Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Clodosbaldo Russián | Opiniones

El Playa Girón Venezolano

La política norteamericana durante todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI ha estado caracterizada por lo que se define como Política de Estado, lo cual le lleva a tolerar y proteger a aquellos regímenes que favorezcan las políticas de inversiones norteamericanas y su expansión comercial hacia Latinoamérica, abstracción hecha de que en estos países tuvieran gobiernos presididos por civiles o por militares, que fuesen Democracias Representativas o Dictaduras. Todo depende de la voluntad de esos gobernantes de favorecer los intereses del gran capital norteamericano. Por esta razón, en la Décima Reunión de Cancilleres de la OEA (Organización de Estados Americanos) en los años 50, John Foster Dulles, logra con respaldo de estos regímenes una resolución para legalizar el derrocamiento en Guatemala de Jacobo Arbenz Guzmán. La misma Política de Estado que impulsó al gobierno de Estados Unidos a respaldar la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua y de Fulgencio Batista en Cuba. Igual la aplicó en su protección a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana y en el derrocamiento y asesinato de Salvador Allende en Chile. Razón por lo que hay que tener en cuenta que en los Estados Unidos de América, independientemente de quien esté en el gobierno, se aplica esa conducta como política, ya sean administraciones encabezadas por presidentes demócratas o republicanos.

Lo vemos de una manera gráfica, muy clara y precisa con dos hechos ocurridos. Uno, en Venezuela en el 2002, y otro, en la hermana República de Cuba en 1961. Cuando Fidel Castro y la revolución cubana triunfan el 1° de enero de 1959 los Estados Unidos están bajo el gobierno republicano de Dwight David Eisenhower y, en la medida en que la política de Cuba no se expresa contraria a los intereses económicos de Estados Unidos en la isla, ellos guardaron cierto recato y hasta invitan al no-presidente, porque en todo caso el presidente era el Dr. Manuel Urrutia Lleó, Fidel Castro, en visita oficial a Norteamérica. Allí, Fidel se pasea por sus calles y pronuncia discursos sin impedimentos. Pero cuando la política del gobierno revolucionario cubano decide favorecer sus intereses nacionales y sustraer al país del control de los Estados Unidos, que la utilizaba como sitio de esparcimiento y de inversión para negocios non santos; cuando se intenta cambiar las “reglas” comerciales desventajosas para la economía cubana en la adquisición de su principal producto de exportación, que luego era vendido a mejor precio en otros mercados internacionales favoreciendo con ello a empresas norteamericanas que lo comercializaban, empiezan a ponerle obstáculos. Y no es un secreto para nadie que directamente auspiciaron la salida de cubanos para Estados Unidos ofreciéndoles un trato privilegiado. Algunos sin ni siquiera pasaporte llegaban con su residencia permanente garantizada y hasta subsidios para que vivieran en ese país del norte. Esto fue parte de un plan mucho mayor que sobrepasó incluso a la quema de los cañaverales, y es que los Estados Unidos organizan y preparan en el gobierno republicano una invasión de mercenarios, mayoritariamente cubanos, a la isla de Cuba. Es el gobierno de Eisenhower que tiene a Richard Nixon de vicepresidente y a John Foster Dulles de Secretario de Estado y a su hermanito Allan Foster Dulles como jefe de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) el que prepara la invasión. Qué pasó entonces en el año 1960, Eisenhower pierde las elecciones con los demócratas y asciende al poder John Fitzgerald Kennedy, y qué ocurre en aquel momento, que en abril de 1961 aplicando esa Política de Estado se ejecuta la invasión con una administración demócrata en la Casa Blanca. Porque el problema de los Estados Unidos de Norteamérica en su política hacia América Latina no viene dado porque esté gobernando el partido Republicano o el partido Demócrata. Con estos últimos es posible que los discursos sean menos violentos o en todo caso que exista alguna posibilidad de diálogo, pero en esencia es la misma Política Imperial, y luego de la invasión cuál fue la excusa de Kennedy, que él había heredado ese plan de los republicanos y creyó efectivamente que tan pronto desembarcaran en las playas de Cuba el pueblo iba a proclamarlos como héroes, porque los estaba liberando del proceso revolucionario cubano.

Para un hombre de la talla intelectual de Kennedy, y de su inteligencia, esa explicación resulta inadmisible. La invasión de Bahía de Cochino fue la aplicación consciente de esa Política de Estado, lo que trajo consigo el repudio de todo el continente latinoamericano. No sólo fueron los cubanos los que lucharon para derrotar a los invasores, cosa que lograron en 72 horas con una victoria militar fulminante, sino que en toda América los sectores progresistas y los de avanzada salieron a manifestarse en apoyo a Cuba. Histórica fue la manifestación del 18 de abril de 1961 en Caracas, (en plena ejecución de la invasión mercenaria) la cual fue brutalmente reprimida por la policía del entonces presidente venezolano Rómulo Betancourt y por sus órdenes la Guardia Nacional de aquella época. De un tiro, cerca de El Silencio es asesinado un joven, un adolescente, un niño de 14 años, Édgar González Márquez, de un disparo en la cabeza le mataron y él lo que hacía era manifestarse en apoyo a Cuba enarbolando la bandera tricolor venezolana y entonado nuestro himno Gloria al Bravo Pueblo.

