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De Cuba me llevo todo

ELAM

Tener una carrera universitaria siempre fue el sueño de la hondureña Caroll Yadira Alvarado, aunque a ciencia cierta no pensó nunca tener la oportunidad de llegar a hacerlo. Cuenta que el día que sus padres le regalaron una máquina de coser como su única alternativa “lloró demasiado” y salió de su casa a buscar un trabajo de medio tiempo que le permitiera terminar sus estudios de bachillerato.

Con el empeño logró obtener varias propuestas de becas. Se debatía entre cursar arquitectura en Costa Rica o Medicina en Cuba, pero finalmente la balanza se inclinó por la segunda opción. Argumenta que en esa decisión influyó aquel episodio donde su hermano pequeño enfermó de una afección hepática.

“Yo lo vi casi morir en las manos de mi mamá, hasta que mi padre lo trasladó de un hospital a otro, y en poco tiempo estuvo en casa; porque alguien actuó de la manera correcta. Con ese sentimiento de que un ser querido podría ser arrancado de las manos por falta de atención médica comencé a inclinarme hacia esta carrera”, dice sobre una elección que marcó el rumbo posterior de su vida y que le permitió ser hoy una cirujana pediatra.

Caroll hizo las pruebas para los estudios en la ELAM, a las que recuerda se presentaron más de 2 000 jóvenes, de los cuales seleccionaron solo a 18. “Estudié los dos primeros años en la escuela y los siguientes cuatro en el hospital Salvador Allende —rememora— donde me gradué de médico en el año 2008. Regresé a mi país y llegué hasta la universidad  a entregar mis papeles, pero acto seguido se los quité a la secretaria y le dije: ‘déjeme ir a estudiar una especialidad’ y volví a Cuba. Me acabo de recibir el día 28 de octubre de este año como cirujana pediatra”.

Tres años después que ella llegó a la ELAM el boliviano José José Corini, actual vicepresidente de la Asociación de Graduados de Cuba en su nación. “Fue una nueva experiencia llegar a un país que no conocía recién salido del colegio, pero había escuchado del avance de la medicina en Cuba. Gané la beca después de tres exámenes y empecé a cursar las Ciencias Básicas en la ELAM”, recuerda.

A José le llamó mucho la atención que al llegar el rector sugirió que en cada cubículo de los dormitorios hubiera personas de di­ferentes nacionalidades para lograr una mayor interrelación entre ellos: “Por tanto conviví con compañeros de Paraguay, Do­mini­ca­na, Argentina, Chile… De esa forma aprendimos a ser solidarios”.

Proveniente de Bolivia también ingresó a esta escuela Yamil Silvano Calle Chávez, graduado de la tercera promoción de la ELAM. “En mi país cualquier profesión se paga y es muy cara, hay que tener recursos para poder acceder a un nivel universitario. Promocionaron las becas, aprobé los exámenes, y llegué a Cuba un 14 de marzo del 2001. Aquí hice mi primera y segunda especialidad de neurocirujano. En la ELAM pasé la parte principal de mi juventud, empecé a aprender a caminar solo, conocer otras culturas y otras personas, mi primer amor. Y estos son días en los cuales se acumulan todas esas nostalgias”.

Él y el ecuatoriano Edwin Rubén tienen cosas en común: como una misma especialidad y el tránsito por el hospital Calixto García, experiencias que ambos resaltan como cruciales en su formación. Pero a este último lo caracteriza su otro amor, la música: “Vengo de una comunidad indígena y como tradición tenemos algo de arte, por eso toco la guitarra e instrumentos andinos. Grabamos un disco en la ELAM con diez temas de música andina y popular”, nos comenta.

lgunos de ellos tendrán ahora su primera experiencia como médicos en sus países. Al respecto, Caroll nos dice que tendrá la posibilidad de trabajar en uno de los hospitales más grandes. Otros, por su parte, ya tuvieron el primer encuentro con la vida laboral y según apuntan no fue tarea fácil.

Por ejemplo, cuando José regresó a Bolivia se encontró que algunas universidades privadas no querían aceptar su título. En esa batalla por la profesión y la vida de los bolivianos nació la Asociación de Profesionales Graduados en Cuba que engloba 8 carreras, entre las cuales está Medicina.

José comenta que gracias al apoyo de su presidente Evo Morales y el Ministerio de Educación lograron homologar sus papeles y comenzar a trabajar por un cambio en el sistema de salud, capitalizado en su país. “Hoy estamos tratando de cambiar esa realidad con el programa Mi Salud, basado en que el médico no solo conozca las patologías del paciente, sino también el entorno donde vive”.

Historias como las de Caroll, José, Yamil y Edwin encierran la esencia misma de la lucha por los sueños y ese no dejar que se nos corten las alas persiguiéndolos; un camino donde para llegar a la ELAM y hacerse médicos no se antepuso ninguna barrera, ni siquiera la pobreza.

CUBA SE LLEVA EN EL ALMA
“De Cuba yo me llevo todo —contesta sin demora alguna y con su típico acento Caroll Yadira—. Primero todas las experiencias, anécdotas, mi forma de pensar, la posibilidad de emitir una idea, tratar de plasmarla, que se quede en la historia, y defenderla. Me llevo la calidez de las personas. Me siento otra cubana más. Cuando voy a Honduras me dicen ‘ahí va la médico cubana’. Uno no se desprende nunca de este país, es un placer enorme y un orgullo haber estudiado aquí. Mi familia y yo estamos muy agradecidas”.

Para Yamil la referencia de la Isla vino muy de cerca, pues su madre estudió aquí en la década de los 80 en Santiago de Cuba. “A ella le gustaba su gente, la comida, y cuando llegué creí que iba a conocer Cuba y resulta que terminé conociendo a personas de casi todo el mundo”.

“De las experiencias más grandes que conservo es esa relación médico paciente que caracteriza a la medicina cubana. Operé algunos que estaban graves, y cuando llegaban a la consulta me daban la mano en muestra de agradecimiento.

Pasa el tiempo y los encuentras en la calle, y te saludan ‘¡médico!’ Y te vuelven a agradecer por salvarles la vida. La escuela ha cambiado desde que me gradué pero la esencia es la misma: esas ganas de enseñarte sin esperar nada a cambio, ese amor a la profesión que siempre te están inculcando, y aprender de la amabilidad del cubano, de su espíritu sociable, bailador, conversador…”.

Mientras José —quien visita a la mayor de las Antillas desde hace cuatro años para celebrar el cumpleaños de la ELAM— se queda con la solidaridad y el trato de la gente; y Edwin afirma valorar mucho las costumbres, el mundo intelectual, las ciencias, y sobre todo ese gran carisma del pueblo cubano. “Después de estos 12 años te digo con toda certeza que para mí Cuba es mi segunda Patria”.

Los médicos graduados en la ELAM se reúnen durante estos días de celebración, y desandan de nuevo los pasillos de su escuela junto a los nuevos estudiantes. La institución donde una vez estuvo la Academia Naval Granma parece, a la luz de su fiesta de 15 años, que siempre estuvo hecha para ellos; y para esos más de 20 000 jóvenes de alrededor de 123 países que se han formado en sus aulas. Hasta el mar que rodea la escuela de punta a punta, es uno de los mejores recuerdos que conservan quienes llegaron sin haberlo visto antes.

 

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