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Con la gran Campaña de Alfabetización se demolieron cuatro siglos y medio de ignorancia

Tienen los educadores un gran y merecido privilegio. Muchas son las glorias y verdades revolucionarias que honramos mañana en su día de homenaje, una de las conmemoraciones más sentidas y ejemplares para nuestro pueblo, una conmemoración por siempre ligada a la visión histórica y el aliento de Fidel: la Campaña de Alfabetización que culminó exitosamente el 22 de diciembre de 1961, fecha en que nuestra Patria proclamó ante el mundo su victoria en la primera batalla de la Revolución cubana por la educación, la cultura y el desarrollo en general.

Esa fecha evoca el espíritu de combate de aquellos heroicos meses; recuerda aquel éxito formidable de nuestra línea de masas en la educación; exalta la labor abnegada y entusiasta de nuestra juventud, de nuestros trabajadores, de nuestros maestros, y destaca de manera singular la decisiva importancia que para un país como el nuestro tiene la educación.

Las cifras del Censo de 1953 —último antes del triunfo de la Revolución—, expresan elocuentemente cuál era la dramática situación en que se encontraba Cuba en el campo de la educación.

Con una población de 4 millones 376 mil 529 habitantes, los analfabetos —en 1953— ascendían a un millón 32 mil 848, o sea, el 23,6 % de los cubanos.

La condena al terrible mal del analfabetismo —heredado por la Revolución de la República mediatizada y sometida al imperialismo norteamericano—, fue enunciada en La Historia me absolverá. También está inserta en la Primera Declaración de La Habana (2 de septiembre de 1960), digna y combativa respuesta de nuestro pueblo a las maniobras contrarrevolucionarias del imperialismo yanqui y sus cómplices de la OEA. En ese histórico documento —aprobado por aclamación de más de un millón de personas—, se declara, además, el derecho de los niños a la educación; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; y el derecho de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas.

Más tarde, Fidel, en su memorable e histórica comparecencia ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) el 26 de septiembre de 1960, dijo:

“En el próximo año nuestro pueblo se propone librar una gran batalla contra el analfabetismo, con la meta ambiciosa de enseñar a leer y a escribir hasta el último analfabeto y con ese fin, organizaciones de maestros, de estudiantes, de trabajadores, de todo el pueblo, están preparándose para una intensa campaña y Cuba será el primer país en América que a la vuelta de algunos meses pueda decir que no tiene un solo analfabeto”.

Sin experiencia alguna, pero con un método organizado por la Revolución, nuestro pueblo tomó en sus manos las armas de la cultura, plasmadas en las cartillas Venceremos y en el Manual Alfabeticemos, y se lanzó por lo más dilatado de los llanos y lo más alto e intrincado de las montañas, para llevar la luz de la enseñanza a los que hasta ese momento habían permanecido sumidos en la ignorancia, en el atraso y la incultura, producto de la explotación del imperialismo y de los gobiernos lacayos sometidos a sus desmanes.

A la campaña se incorporaron 125 mil alfabetizadores populares; 100 mil brigadistas “Conrado Benítez”; 35 mil maestros y 13 mil trabajadores en las “Brigadas Obreras Patria o Muerte”.

Nada ni nadie pudo detener la hermosa epopeya alfabetizadora. Ni los crímenes monstruosos contra los jóvenes alfabetizadores —instigados por el imperialismo—, ni la invasión mercenaria por Playa Girón detuvieron la gran batalla contra la ignorancia.

Victoriosamente culminó la gran Campaña Alfabetizadora, abonada con la sangre heroica y generosa de Conrado Benítez (maestro voluntario), de Manuel Ascunce Domenech (brigadista Conrado Benítez), de Pedro Lantigua (campesino), de Delfín Sen Cedré (brigadista-obrero Patria o Muerte), Pedro Miguel Morejón Santana, Modesto Serrano Rodríguez y otros más, como Leonte Guerra, responsable de finanzas de la Comisión Nacional de Alfabetización.

Mañana evocaremos ese día en que ante una extraordinaria multitud reunida en la Plaza de la Revolución, Fidel declaró que se había cumplido el histórico compromiso. Dijo entonces:

“Vamos a proceder a izar la bandera con la que el pueblo proclama ante el mundo que Cuba es ya territorio libre de analfabetismo. Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de júbilo mayor, ningún minuto de tan legítimo orgullo y de gloria como éste en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido demolidos”.

Así ganó la Cuba revolucionaria su primera gran batalla por la educación y la cultura, acontecimiento histórico que nunca antes pueblo alguno logró con tanto éxito.

Tomado de Granma

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