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El desarme nuclear no puede ser un objetivo continuamente pospuesto

Bruno Rodriguez

Hace 70 años, la Organización de Naciones Unidas proclamó el propósito de preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y de los sufrimientos indecibles que provoca. Para ello, se propuso preservar la paz y la seguridad internacionales, y fomentar entre las naciones las relaciones de amistad basadas en el respeto a los principios de la igualdad soberana y la libre determinación de los pueblos.

Sin embargo, el gasto militar global ascendió en el 2013 a la astronómica cifra de 1,75 millones de millones de dólares; y la supervivencia de la humanidad se ve continuamente amenazada por la existencia de más de 16 000 armas nucleares.
Los gastos exorbitantes que hoy se hacen en armas, deberían  destinarse a fomentar la paz, el desarrollo económico y social y una vida digna para todos los seres humanos.

Los temas del desarme, de los cuales se ocupa esta importante Confe­rencia, revisten gran im­portancia y recaban mayor atención.

El pasado 26 de septiembre se conmemoró, por primera vez, el “Día In­ternacional sobre la Eliminación Total de las Armas Nucleares”.

Cuba saluda el amplio respaldo internacional a esa iniciativa, y reitera las palabras del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, cuando dijo y cito:

“En una guerra nuclear el daño co­lateral sería la vida de la humanidad… Cualquier gobierno del mun­do está obligado a respetar el derecho a la vida de cualquier na­ción… Los pueblos están en el deber de exigir a los líderes políticos su derecho a vivir (…) nadie puede darse el lujo de ser indiferente, ni se puede perder un minuto en exigir el respeto a ese derecho; mañana sería demasiado tarde… Es hora ya de que el mundo (…) adopte el camino hacia la paz”.

El desarme nuclear no puede ser  un objetivo continuamente pospuesto. Condenamos la función de las armas nucleares dentro de las doctrinas, políticas y estrategias de seguridad y la amenaza de su uso. Reclamamos asimismo el respeto al derecho inalienable al uso pacífico de la energía nuclear.

En el primer periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea Ge­neral de la ONU dedicado al de­sarme, en 1978, los Estados miembros dieron a este foro el mandato de negociar tratados multilaterales en esta materia. Esta Conferencia no ha cumplido ese mandato respecto al desarme nuclear. Se ha incumplido también el  Artículo VI del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), que establece claramente la obligación de negociar de buena fe el desarme nuclear.

Se requieren acciones concretas para alcanzar el mundo libre de ar­mas nucleares al que aspiramos.

El Movimiento de Países No Alineados presentó una propuesta, adoptada por la Asamblea General de la ONU, mediante la que se pide iniciar con urgencia negociaciones en la Conferencia de Desarme, para la pronta conclusión de una Convención abarcadora sobre las armas nucleares, que prohíba la posesión, el desarrollo, la producción, la ad­quisición, el ensayo, el almacenamiento, la transferencia, el em­pleo o la amenaza del empleo de las ar­mas nucleares y disponga su destrucción.

Urge que la Conferencia de De­sarme adopte un programa de trabajo amplio y balanceado que tome en cuenta las prioridades reales en materia de desarme. Es importante que este foro no ceda a la falta de voluntad política de unos pocos países.

Esta Conferencia de Desarme, si cumpliera con su mandato, podría realizar una importante contribución para romper el estatus quo y salir de la parálisis de la maquinaria de desarme que solo beneficia a los poderosos.

La Conferencia de Desarme está preparada para negociar varios te­mas simultáneamente, incluyendo un tratado que elimine y prohíba las armas nucleares; uno que prohíba la carrera de armamentos en el espacio ultraterrestre; otro que brinde garantías de seguridad efectivas para los Estados que, como Cuba, no son po­seedores de armas nucleares; y un tratado que prohíba la producción de material fisionable para la fabricación de armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares, y que abarque también las existencias.

Debe ser compromiso de todos los miembros de la Conferencia contribuir al éxito de la Conferencia Inter­nacional de Alto Nivel de las Nacio­nes Unidas sobre el Desarme Nuclear, que tendrá lugar a más tardar en el 2018.

Señor Presidente:

En lo que constituye un hito histórico, en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Lati­no­americanos y Ca­ribeños (CELAC), celebrada en La Habana en enero del 2014, la región de América Latina y el Caribe se proclamó formalmente como Zona de Paz. En dicha proclama, firmada por los Jefes de Estado y de Go­biernos, se enfatizó el firme compromiso de los miembros de la CELAC con la promoción del desarme nuclear como objetivo prioritario.

Esta Conferencia de Desarme tie­ne la importante responsabilidad de actuar a la altura de las legítimas expectativas de la comunidad internacional y contribuir de manera de­cisiva a la paz y la seguridad internacionales, y a la supervivencia de la especie humana, amenazada por enormes arsenales nucleares y por el cambio climático.

Es indispensable un nuevo or­den mundial basado en la paz, la solidaridad humana y la justicia social.

Muchas gracias.

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