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Exponen y analizan resultados de encuestas de hogares en Cuba

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«Cuba ha estado incluida en el pequeño grupo de países que han estado mirando, identificando y definiendo cuáles van a ser los indicadores con los que se van a monitorear a nivel mundial los objetivos de desarrollo sostenible», afirmó este martes, en la Asociación Cubana de Naciones Unidas (ACNU), Anna Lucia D´Emilio, representante de Unicef en la Isla.

Sus palabras tuvieron lugar en la presentación y análisis de los resultados de las encuestas de hogares cubanos, emprendidas entre 2014 y 2015, por Unicef e instituciones cubanas lideradas por el Ministerio de Salud Pública, como parte de la quinta ronda de Encuestas de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS), método de estudio implementado desde mediados de los años 90 del siglo XX, como parte de la labor de Unicef para conocer la situación de la niñez y la adolescencia en cada nación.

Cuba es mucho más que un país: es valioso referente cuando se habla, en el entorno de definiciones a nivel mundial, de indicadores de MICS. El concepto fue expresado por Anna Lucia D’Emilio a propósito de las encuestas de hogares cubanos cuya muestra abarca un total de 9 958 moradas a lo largo de la Isla. Se trata de un estudio muy riguroso, dijo, con varios niveles de control de calidad, incluyendo no solo parámetros nacionales.

«En muchísimos de los indicadores —enfatizó la representante de Unicef en Cuba— lo que vemos es la validez de los sistemas informativos nacionales». Y comentó que no sorprende, mirado desde el país, que el cien por ciento de los niños cubanos estén registrados al nacer; lo cual sin embargo es relevante porque tal realidad no sucede en los demás países de América Latina.

Especial interés motivó, a partir de los datos que se desprenden de las encuestas de hogares, el análisis realizado y expuesto en la conferencia por la prestigiosa pedagoga cubana Lesbia Cánovas Fabelo, quien dio a su texto el título MICS 5. Una lectura a la luz de los desafíos que afronta Cuba.

En su interpretación, valioso primer paso de lo que debe hacerse con todas las cifras derivadas de la encuesta, la maestra, reagrupando datos, ofreció respuesta a preguntas esenciales: ¿Cómo es el entorno familiar en los hogares de los niños y niñas de la muestra? ¿Qué características tienen los adultos con los cuales conviven? ¿Cómo se cumplen los programas existentes para la atención de las madres y sus bebés, desde el embarazo? ¿Cómo se atiende el desarrollo educativo de los niños y niñas en la primera infancia?

En la extensa relación de cifras, vale destacar que del total de la muestra utilizada durante las encuestas, el 89 por ciento de los hogares está integrado por entre uno y cuatro miembros. El jefe del hogar es el hombre en el 51,5 por ciento de la muestra, y la mujer lo es en el 48,5 por ciento. Entre los jefes de hogar, el 50,4 por ciento posee nivel primario, secundario o de obrero calificado, mientras el 14,8 por ciento tiene nivel superior.

Actualmente solo el 57,6 por ciento de las mujeres y el 54,4 por ciento de los hombres están casados o en unión; en tanto que el 19,5 por ciento y el 31,1 por ciento, respectivamente, nunca lo han estado. El 69,5 por ciento de las féminas dio a luz alguna vez.

Otro dato valioso es el alusivo al apoyo de los adultos al desarrollo integral de la infancia temprana: para el 89 por ciento de los niños y niñas de 36 a 59 meses, un adulto de la familia participó en cuatro o más actividades que promueven el desarrollo y la preparación previa para la escuela durante los tres días anteriores a la encuesta.

No menos interesante resultó conocer que el 48 por ciento de los niños y niñas de 0 a 59 meses vive en hogares donde hay al menos tres libros infantiles; con diez libros o más, la cifra se reduce al 21 por ciento. En cuanto a juguetes, el 91 por ciento de los infantes disponía de algunos adquiridos en tiendas; el 76 por ciento, de juguetes confeccionados en el hogar; y el 60 por ciento, de utensilios y objetos del hogar y el entorno.

Como punto rojo que merecerá reflexiones en estas mismas páginas, las entrevistas reflejaron que el 36 por ciento de los menores de uno a 14 años de edad fueron sometidos al menos a una forma de castigo psicológico o físico por miembros del hogar durante el mes anterior a la encuesta. Los infantes de cinco a nueve años fueron los más sometidos a métodos violentos de disciplina.

En su análisis, la profesora cubana destacó: «Si bien los métodos violentos son formas disciplinarias bastante comunes, solo el cuatro por ciento de los encuestados creen que el castigo físico es necesario para educar a los hijos».

Los resultados de la quinta ronda de MICS muestran un país con inobjetables logros en el cuidado de su niñez y su adolescencia. Todas las aristas que han salido a la luz, incluso las que puedan generar preocupación, son, como han expresado los especialistas, herramientas para el trabajo de las instituciones y de la familia, y desde luego un desafío para los comunicadores, responsables en hacer pensar todo el tiempo sobre cómo hacer posible el crecimiento humano de un país que, a pesar de sus penurias materiales, tanto ha hecho por los suyos.

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