Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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Otro camino fue posible

ALBA

Solidaridad, complementariedad, justicia y cooperación fueron los principios defendidos por el proceso de integración erigido como alternativa a la hegemonía del capital que amenazaba nuevamente con expandirse por América Latina y el Caribe. La única opción fue unirse y crear una instancia promotora de un comercio equitativo entre los pueblos, ideal defendido por los próceres independentistas siglos atrás.

Fue cuando surgió la Alternativa Bolivariana para los Pue­blos de Nuestra América como opción frente al Área de Libre Comercio para las Américas, el plan de Washington que abogaba por retomar viejas prácticas con nuevos métodos. El 14 de diciembre del 2004 la capital cubana fue testigo del sepulcro de la estrategia norteamericana. Ese día, los Comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez firmaron la Declaración Conjunta y echaron a andar un andamiaje regional que, diez años después, demostró que otro camino fue posible.

En el 2009 en una Cumbre Extraordinaria en Venezuela, se decidió nombrarla como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), como reflejo de su fortalecimiento.

Al respecto, el entonces presidente venezolano, aclaró que no era una modificación semántica sino de códigos, de sentido y de fondo, pues el ALBA había pasado de propuesta teórica a plataforma política territorial, geopolítica y de poder.

Al proyecto de Cuba y Venezuela se unieron paulatinamente Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y Santa Lucía. Estos países suman una población de 74 millones de personas en una superficie de tres millones de kilómetros cuadrados, según el informe de gestión que abarca la década desde su creación.

El ALBA-TCP es una alianza que a lo largo de los años ha ido ganando prestigio político en temas referentes a la defensa de los Derechos Humanos y de la Madre Tierra; contra el intervencionismo y en favor de la preservación y restablecimiento de la paz, y el apoyo a la autodeterminación de los pueblos. También se destaca su activa participación en la construcción de un nuevo orden mundial pluripolar.

El mecanismo de integración regional —que cosecha importantes logros desde el punto de vista social como la reducción de la mortalidad infantil en el área en 5,1 % desde el 2004—, se ha dedicado en los últimos años a profundizar en el tema económico, teniendo en cuenta que el Producto Interno Bruto (PIB) conjunto ha aumentado de 248,3 miles de millones de dólares a 330,7 miles de millones de dólares entre los años 2005 y 2012.

El espacio geográfico comprendido por los Estados miembros del ALBA-TCP posee el 71,6 % de las reservas probadas de gas de toda América Latina y el Caribe, lo cual equivale a 7 000 millones de toneladas métricas aproximadamente. Re­salta además como uno de los lugares del mundo con mayores producciones mineras de aluminio primario y hierro, plomo mina, zinc mina, plata, litio, estaño mina y refinado y de níquel.

En el 2008 se fundó el Banco del ALBA, con el objetivo de consolidar la plena soberanía e independencia financiera y económica de los países miembros. Esta entidad se caracteriza por respaldar económicamente proyectos que enfaticen el desarrollo social, sin exclusión de ningún tipo.

Durante el propio año también quedó instituido el Sis­tema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), como un primer paso hacia la consecución de la moneda común.

Ahora el ALBA-TCP avanza hacia la creación junto a Petrocaribre y el Mercado Común del Sur (Mercosur), de una Zona Económica Complementaria, con el objetivo de dinamizar sus relaciones políticas y económicas, potenciando el desarrollo del comercio justo y equilibrado que responda a los más altos intereses de desarrollo de los pueblos.

Según analistas, la creación de esta zona económica impulsará la integración regional bajo principios humanistas y ju­gará un rol estratégico en la lucha contra el hambre y la pobreza en la región. Facilitará nuevos espacios de participación para los movimientos sociales y el surgimiento de una nueva dinámica de intercambio cultural entre los pueblos de Nuestra América.

Además, la completa sinergia entre el ALBA-TCP, Petro­caribe, Mercosur, y la Comunidad del Caribe (Caricom), allanará el camino para la conformación de un bloque político y económico más amplio y fuerte, que oriente la integración de la Patria Grande en torno a la aún joven Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Granma

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