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Marielis, la niña venezolana que recobró la esperanza en La Pradera cubana

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Una gran sonrisa le ilumina el rostro, su mirada tierna, inocente, llena de esperanza, transmite sus ganas de vivir más. Su deseo de compartir con su querida madre, a quien abraza y besa en la mejilla con fuerza, forma parte del sueño, que desde Cuba, aspira disfrutar la dicha de dormir en una casa propia donde la acompañen sus cuatro hermanos, Julio, Michael, Fabián y Jesús.

Esa es Marielis, una niña de 12 años de edad llena de energía, alegre, inteligente, a quien le brota el amor, la hija de María Isabel Gutiérrez, una mujer luchadora, incansable y decidida que nació en Santiago de Chile y llegó a Venezuela a los siete años de edad.

Marielis nació prematura a las 20 semanas de gestación. A los tres meses de nacida comenzó a presentar cifras tensionales altas. Lo normal de estas medidas oscila entre 120 a 80 pulsaciones, las de la niña estaban en el renglón de la hipertensión, entre 140 a 90.

María Isabel, su madre, desde que tenía tres meses de nacida comenzó a tratarla con distintos especialistas, pediatras, cardiólogos, neurólogos, pero no encontraba respuestas. Sin embargo, Marielis desarrollaba su vida con normalidad hasta que cumplió cinco años, en ese momento sufrió un primer accidente cerebrovascular isquémico.

“Quedó desvanecida, sin caminar, tuvo muchas fallas, problemas respiratorios, le pasaron muchas cosas en ese tiempo. Durante un año fuimos a rehabilitación y no tuvimos ninguna respuesta de que ella volviera a caminar”, explicó María Isabel.

Un año más tarde, aún sin haberse recuperado, Marielis sufre un segundo evento isquémico. “Fue un accidente cerebral bastante fuerte por una tensión que llegó de 190 a 150. Después de eso, a los 7 años, le repite un tercer accidente, donde se le hicieron muchos estudios para ver por qué venían esos eventos isquémicos, para saber por qué tenía la tensión alta y no hubo respuesta”.

María Isabel acompañó a Marielis en un hospital por más de seis meses sin conseguir respuesta, los especialistas hicieron todo lo posible para determinar la enfermedad que le hacía tanto daño a la niña, pero no había resultado y ya el dinero escaseaba. La doctora encargada decidió darle de alta porque ya no podían hacer más nada por ella.

“Decidí vender la casa”
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“Se le hicieron estudios que eran demasiado caros, otros estudios que se hacían en el hospital, y faltaba dinero para seguir adelante con ella, en ese momento decidí vender la casa, mis corotos, y quedé completamente sin nada pero no me dolió porque todo era para ella, al final de cuentas era la salud de mi hija”, recuerda María Isabel sobre aquel momento, donde no solamente cargaba con Marielis, también con su padre que padecía discapacidad en sus miembros inferiores.

“Después que vendimos todo eso, no conseguí respuesta sobre la enfermedad de la niña (…) yo no tenía ningún tipo de ayuda de dinero, pero eso a mi no me importaba, tenía el apoyo de mi mamá y la mi papá que en aquel tiempo estaba vivo, también la ayuda de mis hermanos, y así salimos adelante”, comentó María Isabel quien vivía para ese entonces con su familia en Puerto Ordaz, estado Bolívar.

En busca de una solución, María Isabel decide irse a Caracas, “sin conocer a nadie, sin saber lo que iba a pasar conmigo”.

“Gracias a Dios encontramos una muchacha que nos tendió la mano, nos llevó con un médico que ella conocía, él era de Barrio Adentro. El primer día que la atendió (a Marielis) ella tenía una tensión de 130 con 100, estaba casi al tope, por eso él decidió que la vieran otros especialistas que precisamente había salido de aquí de La Pradera, y son ellos quienes deciden mandarla para acá”.

