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Irán Aguilera | Opiniones

El invicto caguairán

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La noticia fue muy dura, pero quizás mucho más dura para quienes inspirados en él comenzamos desde niños a caminar -como de su mano- por el más hermoso camino que ser humano puede hallar. Sin volver la vista a atrás, con fe, seguros de que si avanzábamos sería más esplendoroso, aunque también llegamos luego al convencimiento de que no tiene llegada: Es el constante caminar por el camino del deber que él nos enseñó.

El amigo de Chávez. Hace dos años escribí -en sus 88 años- que en verdad él era como un caguairán, el árbol maderable más duro de Cuba.

¡El caguairán, ese sí es un palo! dicen los campesinos cubanos porque es de los que alcanza la mayor longevidad.

Fue Raúl quién lo comparó con el emblemático árbol de la flora cubana, una madera tan fuerte que es ideal para fabricar obras duraderas. En el occidente de Cuba también lo llaman el “quiebra hacha”. ¡Qué acertada es esa comparación simbólica! Es que la obra de Fidel se hizo eterna por ser tan generosa con la humanidad, y porque también todas las hachas se quebraron cuando quisieron tumbarlo.

A él, a Fidel, no sólo se le admira por ser el casi mítico comandante que bajó triunfante de la Sierra Maestra, de verde olivo, al frente de sus valerosos barbudos, después de una romántica epopeya que pudiera parecer extraña aunque pertenezca a los nuevos tiempos. Fidel, el invicto, el del largo batallar, cual David frente a Goliat, contra el más poderoso enemigo que pueblo alguno haya conocido: el Imperialismo Yanki.

Sí, Fidel, el que pudo abrir definitivamente el capítulo de la esperanza que se escribe actualmente en la historia de Nuestra América.

En los más apartados lugares del mundo, allí donde siempre ha reinado la pobreza junto al olvido, donde la medicina mercantilista no llegará jamás porque no es negocio, allí encontraremos un médico cubano batallando, y allí mismo está Fidel trascendido a sí mismo. También lo vemos junto a su amigo Chávez, hermanados, en el gigantesco esfuerzo por hacer realidad un verdadero milagro: devolverle la vista a millones de seres humanos. Son tan sólo dos aspectos de su gigantesca e incansable lucha por alcanzar la humanidad más justa.

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