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Virus de amor y fe

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«Hola, soy el hijo de Félix. Me llamo Alejandro. Quiero agradecer a todos aquellos que de una forma u otra animan y dan esperanzas a nuestra familia y a mi padre. Quiero reconocer también a las autoridades de la Salud que hicieron posible que mi papá comenzara a recibir atención médica tan pronto y lo trasladaran a Ginebra para ser atendido con todos los medios. Yo sé que todo saldrá bien y en unos meses esto será solo una historia para contar. Por otro lado animo a los que aún están allá cumpliendo con su hermosa labor, a pesar del riesgo que implica, y les agradezco por cuidar de mi papá mientras yo no estoy, todas nuestras esperanzas están con ustedes. Un saludo a todos. Papá: sé fuerte, todo va a estar bien, aquí está toda Cuba esperando por ti».

Se leen estas caricias arrancadas del alma de un hijo lejano. Se leen y uno no puede evitar sentirse en su lugar. Sus palabras llegaron hasta la web de Juventud Rebelde, al espacio de los comentarios de los lectores, y a otras páginas digitales cubanas, bajo la nota informativa dada a conocer este miércoles por el Ministerio de Salud Pública, en la que se anunció el diagnóstico de ébola del doctor Félix Báez Sarría, especialista en Medicina Interna y miembro de la Brigada del Contingente Internacional Henry Reeve que se encuentra en Sierra Leona en el enfrentamiento a la epidemia.

Sus letras delatan que Félix es más que un médico valiente, porque logra también que su hijo escriba en una situación tan difícil para toda Cuba, con ese sentir que solo muestra el amor y la educación de su padre.

Y los sentimientos de sus letras los confirmamos en su voz, cuando una cadena de confabulaciones nos llevó hasta el teléfono de la familia del médico habanero.

Mientras de este lado del auricular los reporteros casi no atinábamos a preguntar, y le transmitíamos la solidaridad de los trabajadores de nuestro diario con su familia, al otro lado una voz tierna, pero firme, comenzó por agradecer profundamente a todos los cubanos el apoyo y la preocupación que les hace sustentar su fuerza y su fe.

Alejandro, quien nos reveló que tiene 18 años y estudia el segundo año de la carrera de Medicina, en la que sueña hacerse cirujano, nos confesó que su padre siempre le ha enseñado a hacer las cosas bien, lo mejor posible todo, y a querer y entregarse a los demás, de lo cual es una prueba la decisión de su carrera profesional.

La familia fue informada antes de publicarse la nota de la situación de Félix, y es informada regularmente sobre su evolución, por lo que tienen la certeza de que está siendo bien atendido.

Si algo da aliento a la familia en esta situación es el cariño del que se sienten rodeados, tanto por los vecinos del barrio como por los compañeros de estudio de Alejandro. «Me dicen que esté tranquilo, que podemos contar con ellos para cualquier necesidad».

Antes de ser diagnosticado de ébola Félix y Alejandro se comunicaban diariamente mediante correo electrónico. En esas líneas de amor ambos compartían sus haceres cotidianos. Alejandro le ponía al tanto de la marcha de sus estudios, mientras su papá le contaba los pormenores de su estancia en Sierra Leona, de sus impresiones sobre la llegada, sobre  la labor de la brigada médica cubana, que «hacía todo según lo que debía hacerse».

Sé que Cuba entera está pendiente de la evolución de mi papá, había comentado Ale FCB. Ese había sido el segundo comentario enviado por el joven con todo el agradecimiento de quien ahora mismo se nos antoja con los mimos de una anciana de su barrio que pretende calmar cualquier pena, con la dedicación de quien cerca o lejos no puede quedarse inmune al sentimiento de toda una familia angustiada por el padre que decidió salvar vidas.

Y por supuesto que lleva toda razón. Apenas se empezó a pasar la voz luego de la nota y ya los sentimientos de esta Isla se sacudían. Porque no hay temblor mayor que el que provocan los corazones unidos en una preocupación, una cuestión de ética, de humanismo, de identificación, de amor, un sentir pendiente de quienes nos sabemos deudores del cubano orgullo que llevamos, de cuantos valores han sembrado las cuatro letras que nombran este archipiélago.

«Quien como el doctor Félix Báez Sarría arriesga su vida en tan noble y humana misión tratando de salvar la de los demás, merece todo el respeto y la solidaridad del mundo. Le deseo una pronta recuperación para que pueda seguir asistiendo a los más necesitados», decía el cibernauta Modesto Reyes Canto en la misma caja de comentarios de JR, y ese sentimiento era el de muchos otros.

«Que dios bendiga a nuestro hermano. Toda la fe y la Esperanza están contigo», convocaba Ramón en ese portal, con toda la energía de las personas de bien, que también llaman los deseos  y la buena voluntad para acompañar a este «héroe de nuestro tiempo», como escribe quien se nombra El Viejo, mientras alerta de los millones que estamos atentos a Félix y con la mente positiva.

«Pongamos todos los cubanos nuestro pensamiento en la vida de este médico que deseamos que se recupere», llama Yanet. Otros calman a sus familiares, transmiten confianza al resto de los médicos.

«Confiemos en nuestra experiencia como profesionales de la salud y no en nuestro miedo como seres humanos», comentó José Diego Hdez. «Lucha por tu salud con la misma hidalguía que diste el paso al frente para ir a esta guerra sin fusiles», escribe M. Clara Castro.

Norma Sherwood transmite la seguridad de que Félix estará bien, porque es bien atendido y cuidado con amor y esmero. «Pronto nos enteraremos de su restablecimiento, porque él fue a hacer un bien y nunca recibirá un mal», envía con total justicia.

Así también se comunican los trabajadores de la fábrica de Cemento 26 de Julio. Y le siguen los eléctricos cubanos en Nicaragua. Cuba está con Félix Báez es una comunidad creada en Facebook este miércoles, #FuerzaFelix es una de las etiquetas que aparece en Twitter.

Hasta allí también llegan postales, letras y fuerza. Y un mensaje se trueca en otro, y todos los portales se inundan de fe y solidaridad. Porque la epidemia del ébola es contagiosa. Nadie lo duda. Pero con mayor rapidez y sin remedio se transmite este virus de amor y fe.

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