Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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La otra universidad fue posible

CARACAS.-Cuando hoy más de 8 000 venezolanas y venezolanos –desde jóvenes hasta personas mayores–, reciban sus títulos de médicos integrales comunitarios, el mundo estará asistiendo a la mayor graduación de especialistas en estas ciencias de la que se haya tenido noticias.

Será, además, la concreción de un nuevo paradigma universita-rio que se ha estado reclamando desde hace varias décadas entre las corrientes progresistas de la comunidad académica interna-cional y en los foros temáticos multilaterales.

Se promueve como política adecuada desde la Conferencia In-ternacional sobre Atención Primaria de Salud de Alma-Ata, rea-lizada en Kazajistán entre el 6 y el 12 de septiembre de 1978.

“La medicina primaria es un esquema legitimado y muy bien es-tructurado. Se estima que entre 80 y 90 por ciento de los pro-blemas de salud pueden resolverse a este nivel, a través de una adecuada orientación y de acuerdo a cada paciente, porque para los médicos no existen enfermedades, sino enfermos”.

Así señala a JR el doctor Antonio Torres, coordinador nacio-nal del programa de formación de Medicina Integral Comunitaria (MIC) del Ministerio de Educación Universitaria de Venezuela.

“Cuba, y ahora nosotros –además de experiencias locales en Canadá–, ha sido la nación que ha asumido como propio este mo-delo. Lo ha implementado, enriquecido y perfeccionado en la te-oría y la práctica. Ahora nosotros somos acreedores de ese pa-trimonio científico, humanista y solidario.

“Y Cuba, se conoce, tiene un sistema de salud, una maestría profesional y unos índices sanitarios de los más envidiables y mejores del planeta. Hemos tenido, así, el privilegio de des-arrollar nuestra experiencia desde la experiencia de la mejor escuela.

“Ha sido un trabajo de equipo. Involucra a varias de nuestras universidades y a casi todos los municipios del país, lo que nos ha permitido tener hoy una matrícula por encima de los 26 000 alumnos en MIC, entre el adiestramiento para la carrera, con el curso premédico, a los que ahora se gradúan tras seis años de continuo estudio y trabajo en las bases.

“Nuestros profesores son miles de docentes de la Isla. Médi-cos de la más elevada calificación que colaboran en las misio-nes Barrio Adentro I y Barrio Adentro II. Trabajan en las áreas de salud, desde las comunidades a centros de alta tecnología.

“O sea, es el resultado de las grandes políticas sociales de la revolución bolivariana. De su compromiso con la salud y el bienestar. De que en Venezuela, la medicina ha dejado de ser un privilegio para convertirse en un derecho.”

SUBTITULAR: “SUPERÁNDONOS A NOSOTROS MISMOS”

La Universidad Bolivariana de Venezuela, la de los Llanos Oc-cidentales Ezequiel Zamora, la Nacional Experimental de la Fuerza Armada, la Francisco de Miranda, la Rafael María Baralt y la Rómulo Gallegos son los seis centros de altos estudios que acogen de forma institucional a los 26 000 estudiantes entre los que inician, cursan o ahora terminan la carrera MIC.

El joven de 26 años Yerbis Delgado estará entre los más de 8 000 que reciban hoy su título de doctor en medicina.

“Del muchacho que en el año 2005 logró pasar las pruebas de aptitud al profesional en que ahora se ha convertido, quienes mejor hablan son los residentes de La Quebradita, una de las tantas parroquias de la Ciudad de Caracas que a lo largo de un sexenio los han visto crecerse como individuos valiosos, mejo-res seres humanos, y personas útiles”, dice Mirger Mujica.

“No ha sido fácil –añade Yerbis. Hemos tenido que superarnos a nosotros mismos. Y también enfrentar las campañas de difama-ción de los medios de comunicación burgueses. Ellos no aceptan la capacidad de la revolución bolivariana para, en poco más de una década, ir dejando atrás las decenas de años de exclusión a que fueron sometidas las inmensas mayorías.

“Sin embargo, para su pesar, la propia gente es testigo del esmero con que se nos ha preparado y de los resultados que hemos obtenido, desde la prevención de enfermedades, al dia-gnóstico y atención integral a los pacientes”.

Para Luz Galavis, también graduante de MIC, la ceremonia de conclusión de carrera a celebrarse hoy en el Paseo de los Pró-ceres –uno de los sitios históricos más emblemáticos de este país– es una demostración fehaciente de una “política de in-clusión y universalización de la enseñanza como la que ha re-clamado la UNESCO para todos los países del mundo”.

SUBTITULAR: METODOLOGÍA RIGUROSA Y APRENDIENDO HACIENDO

A Carabobo se le conoce por su gran potencial industrial. Co-laboran aquí más de 2 000 médicos cubanos. Se les puede ver en casi 600 consultorios, 48 áreas de salud, 47 Centros de Dia-gnóstico Integral y otras dependencias sanitarias.

Aquí concluyen sus estudios 822 nuevos galenos. Para el inge-niero Andrés Romero, coordinador del Consejo Académico y el Programa MIC local, por la Universidad Rómulo Gallegos, el des-empeño de su alumnado “están entre los primeros en resultados académicos, organización y participación”, dice orgulloso.

“Es un botón de muestra; un camino de amor, conciencia y com-promiso de alumnos, profesores y trabajadores –tanto venezola-nos como cubanos—, con el que hemos ido construyendo el modelo de medicina que necesita hoy con urgencia la humanidad”.

Marlin Mejías, estudiante de 5to año de MCI en La Guaricha, pasa más de 16 horas “preparándose y aprendiendo”.

El tiempo que le dejan libre las obligaciones curriculares, lo aprovecha “para ayudar y seguir aprendiendo en el CDI de mi comunidad, un barrio pobre donde no teníamos acceso a un médico hasta que primero llegó Barrio Adentro I y luego se levantó es-te complejo. Y ahora, por esas vueltas que da la vida, y gra-cias a Dios y a Chávez, muchos nos convertiremos en guardines de vida, de la de nuestra propia gente.

“Hemos ido estudiando en los consultorios, en los centros de diagnósticos y rehabilitación, y también en los hospitales, donde se nos ha preparado metodológica y técnicamente como en cualquier universidad tradicional, o mejor aún. Hemos aprendido haciendo. Hemos aprendido desde la vida, y no desde la muerte.

“Así es como los profesores nos han explicado una de las fi-losofías de esta carrera. En otras escuelas de medicina los alumnos han de aprender todo lo concerniente a la especialidad en cadáveres, esquemas, maniquíes. Nosotros no, vemos y segui-mos a nuestros maestros mientras atienden a los pacientes, a nuestros vecinos, y muchas veces a nuestros propios padres e incluso hijos, porque bastante de nosotras somos madres.

“Unas cuantas éramos jóvenes –muchas, madres solteras— que parecíamos condenadas a la casa y criar hijos. Sin embargo, gracias a esta oportunidad, a este programa de universaliza-ción, inclusivo, de acceso para todos a estudios de la más alta calidad, somos ahora mujeres preparadas para no solo cuidar a nuestros hijos e hijas, sino a todos los que necesiten de la mano tierna y fecunda, sólida y dulce, de una doctora.

“Yo soy, ahora, una de ellas”.

René Tamayo León

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