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El milagro de volver a ver

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El complejo de edificaciones que conforman actualmente el Pando Ferrer fue terminado al triunfo de la Revolución, luego se intervino con el propósito de brindar una atención gratuita y pública. Lo nombran Ramón Pando Ferrer, mártir desaparecido por la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista.

“El 9 de julio del 2004, recibimos la visita del Comandante Fidel Castro -comenta a Granma Internacional el doctor Marcelino Ríos Torres, director del centro-. En varias horas de conversación nos explica que muchos venezolanos no culminan los programas educativos por padecimientos en los ojos, pregunta sobre la posibilidad de asumir en una jornada a 50 de ellos sin afectar el servicio para la población. Al otro día comenzó la atención del primer grupo con 50 pacientes de esa hermana República sudamericana y llegamos a operar 500 diariamente, en dos turnos de trabajo”.

El también profesor e investigador titular relata: “Hasta octubre de ese año corregimos en nuestro hospital aproximadamente 14 000 cataratas, pero en la misma medida asesoramos y apoyamos la creación de numerosos servicios oftalmológicos extendidos hacia el interior de nuestro país, con un equipamiento de alta tecnología y la posibilidad de realizar microcirugías oculares, beneficiando a residentes en zonas rurales”.

La iniciativa se repitió durante los siguientes meses hasta que el 21 de agosto de 2005, en el poblado de Sandino, ubicado en la provincia occidental de Pinar del Río, los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro divulgan un convenio, mediante el cual se plantea intervenir quirúrgicamente a seis millones de latinoamericanos, aquejados de enfermedades oculares, en un lapso de una década.

Utilizan el programa radio-televisado Alo Presidente para dar a conocer los acuerdos y la novedad de contar ya con 50 000 operados gracias al programa de la Misión Milagro. El venezolano Ángel Quintero representó ese número.

En el 2006 abren varios de centros oftalmológicos en Venezuela, integrados por profesionales cubanos (un centenar de ellos trabajadores del Pando Ferrer), y se amplía el servicio a otros países, incluyendo las islas del Caribe. Bolivia fue la siguiente nación a la cual se suman Guatemala, Honduras, Ecuador y Paraguay, hasta alcanzar una veintena, más otras decenas de posiciones quirúrgicas abiertas por personal cubano en África y Asia.

Finalmente la Misión Milagro llegó al hospital nacional Santa Gertrudis, en el departamento de San Vicente, en El Salvador, el 29 de mayo último. En la actualidad de este humanitario programa se benefician 14 países, dispone de 43 instituciones, en las cuales laboran 420 profesores y técnicos cubanos. Los padecimientos que más frecuentemente se atienden son: pterigion, cataratas, glaucoma y estrabismo.

“El Pando Ferrer avala el nivel profesional de los oftalmólogos cubanos que salen al exterior para cumplir misiones, lo cual eleva la calidad de la fuerza de trabajo. En nuestra instalación cursan la especialidad unos 60 residentes extranjeros y preparamos a los cubanos en los diferentes hospitales del país”, afirma el profesor Marcelino Ríos.

UN MAL CURABLE

El paciente venezolano Gregory Jesús García, acompañado de su esposa Diana Agudelo, ya puede ver. Foto: Anabel Díaz

El paciente venezolano Gregory Jesús García, acompañado de su esposa Diana Agudelo, ya puede ver. Foto: Anabel Díaz

La adopción del nombre de Milagro surge de la expresión popular de centenares de pacientes que al recobrar la vista exclamaron sorprendidos: “¡Esto es un milagro!” y hoy se sienten agradecidos. Muchos narraron a diferentes medios noticiosos experiencias en su peregrinar por los servicios de salud de sus respectivos países, sin recibir respuesta. Algunos ya habían abandonado todo tipo de esperanza.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, 45 millones de personas carecen de visión y 135 millones son discapacitados visuales, el 90% de los cuales viven en las naciones más pobres. Hasta la llegada de la Operación Milagro, ningún gobierno ni organismo internacional había logrado estructurar un programa, que diera respuesta efectiva y a gran escala a los enfermos por diversos padecimientos de la vista.

“El impacto es muy superior a lo esperado –asegura el doctor Ríos Torres-. Además de incrementar las cirugías oftalmológicas en el mundo, se perfeccionan los recursos humanos (médicos, enfermeras y técnicos), se instaló tecnología de avanzada y se ampliaron los servicios, por lo cual ha ganado la oftalmología, la medicina y la sociedad. Este esfuerzo es una obra de gigantes, protagonizada por un pequeño país, dirigida por un líder inmenso, y solo un objetivo: la satisfacción por servir a nuestros pueblos hermanos del tercer mundo”.

La doctora. Beatriz Rodríguez Rodríguez, cumplió misiones en Zambia, Ecuador, Argelia y Nicaragua, las últimas tres dentro del programa de la Operación Milagro. “Mi experiencia de trabajo en el hospital Pando Ferrer ayudó a la instalación de los espacios y equipos, además de crear las condiciones de higiene y limpieza para inaugurar el servicio en los centros oftalmológicos abiertos en Ecuador y Argelia”.

“El paciente atendido por este programa debe estar compensado en todos los parámetros médicos y por tanto es valorado por un clínico, de ahí que, recibe atención médica para otros padecimientos crónicos, no transmisibles, a partir del concepto de atención multidisciplinaria”, -subraya la doctora.

Señala además que en todos los lugares sintió una aceptación plena de la población, “incluso en el país de cultura árabe, en un inicio los hombres pedían ser atendidos por médicos masculinos, pero el trato amable y la atención esmerada, los hizo cambiar de opinión. Los argelinos acudieron masivamente a las consultas y concluía el servicio, en muchas ocasiones, en la noche”.

El licenciado en enfermería José Luis Herrera Santana se desempeña como Jefe del Salón para operaciones de cataratas y laboró en la Misión Milagro en Cuba y Bolivia. En el país sudamericano ayudó a fundar con sus propios esfuerzos el Instituto Nacional de Oftalmología, ubicado en La Paz, para luego asesorar a los profesionales bolivianos de la especialidad.

El venezolano Gregory Jesús García, de 31 años y albañil, es asistido en el Pando Ferrer debido a que sufrió un accidente laboral, con daños en la retina. Lo acompaña su esposa, Diana Agudelo Albiares.

Ambos agradecieron infinitamente por la devolución de la vista, dijeron sentirse a gusto en Cuba, elogiaron la atención recibida y desean que la Misión Milagro perdure en el tiempo, porque aún existen muchas personas sufriendo de enfermedades oculares.

Sus palabras recuerdan una frase del Comandante en Jefe Fidel Castro para definir el principal recurso con que cuenta la Isla Caribeña: “Capital humano implica no sólo conocimientos, sino también -y muy esencialmente- conciencia, ética, solidaridad, sentimientos verdaderamente humanos, espíritu de sacrificio, heroísmo, y la capacidad de hacer mucho con muy poco.”

 

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