Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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La embajada de la dignidad

Henrique Capriles Radonski, candidato de la derecha para las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre, intentó requisar la embajada cubana durante el asedio por el golpe de estado, amenazó con no impedir la destrucción de las edificaciones por las turbas fascistas, y las alentó a continuar el sitio y la violencia.

CARACAS.-El curso del golpe de estado fascista contra la revolución bolivariana y su líder, ejecutado el 11 de abril de 2002 y derrotado 48 horas después por las masas populares y los militares honestos, incluía una ficha clave: Cuba.

El propio 9 de abril de ese año, cuando arrancó el plan de la extrema derecha y las fuerzas imperiales para dar el zarpazo en el Palacio de Miraflores, comenzó el acoso a la sede diplomática de la Isla, su consulado y la residencia del embajador.

Las instalaciones –consideradas por las leyes internaciona-les como territorio del país representado, y objeto de inmuni-dad— se asientan en el área de Baruta y sus cercanías, zona del este caraqueño bajo jurisdicción del estado de Miranda.

El alcalde de la barriada era el actual gobernador estadual y hoy candidato de la reacción para las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre en el país sudamericano.

El asedio y la amenaza de destruir las instalaciones con el personal cubano dentro –incluidos niños y mujeres– fueron ejecutados con hordas atizadas por grupos terroristas anticubanos y la complicidad del alcalde Henrique Capriles Radonski.

El funcionario ultraderechista no solo se negó a dar debida protección a las edificaciones, en franca violación a todas las normas y leyes internacionales, intentó –-en vano– amedrentar al embajador cubano Germán Sánchez Otero para requisarlas.

El embajador Germán Sánchez (de frente a la izquierda) dejó claro a los golpistas que Cuba nunca permitiría que se violara la sede diplomática, como parte de territorio cubano, y la defenderían hasta las últimas consecuencias.

También amenazó al diplomático con no hacer nada si las turbas entraban a la fuerza. Incluso, al salir de una “negociación” dentro de la embajada –-siempre bajo los términos de Cuba–, lejos de disuadir a las pandillas violentas, las atizó al afirmar que no había podido cumplir su objetivo de allanar la sede.

ECHÁNDOLE FUEGO A LA RAZZIA

Uno de los subterfugios para que las turbas fascistas sitiaran la sede diplomática, fue la falsedad de que en ella estaban refugiados algunos dirigentes bolivarianos, entre ellos el entonces vicepresidente Diosdado Cabello.

Según escribió en una crónica sobre los hechos el embajador Germán Sánchez, a los “negociadores” se les permitió acceder a la sede por una escalera de tijera que les colocaron los patriotas cubanos: tenían que entrar por la tapia; nunca se les abrirían las puertas.

Cuenta Sánchez Otero: “Radonski y sus acompañantes civiles insisten una y otra vez en que les permitamos revisar la embajada y el consulado, para determinar si se encontraba o no Diosdado Cabello u otros asilados. Nuestras respuestas fueron inequívocas y precisas: rechazamos todas las presiones”.

“Ellos vinieron por lana y salieron trasquilados. Ante las firmes e irrefutables posiciones nuestras, el alcalde y sus acompañantes se ven obligados a salir de la embajada”.

Al llegar a la calle –muro y escalera mediante– Radonski, aún iracundo porque no pudo lograr su propósito, se dirige a la razzia, a través de un altoparlante, y arenga que no se revisó el recinto, “porque era una sede diplomática”.

El alcalde de Baruta había alentado así a las turbas a mantenerse en el camino de la violencia, desconociendo –a pesar de la dignidad legal y la investidura de la palabra que un cargo de embajador ostenta– la afirmación de Germán de que no habían refugiados (aunque Cuba, como cualquier Estado tiene derecho a conceder asilo, le había aclarado firmemente el diplomático).

LOS CERROS TAMBIÉN SON CUBA

Las “negociaciones” en la embajada acontecieron el 12 de abril, cuando se instalaba un ilegal –-y breve– gabinete tras secuestrar y preparar el asesinato del presidente Hugo Chávez Frías. Quienes con rango de autoridades “dialogaron” ese día con la parte cubana, lo hacían en nombre de un poder golpista.

No obstante, mientras transcurrían los episodios en territorio cubano de la embajada, y afuera en la calle, los cerros y las grandes masas populares comenzaban a moverse para recuperar el poder y hacer regresar a él al líder bolivariano.

Chávez retornaría a Miraflores unas horas después, rodeado, protegido y vitoreado por miles y miles de venezolanos. Porque, como se dice aquí, “todo 11 (en referencia al golpe de estado) tiene su 13” (la victoria popular).

Lo cierto es que las presiones de las turbas fascistas a la embajada empezaron a amainar, y la acción de las fuerzas del orden comenzaron a atemperarse, cuando el retumbar, la telúrica popular ya era inminente e imparable en Caracas y más allá.

También es cierto que la misión diplomática cubana nunca hubiera permitido que se hollara ese o cualquier otro espacio simbólico de nuestro territorio. Estaban preparados y listos para la defensa hasta las últimas consecuencias.

Pero, ¿qué habría pasado si las fuerzas golpistas, con la connivencia de Estados Unidos, se mantenían unas horas más en el poder? Si las turbas fascistas hubieran irrumpido en las edificaciones, los resultados hubieran sido trágicos.

Uno de los principales responsables, de haberse producido aquellos acontecimientos, hubiera sido Capriles Radonski. Y él es el candidato de la ultraderecha venezolana e internacional para las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre.

*Este texto reseña “Agresión a la embajada de Cuba. Crónica de un plan sincronizado”, testimonio sobre los acontecimientos escrito por Germán Sánchez Otero, jefe de la misión diplomática durante los hechos, y publicada en 2004 por el medio venezolano VENPRESS.

René Tamayo León

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