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El regreso de un amigo

La libertad de los Cinco constituye una causa nacional. Pero para Jorge Arias es también algo más: la lucha por el regreso de un amigo.

Jorge Arias sostiene una carta enviada recientemente por Fernando en la que le agradece su tiempo dedicado a recordar sus historias juveniles. FOTO: Ricardo López Hevia

Jorge Arias sostiene una carta enviada recientemente por Fernando en la que le agradece su tiempo dedicado a recordar sus historias juveniles. FOTO: Ricardo López Hevia

El actual Vicejefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido, conoció a Fernando González Llort hace casi cuatro décadas, cuando ambos eran unos adolescentes preocupados por la pelota y las novias en una secundaria de San Antonio de los Baños.

La amistad se profundizó después en los días de campo del preuniversitario de la Isla de la Juventud y los seis años de carrera en el Instituto de Relaciones Internacionales de La Habana.

Fernando era disciplinado y respetuoso, rememora Arias, pero nada santo.

Recuerda cuando se quedaron sin pase durante un mes en el preuniversitario por abandonar las filas interminables del cítrico. También cómo le contaban los 10 minutos oficiales a un profesor de la Universidad antes de salir en banda para el Círculo Social El Ferretero, cercano a la sede de la Facultad en aquella época.

Pero Fernando era también el que no faltaba nunca a los ensayos del Grupo de Teatro en esos sagrados fines de semana. El hombre que convenció a la “novena más mala de la historia de la pelota” para llegar al final de un campeonato universitario, en el que perdían los juegos por 10 o 15 carreras. “Es preferible perder jugando que abandonar”, les dijo.

Los caminos de Fernando y Arias se bifurcaron en 1988. “Cuando cumplíamos misión internacionalista en el Centro de Instrucción Especial de Kalahari, en Lubango, a él lo trasladan a otra unidad de combate en el sur de Angola”. Bien sabían ambos que era una de las zonas más calientes, donde se definía la guerra y había más riesgos para la vida.

“Bueno gordo, si no nos vemos más, ya tú sabes”, fue la frase de despedida de Fernando. Los encuentros posteriores fueron esporádicos.

Aunque lo había visto poco antes de su partida a los Estados Unidos, a Arias le costó trabajo identificar a su amigo en la foto que le mostraba un compañero en un periódico de Miami, que informaba del arresto de los “espías cubanos”.

Desde entonces, no desaprovecha ninguna oportunidad para hablar de los Cinco y la injusticia cometida contra ellos. También mantiene contacto con Magali Llort, la madre, y sus hermanas.

Arias cuenta cómo hace pocos meses participó en una Audiencia Parlamentaria y compartió recuerdos de su relación con Fernando.

Desde la prisión, su amigo le envió una carta agradeciendo el tiempo dedicado a contar esas historias, en medio de la carga de trabajo cotidiana. Le dijo también que no olvidara que cualquiera de los jóvenes de su generación podría estar ocupando su lugar.

“Es cierto, pero les tocó a ellos. Nosotros estamos en deuda”, refuta.

Cuando resulta inminente la excarcelación de Fernando, Arias comparte los temas que le gustaría tratar en un futuro encuentro: “Primero saber de estos años en que le ha tocado poner a prueba su voluntad; luego contarle lo que hemos hecho aquí, los amigos y las personas que ya no están”.

Cuando vuelva, como el resto de sus compañeros, lo veremos caminando en las calles con la misma naturalidad de siempre. “Este hombre en lo que menos piensa es en que es un Héroe”.

 

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