Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

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Un encuentro entre campeones distintos

Una representación selecta de las glorias deportivas cubanas culminó en Venezuela una cita de reencuentro y descubrimiento.

deportistas cubanos

Seis nombres elevados de la historia atlética de la Isla anduvieron el mismo territorio que la mayoría de ellos había pisado ya, sea en sus años de campeones activos o como colaboradores de la misión Barrio Adentro Deportivo, y hoy regresan a Cuba cargados de nostalgias felices y admiración singular.

“Sí que me siento contento por estar de vuelta en el país de mi estreno internacional como atleta discapacitado. Fue exactamente en la ciudad de Maracaibo, aunque Venezuela es una sola tierra, y me abrió las puertas al éxito y al triunfo de Cuba en esta área”, enfatizó el guantanamero Juan Omar Turro, primer campeón paralímpico de la Isla, tras ganar el oro en los 400 metros planos para débiles visuales en Barcelona 1992.

“Sin embargo, admiro más conocer la obra profunda de contribución a la Revolución social que los cubanos realizan en casi cada rincón de esta nación. Ver esa disposición de muchos profesionales nuestros que combaten la pobreza en el terreno, ofreciendo salud, educación, deporte, cultura, sin importar las condiciones, me ha provocado un orgullo igual al que sentí con cada triunfo, con cada medalla ganada”.

Jorge Hernández, campeón olímpico de boxeo de Montreal 1976, exaltó la coincidencia de la visita con el Premundial clasificatorio realizado en el estado de Vargas; un momento en el que, dijo, “se me calentó la sangre y me dieron ganas de subir al ring”.

“Hace año y medio que terminé como entrenador del equipo nacional. Ahora trabajo con niños, y es por eso que me identifiqué muchísimo cuando vi a los colaboradores del deporte aquí, promoviendo los valores del deporte popular o del alto rendimiento. Hice lo mismo que ellos en el 2004, y conozco bien cómo esta contribución aleja a la gente de los vicios, de la delincuencia, y los termina haciendo mejores personas”.

Pero en la pasión, en el detenimiento con los niños, fue difícil superar al lanzador vueltabajero Omar Ajete. No hubo gimnasio, cancha, base de misiones que no fuera primero adonde ellos.

“Los niños son mi vida, y sé cómo les gusta el deporte, cómo los arrastra a aprovechar sanamente el tiempo libre, a ser solidarios y trabajar en equipo.

Fui parte de esto también del 2005 al 2007, pero ahora aprecio un trabajo más intenso, muy profundo cuando veo una labor conjunta del médico, el deportivo, el de cultura, muchachos muy jóvenes que llegan al corazón de las zonas más pobres.

“Claro, que también fueron días de nostalgias, de reencontrar amigos que jugaron conmigo a la pelota, y me instaron a volver. Entre ellos está Pedro Ávila, el director del equipo venezolano que estuve a punto de dominar por juego perfecto en los Panamericanos de Indianápolis 1987, el mismo día del cumpleaños de Fidel.

“En aquel momento me reportó como posible número uno del staff de los Marineros de Seattle, si yo desertaba. Hoy es mi amigo, y aquí lo vi de nuevo, como a varios jugadores de nuestras series, ahora colaboradores”.

Otra estrella deportiva que volvió en un abrazo entrañable a los días como entrenadora en Venezuela, fue la corredora Fulgencia Romay, integrante de aquel relevo corto de lujo que conquistó la plata olímpica en México 1968.

Sobre la pista, ahora modernizada, del principal estadio atlético de la ciudad de Barcelona, Fulgencia fue sorprendida por Jesús Velázquez, uno de los entrenadores que recibió sus lecciones entre 1990 y 1991.

“La recuerdo por su constancia, su humanismo, pendiente de los muchachos. Nos dejó un cúmulo grande de conocimientos. La vi entrar, y el cuerpo se me ‘espelucó’. Es la misma muchacha de entonces. Ojalá pudiera volver a trabajar ahora en la escuela de talentos”.

“Tenía la esperanza de encontrar a alguien de entonces, y se me dio —acota Fulgencia—. Ha sido emocionante, como mismo lo ha sido descubrir de primera mano esa obra social maravillosa que realizan nuestros médicos, deportistas, profesores, promotores culturales.

“Cuando yo vine, no había aún Revolución Bolivariana, y he podido comparar concretamente lo que ha ayudado a construir nuestra gente”, afirmó.

“Ellos también son campeones. Yo diría que ha sido un encuentro de glorias con otras glorias; porque estos muchachos y muchachas que están curando, llevando alegría, multiplicando hábitos sanos, merecen medallas todavía más grandes y valiosas que las nuestras”, expresó el campeón centroamericano de gimnástica y participante mundialista Eduardo Cachinero.

“Ha sido formidable la compenetración con los colaboradores, la población que nos reconoce en nuestros nombres, aunque no nos hayan visto nunca”, sentenció Mercedes “Mamita” Pérez, fundadora de aquella célebre formación de voleibolistas cubanas, que empezó a hacer una historia larga de éxitos al máximo nivel desde el mundial de la URSS en 1978.

“Es una experiencia estimulante para ambos lados. Para nosotros por el reconocimiento, y para ellos porque es como un pedacito de Cuba traído hasta Venezuela”.

En la última parada en Anzoátegui, al oriente del país —tras recorrer por varios días diferentes estados— el intercambio sella con broche de oro.

Hay un barrio muy pobre en Barcelona, y en la plaza deportiva muchos niños alrededor de los cubanos. Cachinero camina al revés sobre sus manos, Ajete juega bolos con los más pequeños, Jorge les enseña como guardar la cara y esquivar un swing, mientras Mamita arma una revolución de infantes con una pelota al aire.

No lo identifican en sus nombres, pero saben que son campeones. Por lo menos así se dan a querer, “porque así —dicen los mismos niños— siempre son los doctores y los profes cubanos”.

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