Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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Convenio Cuba-Venezuela en salud

Medicos cubanos

Roger Capella Mateo

El viernes 1 de julio despegaba en el vuelo del Convenio Cuba-Venezuela, que casi cada viernes translada a La Habana a setenta, ochenta o más pacientes, muchos de ellos con sus acompañantes. Son pacientes afectados por diversas patologías, desahusiados o imposibilitados para resolver los problemas que comprometen su salud en nuestra patria, la República Bolivariana de Venezuela.

Allá, en La Pradera, en Bello Caribe o en cualquier otro hospital o residencia en salud se ecuentran numerosos compatriotas cuyas esperanzas de recuperar la salud, de mejorar su calidad de vida y prolongar su existencia están cifradas en la medicina cubana, en especial en la solidaridad infinita con la que atienden a cada paciente y a su familiar, y el amor forma parte de todo el proceso de recuperación.

Un paciente que parecía conocerme me preguntó por qué yo, siendo médico –ex ministro de Salud–, estaba en Cuba tratando mi problema, que por qué no me había operado en Venezuela. Le expliqué que sí me operé en Caracas, pero infelizmente no funcionó. Pero además viajaba a La Habana no por ser ex ministro, ni por ser médico, sino porque desde el año 59 he sido militante de la Revolución, y un vehemente admirador de la Revolución Cubana, de su líder e inspirador, el más lúcido, humano, rebelde y combativo Comandante Fidel Castro. Por la cantidad de amigos y compañeros que desde hace décadas tengo en ese cálido y hermoso país. Y, por supuesto, porque confío, creo absolutamente en la medicina que ha desarrollado la Revolución en Cuba.

Un “ah…” y un “mmm…” prolongados fueron la respuesta. Pero después agregó: “La verdad es que yo llegué renco y fíjese, ya estoy caminando fino. También he visto la cantidad de carajitos tuyiítos, que vienen con esas mamás con los ojos aguaos y a los días las veo reir y más de un chamito comiendo solo. Hay quien dice que aquí hacen milagros”. Pensé (no lo dije) que hacer una revolución socialista, resistir 50 años de bloqueo económico, de permanentes sabotajes, decenas de intentos de magnicidio, hacer a un pueblo solidario, digno y soberano, es un verdadero milagro. Nos despedimos amablemente.

Continué mi caminata por los jardines de La Pradera, pensando en la conversación y en aquel año 2004, cuando arrancó Barrio Adentro, impulsado por dos gigantes de la Revolución en el mundo, Fidel y Chávez. Primera experiencia en el mundo en que un sistema de salud se desarrolla por la demanda de la sociedad y no por la imposición del Estado.

Recordé una frase de Simón Rodriguez: “En cada pueblo hay un ser que enciende una luz, el maestro, y otro que la apaga, el cura”. En este caso, la luz la llevaba el médico cubano de Barrio Adentro.

Nuestra gente se fue llevando a los médicos cubanos a cada barrio donde nunca habían visto a un médico caminar esas calles empinadas. Recordé una frase de Simón Rodriguez: “En cada pueblo hay un ser que enciende una luz, el maestro, y otro que la apaga, el cura”. En este caso, la luz la llevaba el médico cubano de Barrio Adentro.

Y la pretendía apagar la escuálida oposición con una diarrea de críticas que obviamente no comento. Basta señalar que en este momento están formándose en Cuba talentos en el área de salud de 112 países del mundo. Y hay médicos cubanos prestando sus servicios en 62 países. Basta señalar que Barrio Adentro significa una casi increíble inclusión social en materia de salud y que nos ayudó a alcanzar algunas de las Metas del Milenio.

El Convenio Cuba-Venezuela ha recibido más de 65.000 pacientes, con sus consiguientes acompañantes. Quizás muchos venezolanos no saben que es producto de la solidaridad cubana. Cuando Fidel y Chávez se dispusieron a suscribir el acuerdo, Fidel le expresó: “Esto será una expresión de nuestra solidaridad. Esto no le costará ni un peso a la Revolución Bolivariana”.

Y la verdad es que esa solidaridad no es porque les sobre nada, sino porque comparten lo que tienen. Porque forma parte de la ética y la moral de una Revolución. Recordé un frase de mi Presidente eterno, Hugo Chávez, cuando dijo que “la solidaridad no puede ser un discurso, debe ser una práctica cotidiana”.

Estuve un mes en La Habana, en La Pradera, institución que magníficamente dirige el doctor Pedro Llerena, un excelente y talentoso equipo de salud, trabajadores gastronómicos, todos los trabajadores que garantizan que funcione esta gran y compleja institución perfectamente, con amor, con humanidad, con solidaridad. Fui operado en el Hospital Luis de la Puerta Usea. Extraordinario.

Por supuesto que tengo una gratitud infinita con la Revolución cubana, con su valiosísimo pueblo, con su equipo de salud, con las amigas y compañeras, amigos y compañeros de La Pradera, del Hospital Luis de la Puerta Usea, el Cira Garcia, el CIMEQ. Mi gratitud a los compañeros y compañeras que coordinan el Convenio en Caracas, excelentemente dirigido por Jhonny Ramos y mi gratitud a los compañeros de la misión diplomática cubana.

Aunque resulte una perogrullada, debo decir que esta expresión de la solidaridad revolucionaria es, sencillamente, absolutamente impensable en la Cuarta República.

Por ello sentí una gran alegría cuando oí decir a mi presidente Nicolás Maduro que se abre una casa de solidaridad para recibir a niños palestinos, víctimas del holocausto de Gaza.

Roger Capella Mateo, ex Ministro de Salud de Venezuela

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