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La integración que necesitamos

CELAC

En un mundo abocado necesariamente a la multipolaridad, pero sobre todo en un continente que durante la última década viene reivindicándose y reencontrándose, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), con tan solo dos años de vida, continúa perfilándose como el mecanismo de integración en función del bienestar de los pueblos, y en la búsqueda de la verdadera independencia.

Después de varios años de cambios en América Latina y el Caribe con la emergencia de Gobiernos progresistas, el tiro de muerte al proyecto neocolonial estadounidense del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), y el surgimiento de mecanismos de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el continente, desde el Río Bravo hasta la Patagonia, sumadas las islas caribeñas, dio el salto que mejor evidenciaba su giro político y sus deseos de hacer valer sus aspiraciones de independencia y soberanía. En 2010, los 33 Estados de la región acordaron en la Rivera Maya, México, constituir la Celac, que arrancó oficialmente en diciembre de 2011 durante la Cumbre fundacional de Caracas.

Por primera vez, Estados Unidos y Canadá quedaron fuera de una organización que tenía además el mérito de concertar, en su gran diversidad política, ideológica y cultural, una sola voz.

Pero su trascendencia histórica reside sobre todo en el apoyo latinoamericano y caribeño a Cuba, que en 1962 fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA), un ente cuya validez y existencia están en entredicho desde que tiene su justa antítesis en la Celac. Es además un mensaje contundente a la Casa Blanca, exigiéndole un cambio de conducta y política hacia la nación caribeña, que pasa ineludiblemente por el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero que le impone Washington hace más de 50 años.

La mayor prueba del vuelco transformador se patentizó cuando en enero de 2013, Cuba asumió la presidencia pro témpore de la Celac, la que ostenta hasta la próxima cumbre del organismo a celebrarse los días 28 y 29 de este enero, en La Habana, cuando la dirección será entregada a Costa Rica.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sintetizó muy bien la trascendencia de que La Habana ocupara el liderazgo del bloque, al afirmar que se trataba de una victoria contundente sobre el aislamiento y la política fracasada estadounidense y un verdadero cambio de época.

El hecho también encerraba en sí mismo el reconocimiento a la larga historia de resistencia de Cuba contra la injerencia y el imperialismo estadounidense. Se conmemoraba además el aniversario 160 del natalicio de José Martí, uno de los próceres de la independencia cubana y latinoamericana, y quien con su agudeza analítica y visión de profeta advirtió, desde tiempos muy tempranos, sobre las pretensiones de Estados Unidos en nuestro continente, y abogó por la construcción de la Patria Grande.

En este último año, Cuba, con su diplomacia y política exterior dinámicas, ha trabajado por insuflarle mayor fuerza a la Celac, tal y como fue el compromiso hecho por el Presidente Raúl Castro al recibir la batuta del ente regional.

El trabajo de la Isla ha estado focalizado en la comprensión permanente de la diversidad de los pueblos como base del fomento de la unidad enfocada en el bienestar común y en la lucha por la dignidad de los pueblos, así como el enfrentamiento a las amenazas, las agresiones y la injerencia externa.

Todo ello, a pesar de los escollos que podrían atentar contra la consolidación de esta comunidad, pues está claro que Estados Unidos busca la forma de aprovechar las diferencias políticas e ideológicas hacia el interior del organismo para minar el proceso de institucionalización del bloque.

No se puede desestimar que si entre sus miembros se encuentra el ALBA con sus principios progresistas de solidaridad y hermandad, apoyados por otros fuera de ese ente, como Argentina, Brasil y Uruguay, también están países como Colombia, México, Perú y Chile que, agrupados en la Alianza del Pacífico, persisten en la defensa del libre comercio y en otras políticas fracasadas. Aunque, hasta el momento, lo que ha primado es la capacidad común de trabajar en lo que los une y no en los que los diferencia.

En materia de política internacional, el bloque ha continuado avanzando en sus relaciones con actores internacionales de peso como el grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y su voz ha defendido en diversos organismos multilaterales las causas comunes de los pueblos latinoamericanos, como el reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas, entre otros.

