Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Ivette Fernandez | Opiniones

ALBA: Diez años de una alternativa emancipadora

Para hacer esta muralla tráiganme todas las manos

Nicolás Guillen

 ALBA TCP

Muchos descubridores parece haber tenido América: Colón, Almagro, Pizarro, De Soto… y, según cuentan, los vikingos antes que todos. A los europeos, los acompañaba un sueño de grandeza que no terminó en panacea para las tierras descubiertas.

Aquellos primeros “descubridores” prologaron para América una historia de codicia y sangre, de recursos arrebatados y riqueza mal repartida, de miseria, sobre todo de miseria.

Otros, mejor llamados visionarios, surgieron luego. Estos no vinieron de lejanos sitios, nacieron en las naciones colonizadas, fueron colonos ellos mismos, esclavos en tierra propia. Hidalgo, Morelos, Bolívar, San Martín, Sucre, Martí, y tantos otros, soñaron con una América soberana, y por ello dieron sus vidas.

Pero tras años de guerras, América se liberó de un monarca europeo, de unos tributos asfixiantes, de un largo y total sometimiento. Pero no consiguió apartar de sí a la enorme avaricia vecina y vio entregada su economía a Banks, Factories & Companies.

Letargo y entreguismo, dictaduras, desidia y ambición personal, caracterizaron a muchos de los gobiernos americanos desde entonces. Cuba se erigió soberana en 1959, otros debieron esperar.

Hugo Chávez y Fidel Castro, en pleno siglo 21, se tornaron protagonistas de un renacer del sueño de una América soberana. Lo primero fue el rechazo de un nuevo embuste disfrazado de tratado comercial, ofrecido por el “amigo americano” en 2001; lo segundo, tres años más tarde, la firma entre ambos de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Y, posteriormente, en 2006, se enriquece el ALBA con la propuesta del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP).

Tempranamente, en 2001, definiría Chávez las características de lo que él mismo nombró como ALBA. Así quedaría recogido en la III Cumbre de los Pueblos, efectuada en Mar del Plata, Argentina, y celebrada en respuesta a la Cumbre de las Américas, donde el entonces presidente de Estados Unidos George Bush pretendía que los países latinoamericanos se adhirieran sin objeciones al proyecto neoliberal llamado Área de Libre Comercio de las Américas.

“Se trata no solo de decir no al ALCA, sino también de emitir una propuesta alternativa, el ALBA, es la Alternativa Bolivariana de las Américas. Es el proyecto desde hace doscientos años de San Martín, de Bolívar, de Sucre, de Perón, de Evita…”.

“Pero el ALBA –continuó-, debe ser construida desde abajo, con los agricultores, los obreros, los estudiantes, los poetas, los indígenas… No será construida desde las élites, sino desde abajo, desde nuestras raíces. Porque somos radicalmente revolucionarios, radicalmente patriotas, cada día más radicales”.

En ese entonces descubrían Chávez y Fidel a América. Descubrieron estrategias para luchar contra el hambre, la insalubridad y la miseria que legaron años de explotación.

No pretendían esconder lo más autóctono del continente, no se avergonzaban de los hombres humildes, no querían parecerse o complacer a los estadounidenses, hablaban de un proyecto justo y mancomunado que devolviera dignidad, incluyera a los desposeídos y hablara por ellos.

Y con la promesa de descubrir y defender a los herederos del saqueo colonial y de gobiernos espurios, para hacerlos dueños, en vez de mendigos, beneficiarios y no victimas, surgió el ALBA-TCP.

Lo integran actualmente Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Dominica, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y Santa Lucia.

Con orígenes, problemas e intereses comunes, las naciones miembros devinieron protagonistas de un intercambio que aprovecha las fortalezas del continente en busca de un sólido desarrollo conjunto. Complementariedad, solidaridad, igualdad son sus premisas, las que no podrían existir en un intercambio entre países subdesarrollados y una superpotencia como Estados Unidos.

Fue y es un proyecto ambicioso el ALBA. Como ambiciosos deben ser los proyectos que pretendan sacar de la miseria a millones de personas, alfabetizar a otras tantas, darles salud y mayor esperanza de vida.

A través de la Misión Milagro se han beneficiado tres millones 482 mil pacientes de escasos recursos con afecciones oftalmológicas, han recibido atención más de dos millones de discapacitados y millonaria también es la cifra de los alfabetizados que augura erradicar por completo este mal.

Pero no solo en estos aspectos es gigante el ALBA. Allí están como muestra la Escuela Latinoamericana de Medicina, el Fondo Cultural del ALBA, la creación de empresas mixtas en ámbitos tan variados como hidrocarburos, transporte y alimentos.

Vitales son igualmente sus objetivos en pos de la búsqueda de la soberanía energética, y la implementación del Banco del ALBA y el Sucre (Sistema Único de Compensación Regional de Pagos), vigente desde 2010, que persigue ayudar al desarrollo económico y reducir la dependencia regional del dólar.

Es también el ALBA un mecanismo de resistencia ante la hegemonía imperial, un proyecto defensor de la soberanía de los pueblos latinoamericanos, un instrumento de defensa de un mundo pacífico y pluripolar.

Más allá de firmas y convenios, el ALBA se consolida, a 10 años de su fundación, en beneficios constatables para hombres y mujeres. El incremento de la esperanza de vida, la reducción de la mortalidad infantil, el aumento del empleo. Más que cifras, es gente gozando de vitales derechos.

Tiene ya una década el ALBA cosechando logros en materia social, económica, política… Diez años ya del descubrimiento de una causa noble, sin el ánimo de la codicia por la que antes se viera saqueada América. Diez años de conquistas para los latinoamericanos y caribeños gracias a la solidaridad y hermandad entre los pueblos, y no de asedios imperiales. Diez años de esperanza y dignidad devueltas gracias a dos conquistadores de sueños y, aun más grandes, descubridores de justicia.

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