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Dimensión clásica, Trabuco espectacular

Manolito Simonet y su trabuco

El en­cuen­tro de las orquestas Dimensión Latina, y Manolito Simonet y su Tra­buco, el último domingo en la sala Ríos Reyna del teatro Teresa Carre­ño, adquirió una connotación especial al lograr la articulación de los modos de expresión sonera que dieron lugar a la salsa con uno de los exponentes más brillantes de lo que muchos llaman la timba cubana.

Por más de tres horas ambas agrupaciones se entregaron a un público fervoroso y conocedor, atento en la escucha y dispuesto al baile, gente de todas las edades, lo cual fue indicador elocuente del arraigado gusto del venezolano por las especies representativas del son y la salsa.

Varios acontecimientos marcaron el pulso de la velada. Por primera vez Manolito Simonet protagonizó el estreno mundial de una producción discográfica fuera de Cuba. No pue­do parar, grabado en La Habana e incorporado inicialmente al catálogo del sello Bis Music, cobró vida aquí promovido por el sello venezolano Jim Productions, que puso a circular tanto la versión en audio como un DVD registrado en el Salón Rosado de la Tropical con los temas del fonograma.

El Trabuco abordó un repertorio de excelencia que incluyó, además de las novedades de No puedo pa­rar, piezas ampliamente conocidas y solicitadas por
el público venezolano. Por ejemplo, Mar­can­do la distancia no podía faltar ni dejar de elevar la temperatura del auditorio.

Si de emociones musicales se trata, habría que igualar, al menos, tres episodios: el homenaje de Ma­nolito y su tropa al inmenso Juan Formell con una versión de San­dun­guera, en la que Ricardo A­ma­ray, la voz líder, se crece; el mano a mano entre Amaray y el veterano Rodrigo Mendoza, de la Di­men­sión
Latina, y el bolerazo que despachó Wladimir Lozano, el carismático vocalista que secundó a Os­car D’ León en su recordada incursión cubana de los 80.

Un Wladimir estremecido y el fundador de la Dimensión Latina, el trombonista César Monge, recibieron una bandera cubana, símbolo de los lazos históricos fomentados entre la agrupación y los colegas de la Isla, enviada especialmente por el ministro de Cultura cubano, Julián González Toledo, y entregada por Julio Benítez, gerente de la agencia artística Presencia, responsable, jun­to a la venezolana King Pro­duc­ciones, del espectáculo.

De gira por la nación sudamericana, Tania Pantoja cantó con el Tra­buco y dejó una convincente estela de aprobación por la consistencia de su voz, su gracia escénica y la sabiduría criolla que imprime a sus im­provisaciones guaracheras.

Desde la timba en un momento, Manolito saltó a la tradición danzonera con un Tres lindas cubanas de sabor charanguero, y el peso melódico repartido entre el piano y el violín, para retomar luego toda la intensidad que enerva a los bailadores.

En la primera parte, Dimensión Latina demostró por qué son sus músicos y cantantes, clásicos vi­vientes. La mayor parte del repertorio remite a la época dorada de los 70: pura marcha salsera, ma­gistral equilibrio y raíces bien plantadas. Cercanía hacia la Cuba de Frutas del Caney  y la memoria de aquel hermoso pero difícil bolero, De­sengaño cruel, que tantas ve­ces cantó Tito Gómez. Y esa Di­men­sión clásica también llegó a la tim­ba sin renunciar a su estilo, cuando homenajeó a Manolito con Locos por La Habana.

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