Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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La imparable andadura de la solidaridad

El venezolano Richard Echesuría, atendido por dos colaboradoras cubanas. Foto: Enrique Milanés León

El venezolano Richard Echesuría, atendido por dos colaboradoras cubanas. Foto: Enrique Milanés León

Richard Echesuría se desahoga de un tirón: «En dos años y medio ya me había resignado a llevar una vida con muletas, así que la única palabra que cabe para decir lo que siento es ¡milagro! Gracias a ustedes». La vida fue particularmente severa con este venezolano de 50 años: los mismos esteroides que usó para curarse problemas de visión terminaron por causarle un severo daño óseo. La coxartrosis de cadera derecha detuvo su andar pero, así y todo, él llegó en una carta al presidente Maduro y en un proyecto nuevo a los médicos cubanos y de su país.

«Mi familia sufría, buscándome una solución por todas partes, hasta que un amigo nos habló de esta ventanita; fuimos, nos dieron la oportunidad, y aquí estoy», relata. Este obrero, que se dedicaba a reparar equipos de oficina, se vio de repente limitado: «Dios ayuda, cuando uno se porta bien: los compañeros, los amigos, los clientes y la familia me apoyaron», recuerda en un hilo de voz.

Vencida la cirugía, Richard teje sus planes: «Cuando salga de esto y solucione mi problema en la vista voy a demostrar lo que puedo hacer. Ustedes van a ver. Trataré de incorporarme de nuevo al trabajo, de luchar por mi familia y seguir adelante».

Muy probablemente, sumergido en su felicidad personal, Richard no se haya percatado de que es centro de una noticia: su implante total de prótesis de cadera y el de su compatriota Tibisay Ocanto son los primeros que se hacen en muchos años en un hospital público de Venezuela. En el empeño están los dos brazos de la colaboración La Habana-Caracas.

LA RESPUESTA A UNA MISIVA

«Este proyecto integra esfuerzos de la Misión Médica Cubana, del Ministerio del Poder Popular para la Salud venezolano y del Despacho de la Presidencia. Solo se puede hacer en Revolución», sostiene el doctor cubano Santiago Miranda Castro.

Miranda, que es representante de la Misión Médica Cubana y del Centro Internacional de Salud La Pradera en el Convenio Cuba-Venezuela y en el Despacho de la Presidencia de Venezuela, explica que se ha comenzado a operar a pacientes que le solicitaron ayuda a Nicolás Maduro para recibir prótesis de cadera: «Unos 340 se han dirigido a él con ese fin; de ellos, ya tenemos en evaluación a 77 y otros 20 están listos para la cirugía».

Estos pacientes pidieron apoyo para viajar a Cuba y operarse allá, sin embargo, con el proyecto que se ha iniciado se les evita alejarse 30 o 40 días de sus familias. El protocolo incluye la evaluación rigurosa en sus estados de residencia y el ingreso en el caraqueño Hospital General Jesús Yerena uno o dos días antes de la cirugía, para el proceder preoperatorio. Luego son intervenidos y en 48 horas, cuando más en 72, regresan a sus hogares. Cerca de los suyos, la recuperación es veloz.

«La unión a tal nivel entre médicos cubanos y venezolanos es inédita. Da inicio a una nueva época dentro del Convenio de Cooperación y permitirá a los pacientes atenderse sin hacer el viaje a La Habana. Comenzamos con las prótesis de cadera, pero incorporaremos las prótesis de rodillas y otras operaciones del área traumatológica, oftalmología, cardiología… siempre con equipos integrados de los dos países», concluye Miranda.

Para el Doctor Moisés Santos Peña, especialista en Medicina Interna y Medicina Intensiva de Emergencia, y miembro del equipo asesor de nuestro Ministerio de Salud Pública ante su par venezolano, el impacto humano de estas cirugías es importante porque recuperan la movilidad en muchos pacientes que llevan meses y hasta años, en casos determinados, totalmente discapacitados.

«En lo técnico –amplía– es una operación muy compleja porque sustituye todo el sistema articular de la cadera. No es la cirugía de una simple fractura de cadera, sino una intervención mucho más difícil y costosa que, en cambio, se ofrece aquí de manera gratuita a cualquier ciudadano, gracias a la Revolución Bolivariana y al altruismo del pueblo cubano».

