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Pueblos diversos, retos comunes

La colaboración en materia de salud ha sido uno de los pilares en la relación de Caricom con Cuba. Foto: Juvenal Balán

La colaboración en materia de salud ha sido uno de los pilares en la relación de Caricom con Cuba. Foto: Juvenal Balán

Detrás de las palmeras y playas paradisiacas del Caribe, está la realidad de naciones saqueadas durante siglos que trabajan por superar una herencia de desigualdad y subdesarrollo.

El político dominicano Juan Bosch calificó la región como una frontera imperial, donde estaban en disputa las cuotas de poder del nuevo mundo. Durante el apogeo colonial, las pequeñas islas del Caribe —con sus producciones de azúcar, café y tabaco— generaban más riqueza para las metrópolis europeas que el resto del continente americano. Sin embargo, entrado el siglo XIX, eran mucho más pobres y dependientes.

La monoproducción, el despliegue de personas de casi todas las potencias de la época y el arribo de millones de africanos como mano de obra esclava, crearon el abanico cultural, político e idiomático que hoy identifica a los caribeños.

Las metrópolis y las oligarquías estrafalarias siempre apostaron por mirarse el ombligo. Pero cuando la mayoría de las naciones del Caribe insular obtuvieron su independencia, la integración apareció en el horizonte.

En la visión de sus líderes y pueblos primó la certeza de que enfrentan realidades y retos comunes, y que en el complejo escenario geopolítico de la modernidad no han desaparecido los intentos de dominación.

En 1973, la fundación de la Comunidad del Caribe (Cari­com), fue un paso clave en la búsqueda de la unidad, la superación de la pobreza y la elevación de la calidad de vida de su más de 17 millones de habitantes.

Ahora el bloque se proyecta hacia el futuro, pues el mismo mar que antes albergaba piratas y filibusteros, hoy presenta nuevos retos de seguridad como el narcotráfico y la trata de personas, a lo que se añade los índices de violencia y una deuda social difícil de saldar.

En la reunión XXXV de los jefes de Estado y de Gobierno de Caricom, celebrada en Antigua y Barbuda en julio de este año, fue aprobado un plan estratégico para el próximo quinquenio que pretende reposicionar al bloque en el contexto interna­cional.

El plan supone una serie de reformas institucionales y medidas perentorias como establecer un espacio económico único.  Pretende también la construcción de capacidades de recuperación ante las crisis financieras, de protección del medio ambiente e innovación tecnológica.

Todo esto permitiría la creación de un entorno propicio para la estabilización de las economías de los pequeños estados miembros.  De la misma manera, sería el sustento de una mejora ostensible en  los sectores de educación, salud, reducción de los niveles de pobreza, acceso equitativo a las oportunidades de los grupos vulnerables y por consiguiente de la  seguridad ciudadana, entre otros aspectos.

UNA RELACIÓN EJEMPLAR
Sobran las razones geográficas y culturales para asegurar, sin temor a la duda, que el Caribe es el entorno geopolítico, natural e inmediato de Cuba. Sin embargo, la historia de nuestro país está ligada al destino de la Patria Grande descrita por José Martí.

Esa realidad dual convierte a la Mayor de las Antillas en un país bisagra que entiende a la perfección tanto los códigos del subcontinente como los de las pequeñas islas caribeñas.

A partir del gesto histórico de Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago —que establecieron simultáneamente relaciones diplomáticas con Cuba en 1972—, los nexos con los 15 miembros que conforman el bloque fueron en ascenso. A tal punto que en el 2002 se instrumentaron los mecanismos de las Cumbres Caricom-Cuba, cuya V edición se celebrará el próximo 8 de diciembre en La Habana.

El esquema de relaciones económicas y políticas entre Cuba y Ca­ricom se ha sustentado en la solidaridad, la cooperación y la complementación. Cuenta con innegables logros en las áreas de salud, educación, agricultura y enfrentamiento a los desastres na­tu­rales.

Nuevos retos como la amenaza global de la epidemia de ébola ratifican las ventajas de contar con mecanismos de transferencia de conocimientos y experiencias en el área de la salud entre la Mayor de las Antillas y el bloque.

Además, más de un millar de colaboradores de la salud cubanos trabajan en los países caribeños y varios miles de estudiantes de esas naciones se han graduado en nuestro país de diferentes profesiones, en especial la Medicina, lo cual deja una huella visible en la región.

Esa forma de complementariedad, al igual que la Alba y Petrocaribe, sienta un referente para los empeños integracionistas mayores de América Latina y el Caribe.

No constituye un gesto simbólico el hecho de que en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), celebrada en La Habana a comienzos de este año, los líderes de las 33 naciones independientes de la región hayan decido ampliar la troika que encabeza el blo­que para incluir de forma permanente al país que presida Caricom.

Es un logro más en el reconocimiento pleno del Caribe dentro del contexto de América Latina y el Caribe, como parte inseparable del proyecto soñado por los próceres de nuestra independencia.

La cita del próximo 8 de diciembre sin dudas ratificará ese ca­mino y abrirá nuevas oportunidades para ampliar los intercambios políticos y económicos.

Granma

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