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Traídos de vuelta

Intervenciones quirurgicas

 

La criatura estuvo a punto de morir. Solo tenía 17 días de nacida cuando se produjo aquella broncoaspiración, acaso por la inexperiencia de la joven madre a la hora de darle la leche con un pomo.

Llegó al centro médico con parada cardíaca e hipoxia (falta de oxígeno), en brazos de la abuela. La mamá, de apenas 17 años, estaba en un mar de nervios y lloraba desconsoladamente.

«Inmediatamente entramos la niña al quirófano y comenzamos a reanimarla. Luego de unos 12 minutos logramos que saliera de la parada cardiaca, que era lo más difícil. Ya a las dos horas se marchó sanita para su casa», contó unos meses después el anestesiólogo Víctor Vicente Cañizares Céspedes.

Este doctor y los licenciados en Enfermería Delio López y Mariela Figueredo fueron los que salvaron a la pequeña, llamada Daomelis, quien reside en La Vega, una parroquia caraqueña donde sus gentes promedian bajos ingresos.

Hoy Víctor se ha convertido en un «tío» de la niña. Los familiares, de vez en cuando, la llevan ante él, para que la cargue, la mime y le mire la picardía de los ojos. «Es de las cosas lindas que me han pasado en la vida, algo que me ha marcado; ese día la madre, los abuelos de la niña y un grupo grande de vecinos lloraron de alegría cuando se iban, se fueron abrazados, con una gratitud inmensa», reconoció este galeno de 36 años, oriundo de la provincia de Sancti Spíritus.

Casos complejos

Esta no resulta la única historia estupenda nacida en el Centro de Alta Tecnología (CAT) María Genoveva Guerrero Ramos, ubicado en la urbanización de Montalbán III, el único de su tipo que funciona en el Distrito Capital.

Con frecuencia, venezolanos de todas las edades son salvados en esa institución, prestigiosa ya en el país por la calificación de los 80 cooperantes cubanos que trabajan allí y por lo avanzado de su equipamiento.

El propio Víctor puede contar otras anécdotas, como la del niño de 19 meses que fue llevado por sus padres casi sin poder respirar, con un shock anafiláctico producido por una inyección de penicilina. «Su familia vino sin conocer la gravedad que tenía, lo atendimos, lo intubamos y rápidamente fue trasladado a otro hospital. Hoy también nos muestran un gran agradecimiento».

O puede hablar la experimentada doctora villaclareña, especialista en Cuidados Intensivos, Bárbara Rafael Troy, de 63 años, quien cumplió dos misiones internacionalistas en Angola en tiempos de guerra en esa nación. «Aquí hemos tenido numerosos casos, pero uno de los más complicados fue el de una muchacha de 29 años con un embarazo extrauterino que llegó muy grave; la operamos y la salvamos».

Por su parte, el jefe de Terapia Intensiva, el doctor Hugo Labastida Fuentes, señala que este CAT, fundado en septiembre de 2007, sin ser una institución preparada en su concepción para complicaciones de envergadura, ha servido a pacientes con urgencias extremas y los ha defendido de la muerte.

«Hemos asistido a personas con dengue hemorrágico, hemorragia cerebral o trombosis. Nuestro cuerpo de guardia ha llegado a atender a más de 150 casos en un día; a veces con traumatologías importantes por accidentes. Y el índice de fallecidos es muy bajo».

Pero Hugo añade una arista, a veces no muy difundida: el servicio a los colaboradores cubanos. El CAT de Montalbán tiene entre sus tareas garantizar la asistencia a los que laboran en el Distrito Capital. Durante la visita de JR, por ejemplo, vimos los cuidados  a los compatriotas ingresados allí.

«No tenemos mucha capacidad para ingresos; pero nos esmeramos en proteger a nuestra gente. Esta misma muchachona que está aquí —nos dijo señalando a una colaboradora deportiva— tenía la hemoglobina baja por un fibroma. Ya se la subimos; ahora  irá a la patria para operarse y pronto se pondrá bien».

A todo eso se une el empleo de adelantos como la tomografía axial computarizada (TAC), la ecocardiografía, la videoendoscopia, y de métodos avanzados de estudio en el laboratorio clínico. Este —digamos— realiza 67 investigaciones; es decir, 67 tipos de análisis y atiende a diario a un promedio de 60 personas, como señala la licenciada en Tecnología de la Salud, Meiby Romero.

Retos

La doctora Marlene Gómez Muela, quien hasta hace unos días se desempeñó como directora de la institución, apunta que el objetivo esencial de este tipo de centro es complementar la atención primaria con servicios de avanzada tecnología. Por eso está comprendido dentro de la Misión Barrio Adentro II.

«Los médicos de familia pueden hacer así un diagnóstico oportuno. Por ejemplo, si tienen un paciente con un accidente vascular encefálico lo remiten aquí, se le hace una tomografía de urgencia y enseguida se le entregan los resultados».

Por cierto, a diario en ese centro se realizan más de 25 tomografías y un número similar de consultas de cardiología sin costo alguno para los enfermos, quienes en una clínica privada, por un mínimo estudio cardiológico, deberían pagar entre 700 y mil bolívares.

También a un número considerable se le realizan mamografías, o consultas en la sala de rehabilitación, de reconocido trabajo dentro del CAT.

«Ellos ya se han acostumbrado a esta gratuidad; lo ven como algo normal», comenta. «Entonces hoy las exigencias son mayores. Hay que buscar la excelencia. Es un reto; pero sé que no vamos a fallar».

Otros beneficios

Además de los demandados servicios de TAC, cardiología o del laboratorio clínico, el Centro de Alta Tecnología María Genoveva Guerrero cuenta con salas de rayos X, terapia intensiva, hospitalización; y servicios, entre otros, de endoscopia, transfusiones, oftalmología, fisiatría, hidroterapia, termoterapia, electroterapia, logopedia, foniatría, terapia ocupacional y un gimnasio de rehabilitación para niños y adultos.

De enero a mayo se atendieron unas 8 000 urgencias y el año anterior se realizaron unas mil cirugías menores. Bien temprano en la mañana es común apreciar largas colas para acceder a las diferentes consultas, signo, entre otras cosas, de alta demanda y de aceptación del servicio.

Osviel Castro Medel

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