La Habana, Cuba

Marielis posee una enfermedad mitocondrial progresiva, una afección bastante complicada como lo define su propia madre, que a medida que avanza en edad, le genera problemas en distintas partes en la movilidad de su cuerpo y la función de sus órganos vitales. Su movilidad en brazos y piernas, así como las funciones en riñones, pulmones y corazón se complican cada vez que sufre accidentes isquémicos.

En este momento, Marielis y María Isabel se encuentran Cuba, en el Centro Internacional de Salud La Pradera, un espacio ubicado al oeste de La Habana, que sirve como sede principal del Convenio de Salud que el 30 de octubre del año 2000, suscribieron los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez como parte de la cooperación entre ambas naciones latinoamericanas.

Marielis y su madre viajaron por primera vez a La Habana en 2012 gracias al Convenio Cuba-Venezuela. En esa primera visita a la isla caribeña, los médicos cubanos iniciaron el tratamiento médico a la niña y determinaron la enfermedad que padecía.

En La Pradera, lugar de acogedor ambiente natural, donde la brisa es fresca y la amplia vista se llena con extensas áreas verdes, entre espaciosas instalaciones hoteleras proporcionadas para una estadía de calma y reposo, Marielis recibe sus primeros tratamientos y por primera vez presenta una evolución positiva en su estado físico.

“Me fui el 11 de enero (2013) con mi hija caminando de aquí, caminaba con dificultad pero caminaba, para mi eso fue algo muy grande porque no había tenido respuesta de ningún tipo”, comentó con una sonrisa en el rostro María Isabel.

Reconsulta en familia

Luego de nueve meses en Venezuela, el pasado 8 de octubre María Isabel volvió con Marielis a La Pradera. La niña debía hacerse los chequeos respectivos para verificar su estado de salud, y como la enfermedad la ha venido afectando.

“Regresamos el 8 de octubre (2013) y hasta ahora ella (Marielis) ha manejado una tensión estable. En los chequeos descubrimos que ahora tiene líquido en las caderas y en las rodillas, también tiene una sinusitis aguda provocada por la evolución de la misma enfermedad, porque ella se fue completamente sana y sin problemas de aquí”, explicó María Isabel en una entrevista concedida en La Pradera.

En este proceso de reconsulta los especialistas realizarán una biopsia a Marielis con el propósito de obtener la respuesta si la enfermedad que sufre va a seguir avanzando o no. “Yo confío en Dios que la enfermedad no va a seguir y que mi hija va a recuperarse”, recalca María Isabel al tiempo que Marielis la observa y le estampa un abrazo y un beso en su mejilla.

María Isabel destaca además que todo el avance que ha mostrado su hija desde que visitó Cuba por primera vez, se ha logrado por la gran solidaridad, humanismo y calor familiar que le han dado las personas que laboran en La Pradera.

“Aquí tenemos desayuno, almuerzo, cena, merienda, paseos de fin de semana a La Habana, juegos con los niños, se hace deporte, se comparte mucho con la gente, es algo muy lindo”, comenta María Isabel.

“Gracias a este convenio he podido encontrar muchas respuestas que anteriormente no tenía, el trato de los médicos es excelente, ellos están muy pendientes, ellos se integran con el paciente, porque no son sólo médicos son familiares de uno, son papá, mamá, hermanos excelentes, igual que las enfermeras y todos los trabajadores, por ejemplo, mi hija le dice abuelo al doctor”, expresa.

“Eso es algo que los venezolanos debemos aprender”, reflexiona, “La cordialidad, la forma de tratarnos, el humanismo que tienen los cubanos, son gente muy humana y no les importa ni el color ni la raza, el cariño siempre es el mismo, siempre está ahí, siempre te lo están brindando. Venezuela es maravillosa pero hace falta ese humanismo en la gente”.

