo, ¿qué piensa de esos que están aquí?

–Que somos conscientes de la tarea que nos dieron. No hay otra idea que cumplir, ese es el camino de hacerse ejemplo. Te mandaron de Cuba, pero la misión hay que volvérsela a ganar aquí. Todos los días.

CON UN TOQUE DE AMOR

Quien ve la pose de la santiaguera Virgen Manela Hurtado Isaac en su consulta  del CDI Josefa Camejo, en Pueblo Nuevo, estado de Falcón, vacilaría en creer que esta muchacha tiene apenas 24 años y que cumple su primera misión internacionalista como diplomante en fisiatría. Así de segura como la vio el reportero, dicen hallarla sus muchos pacientes.

–Vaya estreno laboral, ¡en Venezuela…!

–Cuando me gradué sabía que vendría; fue rapidito y aquí estoy. Nunca me había separado de mi familia y me tocó hacerlo en una situación difícil de Venezuela. No estoy acostumbrada a la soledad, la comunicación en los dos sentidos es difícil, pero se vence, sostiene decidida.

¿Cuáles defensas tiene para el choque?

–Mucha calma y la ayuda de mis compañeros, que me apoyan desde que llegué y me inculcan que poco a poco todo se resuelve. Y tengo el trabajo, mucho trabajo; entregarme a los pacientes me distrae.

¿Qué sensación le da verse en el centro de una ayuda internacional, a su edad y aún en formación?

–Imagínese que con mi edad muchas personas ni siquiera trabajan. Ser médico y estar en una misión es algo grandioso, y más si cumplo a la vez mi sueño de conocer otro país, otra cultura; no como turista, pero lo conozco trabajando.

 Medico cubano en Venezuela
El joven Omar González Díaz extraña las vegas de Pinar, pero está firme en su laboratorio venezolano. Foto: Enrique Milanés León

–Salvo excepciones, el turista no tiene la satisfacción de curar…

–¡Eso mismo! Tengo ventajas sobre un turista porque como médico puedo hacer que un paciente vuelva a caminar. El turista no podría. He tenido muchos casos así, de pacientes que estaban en sillas de ruedas y hoy caminan, con andaderas y hasta sin ellas. Por esas cosas me hice médico.

–Toda especialidad médica es hermosa, ¿por qué usted se ha enamorado de esta área?

–Realmente yo quería venir como diplomante en terapia intensiva, pero tuve a mi bebé, lo que me robaba mucho tiempo; no pude hacer ese diplomado y me decidí por el de fisiatría. Ahora me encanta lo que hago, porque tengo bastante contacto con el paciente. Si no hay calmantes, con terapias les aliviamos el dolor, y nos agradecen mucho.

Esta disciplina destaca por ese contacto, ¿qué tan hondo toca un médico a un paciente?

–Cuando los tocamos nos empapamos más de qué tiene realmente y no necesitamos tantos exámenes para un diagnóstico. El buen examen físico es todo. Los fisiatras tocamos a diario. La mejor medicina siempre será el trato: cuando tocamos al paciente de manera delicada, le hablamos, se calma y siente menos dolor. El toque es muy importante en mi especialidad.

–Usted tiene un bebé de dos años, Ronaldo Luis. Cuando vuelva a casa, él estará por entrar a la escuela. ¿Qué valores quisiera que él adquiriera?

–Ojalá sea un niño de bien, honrado, obediente –porque está fortísimo–, y que se haga médico como yo. Yo creo que, a la larga, esta misión ayudará a formarlo. En este país las personas son humildes, agradecidas y voy a darle esas lecciones a mi hijo. Quiero sea una persona sincera, que ayude sin esperar nada a cambio.

–Su sueño en Venezuela es…

–En primer lugar, que mis pacientes se lleven una buena imagen de mí, que el mayor por ciento de ellos se mejore o se cure. Aspiro a terminar mis tres años lo más tranquila posible y reunirme de nuevo con mi familia.

–¿Tiene idea de que cuando atiende lleva el peso de una Isla?

–Sí, pero no siento presión. Siempre me preguntan cómo es Cuba y les cuento de mi tierra, de mi familia. Me siento orgullosa de representar a mi país; eso es algo que les repito. También les recomiendo que nos visiten tan pronto puedan. Siempre defiendo ese orgullo».

¿Y si un día alguno le pregunta qué cosa es Chago…?

La joven doctora rompe el protocolo: ríe con la alegría caliente de su tierra: «¡Ah… Chago es la representación de mi Santiago. A mí me encantan los chaguitos!». Así la dejo, lista para otra consulta, radiante en un CDI al que médicos cubanos llegaron a espantar dolores.

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