Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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La «niña» doctora de Caripito

Liusby Cabellero Vázquez

Maturín, Monagas, Venezuela.— Llegaron a confundirla con una niña. De manera que, con sus 23 años bien disimulados, tuvo que demostrar más que el conocimiento acumulado en la Universidad matancera Eusebio Hernández para que la miraran como a toda una doctora.

Esa fue su primera prueba apenas empezó a trabajar, en diciembre de 2012, en el Centro Médico de Diagnóstico Integral (CDI) Alberto Millán, de Caripito, en el municipio de Bolívar, situado a dos horas de la capital del estado de Monagas.

Venció rápido el escollo, pero de inmediato sobrevinieron otros fogueos, los del alma, que son más difíciles que los de la vida práctica. Una de sus primeras guardias, por ejemplo, acaeció el 31 de diciembre, en espera del 2013, y no pudo sujetar el gemido por más que se abrazó a sus compañeros de trabajo y contempló los fuegos de artificio en la distancia.

«Vivo con mi mamá, siempre celebré esa fecha junto a ella o a veces con mi papá. Verme aquí solita, lejos de los dos, me puso mal», me confesó en la arrancada misma de la entrevista, realizada en un salón contiguo al Departamento de terapia intensiva en el que labora.

Pero no solo dialogamos sobre los desafíos profesionales y humanos que impone cualquier misión en la República Bolivariana de Venezuela. Liusby Cabellero Vázquez tiene el verbo con ala fácil y puede revoletear con él en poco tiempo las calles de su Colón, los ancestros de Los Arabos o los campos de Jagüey Grande, donde estudió el Preuniversitario. Y no se perturba por las preguntas indiscretas o directas.

—¿Qué fue lo que más te sorprendió de este país… si te sorprendió algo?

—Unas cuantas cosas me llamaron la atención, pero algo que no esperaba era la manera de hablar. Cuando la primera persona fue a la consulta y me dijo: «Tengo una broma aquí en el codo», me quedé loca; después entendí que una broma puede ser cualquier cosa, desde un dolor, un calambre hasta un grano.

«Y también pueden decirte: “Doctora, tengo una vaina, una verga —término que aquí se usa con naturalidad—, o un paño” (que es una mancha blanca). Pero se le va buscando el sentido a todo y una se acostumbra.

«Desde el punto de vista médico me sorprendió ver aquí en este rincón de Monagas los síntomas producidos por la Palometa peluda, que es una mariposa de la que no conocía y que provoca mucha urticaria en la piel».

—Cumpliste 24 años en enero, estás entre los cooperantes cubanos más jóvenes en Venezuela. ¿No será demasiada juventud para cumplir bien una misión que no depende solo del deseo?

—Creo que muchos de los más viejos tuvieron su primera oportunidad cuando eran tan jóvenes como yo, o más jóvenes incluso. No me parece que la juventud sea una limitante.

—Claro. Lo que quiero decirte es que, a tu edad, no bastan los anhelos de hacerlo bien ni todo lo aprendido en las aulas.

—Es cierto que hay que crecerse aquí. Así mismo. No basta con lo que te enseñaron en el aula porque la disciplina es máxima, la responsabilidad crece. Hay que levantarse mucho la autoestima, constantemente, decir y demostrar que se puede. Y me parece que esto requiere valentía, coraje, esfuerzo, moldear el carácter y mucha paciencia. Muchos no imaginan cuánta paciencia hace falta para llevar esta misión adelante.

—¿Por qué médica intensivista?

—Desde que estaba en la Universidad me encantaban los cuidados intensivos y en sexto año cursé el diplomado en esa materia, que acabó de fascinarme. Y en Matanzas, en los meses que trabajé en el hospital provincial, fueron precisamente en la atención al grave.

«El que está en una sala de terapia intensiva tiene que aumentar la velocidad de reacción sobre todo cuando el paciente llega entre la vida y la muerte. La adrenalina aumenta, el corazón se te acelera cuando atiendes un caso complicado, como un paro cardiorespiratorio, en el que en unos segundos debes comenzar el proceso de salvar a una persona».

—¿Qué pasa por tu mente cuando un paciente no tiene un final feliz?

—Estudié para mejorar la vida de los seres humanos, para salvarlos. Cuando eso sucede me deprimo, aunque hay situaciones en que aunque hagas lo que hagas, ese final infeliz va a llegar de todas formas. Pero a mí me pasan muchas cosas por la cabeza: cuánto más pude hacer, que me quedó por hacer. Es una autoevaluación constante que surge del ansia de salvar a la gente.

—¿Cuántos días malos emocionalmente has tenido aquí?

—Varios, cómo no. A ratos, cuando hablo con mi mamá por teléfono, me sube un «gorrión» tremendo. Lloramos las dos juntas. Y a veces una se levanta pensando en su casa y en Cuba y no tienes ni ganas de hablar, es la verdad.

—¿Qué haces para superarlos?

—Me digo que hay que volver a empezar, que para atrás ni para coger impulso. Y que mañana va a llegar, y después llegará otro día, y luego otro. Que otros lo hicieron y en peores circunstancias; por qué no yo.

—¿Tus padres, qué dicen?

—Ambos están orgullosos. Mi mamá, como es enfermera de mucha experiencia y tiene 60 años, sabe cuánto aporta esta tarea en todos los sentidos, aunque nunca salió del país y tampoco eso está en sus expectativas. Y mi papá cumplió misión internacionalista en Angola en los años 1986 y 1987. Conoce cómo es esto.

—¿Habías montado antes en avión?

—Jamás, ni había cocinado nunca, ni había llevado una vida de casa con gente que no fuera mi familia. Todo eso y más lo viví aquí por primera vez.

—¿Todavía algunos te siguen viendo como una niñita?

—Ya pasa menos, porque las personas de Caripito me conocen. A veces llega alguien que no se ha atendido conmigo y me dice: ¡Usted es doctora, tan chiquita, tan joven y flaquita! Pero no me molesto. Eso me motiva a elevar la seriedad, el afecto a los demás, el estudio y la profesionalidad.

Comentarios

13,mayo,2014 | 16:13 pm
Sara Fernández dijo:

Excelente Médico y ser humano, la Dra. Liuvi Caballero..! Decirlo es sencillo pero vivirlo es otro cuento…. Muy jovial, entregada a su trabajo, siempre sonriente, amable pero exigente en su profesión!
Mil cariños, Liuvi…. se te aprecia aca en Mi Bella Venezuela, no lo olvides!

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