Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Iroel Sánchez | Opiniones

Cuba 2016: El ajuste que no llegó… ni llegará

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Nuevamente medios de comunicación internacionales anuncian la inminente debacle económica cubana y hasta en algunos que se hacen llamar alternativos, encuentran eco augures que han fracasado en ocasiones anteriores en sus pronósticos sobre Cuba, y tienen la corrección política de llamar «embargo» al bloqueo que hace más de cinco décadas busca rendir por hambre y enfermedades a quienes vivimos en esta Isla.

Cierto, la economía cubana pronostica un 2 % de crecimiento en el 2017, distante de lo necesario y deseado, luego de decrecer un 0,9 % en el 2016, y tiene problemas importantes por resolver, como el incremento sustancial de la inversión extranjera y la eliminación de la dualidad cambiaria, que estimula la emigración de la fuerza de trabajo desde el sector estatal y deforma los resultados de sus empresas de propiedad pública, pero aun así no se confirman las predicciones de quienes llevan más de tres años augurando que una disminución (incluso gradual) de los vínculos con Venezuela provocaría: «una contracción de hasta 10 % del producto bruto interno, en una recesión de dos o tres años, por una merma de ingresos de divisas, depresión de inversiones, restricciones financieras externas e importaciones más caras, sin facilidades de pago de la factura petrolera. Tal crisis demandaría un ajuste “complejo y doloroso”».

Sin embargo, no nos conformemos con la diferencia tan notoria entre tal pronóstico y la realidad. Veamos si desde el punto de vista popular avanzamos o retrocedimos en el 2016. Entre diciembre del 2015 y enero del 2016 el estado de inconformidad con los precios de los alimentos que subían constantemente era generalizado en Cuba, incluso rumores de un control estatal habían provocado un sabotaje a los abastecimientos en los mercados por los proveedores privados a los que nuevas políticas habían trasladado una parte significativa del abastecimiento de productos agropecuarios a la población.

Las ferias que tradicionalmente se efectúan por fin de año en la capital eran hace 12 meses criticadas por su desabastecimiento, se habían deteriorado los instrumentos en poder del Estado para favorecer la presencia de productos a bajos precios que facilitaran a las familias abastecerse con vistas a las celebraciones de año nuevo.

Aquel mismo diciembre, en el pleno de la Asamblea Nacional, un diputado había puesto el explosivo tema sobre el tapete y motivado una discusión, con una intervención de Raúl Castro anunciando una rectificación urgente, liderada desde la dirección del Partido Comunista, de los mecanismos que habían alejado del control estatal la distribución de productos agropecuarios, a la que se referiría el propio Raúl en su muy crítico Informe Central al 7mo. Congreso del Partido, efectuado en abril:

«Apenas se produjo la discusión en el Parlamento sobre este tema, que recordarán sobre todo los diputados aquí presentes y que tardamos mucho en reaccionar, apoyé inmediatamente al Segundo Secretario del Partido, compañero Machado Ventura, que salió al combate por todo el país enfrentándose a ese problema».

Junto a las rebajas de precios de un 20 % promedio de un grupo de productos de alto consumo popular en el comercio minorista estatal, el resultado ha estado a la vista un año después, cuando aún con insatisfacciones, la situación es radicalmente diferente y a pesar de las limitaciones de combustible en el segundo semestre, consecuencia de las afectaciones en las relaciones comerciales con Venezuela, la agricultura cubana por primera vez en mucho tiempo creció en todos los renglones.

Más allá de los vaticinios de la gran prensa capitalista y el amarillismo de sus filiales, fronteras adentro, no regresaron los apagones masivos ni se retornó a la escasez de los años noventa del siglo pasado, cuando se cortaron abruptamente las relaciones económicas con la URSS y nos recomendaban recetas de corte neoliberal.

Para el 2017, según planteó la ministra de finanzas ante el parlamento, los gobiernos locales dispondrán del 50 % de los aportes por la Contribución Territorial para el Desarrollo Local, en adición a su presupuesto para financiar proyectos fuera del plan y los consejos de la Administración Provincial podrán captar hasta el 10 % de los ingresos obtenidos por este tributo, en los municipios que determinen, para equilibrar recursos en otros que reciben menores ingresos por este concepto. Al amparo de esos recursos, en la capital comienzan a rescatarse espacios públicos en beneficio de las mayorías, algo que ha arrojado ya visibles resultados en ciudades del oriente del país.

Pero también han existido victorias políticas. Un mes antes del Congreso del Partido, el paso del Presidente estadounidense por La Habana en plan seducción generó un rico debate ideológico, coronado por el artículo de Fidel El hermano Obama. La desconfianza expresada allí hacia las intenciones obamistas ha sido confirmada por la Directiva Presidencial emitida por este y por la permanencia de la mayoría de las restricciones del bloqueo y los instrumentos de política contra Cuba, a pesar de los muchos acuerdos bilaterales alcanzados sobre asuntos de interés común e intensos intercambios de visitas entre ambos países. Siguió en pie la imposibilidad de utilizar el dólar en las transacciones financieras internacionales cubanas y continuaron las persecuciones y las multas millonarias pendiendo, y cayendo, sobre las instituciones que se atreven a mantener relaciones comerciales con la Isla.