“Yo creía que esto era sólo para los ricos”

Durante al menos cinco años, María Isabel cargó a cuestas un peso que pudo haber aliviado mucho antes. Estaba desinformada, no sabía sobre el convenio Cuba-Venezuela, y cuando algunas personas se lo mencionaron, ella pensaba que “eso era para los ricos”.

“A mi me hablaban de un convenio y yo decía que eso era nada más para los ricos, y discutía eso con la gente, no creía en eso. Mi papá era una persona con discapacidad y bueno el falleció hace tres años, pero si yo hubiese conocido esto con más tiempo, estoy segura que yo tuviera a mi papá todavía aquí. Definitivamente esto hay que vivirlo en carne propia para saber que sí existe y que sí nació en revolución (…) Hace muchos años salimos de Chile para llegar a Venezuela, y fue en Venezuela donde aprendí qué es la revolución, qué es la libertad y qué es sentirte libre, opinar, que no te cohíban de hablar y decirle muchas cosas a la gente”, expresó.

María Isabel considera que aún hay personas que no saben la existencia de este convenio con Cuba, que ha logrado atender hasta la fecha a 58.500 venezolanos.

“Uno a veces no quiere abrir los ojos y yo cuando vine por primera vez y los abrí, dije que esto era tanto para ricos como para pobres, eso cambió toda mi forma de pensar, sobre todo cuando muchas personas me dijeron que mi hija va a salir de aquí bien. Aún hay muchas personas que todavía no creen, hay personas que no saben que esto existe, y que si supieran vinieran a tratarse aquí”, declaró.

Para la madre de Marielis esta oportunidad de tratar a su hija no la hubiese podido conseguir en un país con un sistema basado en el capital, pues considera que el socialismo es la única vía donde las oportunidades son tangibles.

“Esta oportunidad en otro modelo de país no la hubiese tenido, ni siquiera en Venezuela antes de Chávez, porque desde que el presidente Chávez llegó se dieron muchas misiones, yo, por ejemplo, empecé a estudiar de noche, tuve la oportunidad de hacerlo, pero lamentablemente no pude terminar porque tenía dos cargas, mi padre y mi hija, pero todavía tengo tiempo, porque no le tengo miedo ni al trabajo ni al estudio, ni a nada. Fueron muchas cosas que fueron saliendo con esta revolución, eso es lo bonito”, recalcó María Isabel quien además manifiesta sentirse orgullosa de ser venezolana.

“Gracias a Dios ellos me están atendiendo”

Por su parte, la siempre sonriente Marielis, también sintió la necesidad de expresar su satisfacción de ser tratada en La Pradera, donde ha encontrado una mejor calidad de vida, luego de años de lucha.

“Aquí me siento bien, me han tratado bien, puedo divertirme, estar acostada, estar con mis amistades. Yo tengo una amiga que está en rehabilitación y tiene 12 años, nosotras jugamos y hacemos muchas cosas finas. Hace unos días hicimos un video gracioso y me divertí”, comenta sonriente Marielis sentada en su silla de ruedas.

“Yo quiero agradecer muchas cosas, a los médicos que me han atendido, gracias a Dios ellos me están atendiendo”, resalta la niña.

Sin embargo, la esperanza de Marielis va más allá, ella está convencida de que vivirá muchos años más. Ahora, su deseo más próximo y más tajante es el de tener una casa propia donde disfrutar con su familia, para ello aprovechó de enviar un mensaje desde su corazón al presidente de la República, Nicolás Maduro.

“Al presidente Maduro quiero decirle que ojalá me pueda estar escuchando, porque lo único que quiero es una casa para vivir con mi mamá y mis hermanitos, es lo que más quiero, porque tengo cuatro hermanos, Julio, Michael, Fabián y Jesús, yo soy la menor”, expresó Marielis quien al ver a su madre al lado enjugándose las lágrimas, se sonrió, la abrazó y le dio como acostumbra, un beso fuerte en la mejilla como el gesto más sincero de amor que le tiene a su madre.

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