Un proyecto humanista

Más allá de las políticas en el campo económico, enfocadas en el blindaje regional para enfrentar la crisis económica internacional y construir una nueva arquitectura, lo más significativo de la Celac es el consenso de sus 33 miembros en orientar sus políticas en el orden social hacia el fomento de la equidad, la inclusión, y la erradicación del hambre y la pobreza.

Bajo el mandato de Cuba, han tenido lugar varias reuniones sectoriales a nivel ministerial con agendas centradas en las prioridades de la región. Ejemplo de ellas, el encuentro de los ministros de Cultura, realizado en Paramaribo, Surinam, en marzo último, y el primer foro de ministros de Educación, que tuvo por sede a La Habana en abril, en el que se abordó la lucha contra el analfabetismo, la formación de personal docente, la calidad de la educación básica, la atención a la primera infancia, los indígenas y los afrodescendientes.

Igualmente destaca el encuentro celebrado en julio, en Caracas, Venezuela, que reunió a ministros de las áreas sociales, en el que se discutieron tres temas esenciales para el bloque: educación, alimentación y salud, como derechos de los pueblos y no como negocios.

Bajo el lema Por la erradicación del hambre y la pobreza, los ministros intercambiaron experiencias acerca de los programas ejecutados por los distintos países en materia de educación, salud y alimentación, y formularon propuestas para que sean ejecutadas en los 33 Estados.

De hecho, 16 países de América Latina y el Caribe han cumplido la meta de reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre, y otros han realizado progresos, cuando aún faltan dos años para cumplirse el período fijado por los Objetivos del Milenio, lo que permite abrigar esperanzas de que la actual generación de latinoamericanos y caribeños podría ver erradicado ese flagelo en la región.

Según el último estudio anual de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU (FAO), titulado Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe, en los últimos 20 años, el índice de hambrientos en la región descendió de 14,7 a 7,9 por ciento, contabilizándose actualmente 47 millones de personas afectadas por ese mal, tres millones menos que lo reportado en el trienio 2008-2010.

Los indicadores de pobreza e indigencia también han descendido. En 1990, se registraba un 48,4 por ciento de pobreza y 22,6 por ciento de indigencia, datos que en 2012 —los últimos con los que cuenta la FAO—, decayeron a 28,8 y 11,4 por ciento, respectivamente.

Según el Panorama, el comportamiento favorable de estos dígitos estuvo determinado por «el virtuoso ciclo de crecimiento económico de los años 2000». Y aclara que tras estos importantes progresos se encuentra la voluntad y el compromiso políticos de actores y Gobiernos involucrados en la lucha contra el hambre y la desnutrición, que «se materializan en un conjunto de políticas públicas de corto y largo plazos, cada vez más afinadas».

El compromiso político en ese sentido quedó consignado, entre otros, en la Declaración de Santiago de Chile, de la Celac, a principios de 2013, a través de la cual sus miembros se comprometieron a promover la seguridad alimentaria y el apoyo a las más importantes iniciativas internacionales en este ámbito.

En estos sectores sociales, Cuba ha mostrado al resto de América Latina y el Caribe su quehacer en el mejoramiento y universalización de estos derechos humanos, lo que en las circunstancias de la Isla ratifica que lo fundamental es la voluntad política.

Estos temas también están en el centro de las preocupaciones de otros mecanismos de integración como el ALBA, Petrocaribe y Unasur.

La lucha contra el hambre y la pobreza estará también en la agenda de la Cumbre de La Habana, encuentro llamado a proponer una agenda social con acciones concretas para erradicar esos flagelos, más allá de solo discutir sus causas.

Así, la Celac continúa avanzando hacia visiones comunes entre todos sus miembros, con la mirada certera en los problemas que desgarran a Nuestra América. La próxima cita será una oportunidad, no solo para evaluar cuánto se ha avanzado, sino para poner los ojos en el futuro del bloque y sus retos.

JR

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