Los resultados de los cambios de liderazgo en Argentina y Brasil y el ascenso de la oposición antichavista en Venezuela, mostraron muy pedagógicamente a un pueblo tan politizado como el cubano, las trampas de sistemas electorales que, como define el portugués Boaventura de Sousa Santos, en el mejor de los casos constituyen una «isla de relaciones democráticas en un archipiélago de despotismos», tan recomendados para Cuba desde Europa y EE.UU.

Ya en el segundo semestre y bajo el impacto de las restricciones anunciadas a inicios de julio, la respuesta organizada a los daños del huracán Matthew, la ausencia de fallecidos por ese meteoro y las enérgicas acciones de recuperación transmitieron confianza en la capacidad de la estructura política, económica y social cubana para enfrentar con ventaja sobre otros sistemas cualquier circunstancia adversa.

A fines de noviembre, la muerte de Fidel puso en solfa los estereotipos cultivados durante décadas. Contra lo reiteradamente anunciado por la industria mediática global, que muchas veces se adelantó al suceso, no hubo ni secretismo, ni caos, ni culto a la personalidad, y sí un espontáneo y masivo dolor sincero, además de respeto, compromiso y protagonismo popular encabezado por los jóvenes.

Pero a propósito de Fidel, volvamos a la economía. Alrededor del actual bombardeo informativo sobre la economía cubana, gana vigencia un planteamiento suyo ante economistas del Tercer Mundo reunidos en La Habana en 1981: «El desarrollo no solo es económico sino también social. Puede haber un crecimiento económico, deformado o dependiente, que no sirva a este objetivo ni conduzca a los fines esperados. Una política económica y social acertada debe tener como centro y preocupación al hombre. Si se traza una política que no corresponda a este contenido, no habrá desarrollo y ni siquiera paz».

Es esa visión la que lo llevó —ante el escepticismo de unos y la duda de otros— a proclamar que Cuba sería una potencia médica e impulsar en medio de escaseces la biotecnología al servicio de nuestro pueblo.

A Fidel y sus ideas suelen presentarlos en esos mismos espacios como responsables de nuestras carencias económicas, pero vale recordar que es esa concepción humanista y solidaria de la Medicina —que hace a los médicos cubanos ir a donde muy pocos de sus colegas de otros países han puesto un pie y tratar a cualquier persona como un igual— es la que le reporta hoy al país su mayor ingreso por exportaciones. Fue él quien inició en esas mismas condiciones el desarrollo de las infraestructuras e inversiones que junto a las condiciones de salud, educación y seguridad ciudadana permiten el crecimiento del turismo hacia el país; baste solo señalar los desarrollos turísticos de las cayerías al norte de la Isla. Su visión de la formación masiva de profesionales procedentes de los sectores más humildes del pueblo en todas las ramas es la que permite hoy que Cuba pueda proponerse atraer la inversión extranjera en condiciones más ventajosas que cualquier otro país de nuestro entorno, aspecto que, como acaba de plantear Raúl, puede y debe ser dinamizado actuando con menos burocracia y mayor audacia en función de alcanzar las cifras de crecimiento que demanda el desarrollo del país.

Esa concepción fidelista del desarrollo, opuesta a las fórmulas neoliberales que vienen a ofertarnos una vez más, está contenida en los documentos aprobados por el 7mo. Congreso y enriquecidos en un debate amplio y democrático con la militancia del Partido, la UJC, representantes de las organizaciones de masas y de diversos sectores de la sociedad, se sustenta en el concepto de Revolución que más de siete millones de cubanos suscribieron en apenas día y medio con posterioridad al fallecimiento del Comandante.

Sería muy fácil crecer a altos ritmos aplicando el «ajuste complejo y doloroso» que nos recomiendan, pero entonces sí retrocedería abismalmente la mayoría de los cubanos y no se gobernaría para ellos sino, como ya hemos visto en algunos países latinoamericanos que retomaron la senda neoliberal, o en los de Europa del Este que abandonaron el socialismo, para entregar la Isla a intereses foráneos.

Problemas hay muchos y algunos pueden tener solución sin depender de importaciones ni de si viene más o menos petróleo de Venezuela, comenzando, como también se señaló en la Asamblea Nacional, por «el uso eficiente de los portadores energéticos, evitando el desvío y el robo que lamentablemente están presentes y se ratifica en las estadísticas y controles que se realizan periódicamente, donde se informan municipios que no reportan ventas de combustibles o en cantidades ínfimas en sus servicentros».

Desconocer nuestros errores no nos ayudará a avanzar pero, como expuso el Presidente ecuatoriano Rafael Correa en el homenaje póstumo a Fidel: «evaluar el éxito o el fracaso del modelo económico cubano, haciendo abstracción de un bloqueo criminal de más de 50 años, es pura hipocresía. Cualquier país capitalista de América Latina colapsaría a los pocos meses de un bloqueo similar».

Y los «ajustes» tan deseados por los hipócritas no llegarán porque, en palabras de Raúl ante el 7mo. Congreso del Partido: «Las decisiones en la economía no pueden, en ningún caso, significar una ruptura con los ideales de igualdad y justicia de la Revolución y mucho menos resquebrajar la unidad de la mayoría del pueblo en torno al Partido. Tampoco se permitirá que como consecuencia de esas medidas se genere inestabilidad e incertidumbre en la población cubana».

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