El asesor señala que, además de ampliar el número de casos a operar en el Hospital Jesús Yerena, tienen previsto abrir un segundo hospital, en el estado de Miranda, para brindar el proceder quirúrgico, bajo el propio Convenio de Cooperación Integral.

De momento, todos los viernes el equipo de traumatólogos, anestesiólogos y clínicos evalúan los casos. Siete profesionales cubanos altamente calificados, junto a dos traumatólogos venezolanos y enfermeros y otros doctores del hospital activan las piernas de este milagro.

¡NUESTROS JÓVENES DE LA SALUD…!

Duplicado el tiempo de su misión itinerante, la Especialista en Anestesiología y Reanimación Denisse Arnau Quintana refiere que entre las cosas hermosas que se lleva a Cuba está este proyecto, del cual es vicecoordinadora. «Lo más importante es su repercusión social, porque beneficia a personas sin recursos para pagar una cirugía que puede costar en el mundo entre 15 000 y 25 000 dólares. Eso ilustra el valor de nuestra colaboración médica, aquí y en muchas otras naciones», señala.

Joven como Denisse, la coordinadora aquí del Programa de Prótesis de Cadera, especialista en Medicina Intensiva y Emergencias Médicas, Vania Bolog Thaureaux, destaca que Cuba tiene dispuesto un personal capacitado y consagrado. «Hemos trabajado duro para iniciar el proyecto. Hay muchos casos pendientes y queremos ayudarlos ahora que han sido creadas las condiciones. Lo más hermoso es devolver la esperanza de caminar: ahí hay un agudo reto médico, pero en lo personal, cuando veo que alguien anda otra vez lo que siento es simplemente alegría».

El enfermero Damil Leonard Soa trabaja en el preoperatorio, el postoperatorio y la recuperación de estas personas, así que en los dos casos resueltos tiene historias que contar: «Se despiertan poco a poco y me preguntan: “¿terminamos?”; les digo que sí, que todo va bien, y se ven incrédulos. Me pasó con Richard, pero también con Tibisay, la primer paciente, que me decía que no podía ser cierto y daba gracias a los cubanos. Entonces le pedí que agradeciera también al traumatólogo que la operó, que es de su tierra pero estudió en la mía».

EL HORIZONTE ES MÁS GRANDE QUE BRASIL

Damil lo dijo al reportero: tanto como un paciente contento, al final de estas cirugías caminan, juntos, dos países. Por el contrario, Brasil, de un tirón presidencial, ha parado su andadura de colaboración sanitaria con Cuba.

El Doctor Moisés Santos Peña considera que el cierre de esa ventana lo va a sufrir, en primer lugar, el querido pueblo brasileño: «Serán aisladas muchas comunidades y muchos pacientes quedarán para siempre sin asistencia. Vendrán indicadores insatisfactorios para la población porque se va a desmembrar una red de servicio y habrá retrocesos en lo adelantado con el respaldo de nuestros colaboradores al programa Más Médicos».

Cuba sigue, sana y sanadora. El asesor del Minsap afirma que el tropiezo con Bolsonaro no nos cierra el horizonte. «Ahora –ejemplifica– estamos abriendo una nueva posibilidad de colaboración médica en territorio venezolano y eso facilita para el futuro las posibilidades de dar más servicios de salud de calidad, en cooperación médica».

La mejor prueba de ese optimismo en torno a nuestra amistad sanitaria estaba a unos pocos metros del doctor Santos Peña, en una cama del hospital Jesús Yerena. En plena recuperación, Richard Echesuría comentó al reportero que, inicialmente, le habían dicho que se operaría en Cuba: «¡Me quedé con las ganas de conocerla –dice en dulce reproche–, pero lo que aprendí aquí de esa Isla, por el trato recibido, es que me gusta su cultura y que los cubanos son personas geniales».

Ahora, además de recuperar su capacidad para trabajar, este venezolano incluye entre sus proyectos un viaje de paseo a La Habana. El periodista le dice que no se apure, que de todos modos él llevará siempre un trozo de Cuba en sus caderas: «¡Y se los agradezco muchísimo!», responde al vuelo, con unas lágrimas que Jair Bolsonaro no entendería nunca.

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