Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Maribel Acosta | Opiniones

¡Este pueblo está alborotao, Señores!

Eran las cuatro y treinta de la madrugada. Los canales de televisión, las redes sociales y el griterío general nos despertaron sobresaltados ¡Quiso la suerte que esté en Caracas! Llegó Chávez!!!! Y sus palabras de un significado inmenso: “Dios mío, ya estoy en Venezuela”. El día comenzaba activo y rotundo. La carta de Fidel a Chávez era leída por los medios de comunicación y una se sonreía una vez más… ¡Que tremendo Fidel!

En el camino hacia la universidad bolivariana nos interceptaban – la gente nos identifica por ese soplo de la Isla que una tiene aunque sea de cualquier color-. Nos decían: Llegó el presidente, estamos felices… Una mujer negra, vendedora de Parque Central me haló por el brazo, casi en un susurro y en franca alusión a los desvaríos sobre Cuba de la derecha de siempre, expresaba: Que bueno que llegó Chávez, también por ustedes, porque aquí hay algunos que les quieren reducir el mundo. Me quedé asombrada por su sencilla sabiduría y la nobleza del alma.

Llegamos a la universidad. En el vestíbulo del magnífico edificio unos altavoces reproducían a Chávez en emblemáticos discursos, como aquellos donde leía el poema de Andrés Eloy Blanco, Maisanta, con esa voz que trae de vuelta todas las llanuras y las peleas por la independencia… Los colegas nos abrazaban con una mezcla de orgullo y de complicidad compartida.

La mañana pasó rápido y al mediodía todos empezaban a movilizarse para salir… El almuerzo fue distinto… De camino hacia el comedor, autos personales en el parqueo de la universidad venían rotulados: ¡Llegó Chávez! ¡Viva Chávez! ¡Gracias Cuba! ¡Viva Cuba! El bullicio del comedor de estudiantes y profesores estaba matizado por aplausos y conmoción.

Los ómnibus aguardaban. La comunidad universitaria se reunía, cada uno con su gesto de amor: globos, cantos, pintadas. Yo miré las guaguas con aquella identificación en letras inmensas: Universidad Bolivariana de Venezuela. Y recordé los días de 2003 cuando Chávez anunció la creación de esa institución universitaria y después, de camino al oriente del país, pasaron por nuestro lado, unos ómnibus como los que hoy me detuve a mirar, con igual identificación y un detalle que los describía: Donación de la presidencia de la República.

Supe entonces cuánto había vivido junto a este pueblo y comprendí su reacción descomunal: ¡Ya está aquí, ya está con nosotros!

Es extraño, pues las cubanas y los cubanos lo amamos tanto que al verlo regresar junto a su pueblo una sintió más simpatía y compromiso. Como los grandes amores, llenos de generosidad.

Un joven arengaba para la salida inminente hacia la Plaza Bolívar y cantaba y reía y decía desde esa perceptividad tan venezolana ¡Este pueblo está alborotao, Señores!

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