Muchos manifestantes fueron reprimidos y heridos, entre ellos, el que esto escribe, este modesto servidor que contaba tan sólo con 22 años, y recibió un balazo, cuando estaba al lado de Édgar igualmente manifestándome. El repudio a aquella injusta invasión no se hizo esperar en ninguna parte y no sólo del continente americano sino a nivel mundial.

El ejemplo más reciente de esa Política Imperial ocurrió apenas entrado en el siglo XXI, en el año 2002, con el gobierno de Venezuela que encabeza el presidente Hugo Chávez. Los Estados Unidos en un primer momento no se mostraron hostiles en el año 1999 cuando el presidente Chávez asume el gobierno de Venezuela, por el contrario, le invitaron a Estados Unidos y allí fue. Estaba en ese país gobernando un representante del partido demócrata, el presidente Bill Clinton; hasta visitó Chávez el Yankee Stadium y lanzó una pelota de béisbol. En ese momento Chávez no era el “problema”. El problema surgió en la medida que el gobierno revolucionario de Venezuela demuestra que es un gobierno Nacional Liberador que no está dispuesto a seguir las pautas de los gobiernos nacionales traidores de la Cuarta República, que es como identificamos fácilmente en Venezuela a todos estos gobiernos que ocurren después de 1830. Cuando el presidente Chávez asume una posición contraria a los intereses económicos de las transnacionales norteamericanas es entonces atacado por los Estados Unidos porque la previsión de Venezuela como proveedor seguro de materias primas, principalmente petróleo, a precios viles no se cumple sino que el gobierno exige que se le paguen los precios que el combustible debe tener en concordancia con las políticas que han trazado los países exportadores de petróleo (OPEP) ya que es una política que hay que considerarla en términos globales.

Es esa decisión soberana de Venezuela que perfila privilegiar los intereses nacionales en contra de la explotación a presión groseros de un recurso tan importante y significativo como el petróleo, lo que lleva al presidente Chávez a recorrer buena parte del mundo para lograr una reunión, (la primera en más de un cuarto de siglo) de los países exportadores de petróleo que por múltiples contradicciones, fundamentalmente de tipo político, lo había impedido y por el interés de las trasnacionales del petróleo de crear todas las dificultades posibles para que no pudiese darse una unificación de criterios de los países de la OPEP que pusieran en riesgo sus intereses financieros.

Es por eso que al menos desde mi perspectiva cuando se efectúa esa cumbre y en una punta de la mesa está la representación de Kuwait y en otra punta está la representación de Irak, los Estados Unidos, sin mirar para arriba, concluyeron que al presidente Chávez había que tumbarlo mediante un golpe de Estado. Entonces tuvimos en Venezuela nuestro propio Girón. El imperio, aplicando su vieja Política de Estado, dispuso de todos los recursos, que son muchos, y sus socios foráneos, que en todo caso forman parte del sistema capitalista mundial, y soltaron las amarras para buscar la forma de consumar el derrocamiento de Chávez. Y lo lograron, casualmente en un mes de abril, el mes de la primavera como decimos en Venezuela, pero como quiera que la vieja concepción que se tenía en la década de 1960, en cuanto a que las Fuerzas Armadas venezolanas la constituirán hombres y mujeres esencialmente de extracción popular y que a diferencia de las policías coloniales como las que tuvieron Cuba, República Dominicana u otras partes de Latinoamérica, el nuestro era, por el contrario, el ejército fundado por el Libertador Simón Bolívar y habían allí los recursos necesarios o suficientes como para que en un momento determinado esa unión cívico militar que ya en el año 1958 se había conformado para derrotar la dictadura de Pérez Jiménez, volviese a constituirse e impulsar un proceso revolucionario en Venezuela. Esto fue constatado en la conducta que asumió el pueblo y la Fuerza Armada, fundamentalmente el día 13 de abril y ya en las postrimerías de ese día el presidente Chávez era rescatado de la isla de la Orchila, donde los golpistas lo tenían secuestrado. Se había desbordado el pueblo en las calles de las distintas ciudades del país ocasionando un triunfo sin precedentes en la historia moderna de Latinoamérica y consolidando en el país, la tan añorada alianza cívico militar de los revolucionarios de la década de 1960 y posterior a ella.

El tiempo ha transcurrido y ya no es la administración republicana de George W. Bush, que organizó y financió el golpe de abril de 2002, por el contrario, es una administración demócrata y es además la del primer hombre de raza negra que llega a la presidencia de Estados Unidos. Un hecho insólito en un país de profundas raíces racistas. Quizás por eso el espejismo con que algunas personas pensaron que estábamos en presencia de un nuevo Kennedy, por su aparente brillo intelectual, y expectantes del mensaje que podía traer por aquella ilusión que produjo décadas atrás la iniciativa de Alianza para el Progreso, que en su momento fue hecha fundamentalmente para ponerla como alternativa al modelo de revolución cubana y marcar cuál podía ser el desarrollo en democracia en los demás países y donde Venezuela jugó un papel demasiado importante.

Estos hechos están muy recientes y evidentemente que gran parte de los venezolanos los vivió y los tenemos que recordar con facilidad. Ahora, esto tiene que ver con que la política del presidente Obama no se ha diferenciado de la política del presidente Bush y no porque mantenga el mismo Ministro de la Defensa (eso es irrelevante), porque los hombres allí ocupan un papel secundario. Allí lo fundamental son los intereses económicos que dirigen las políticas que puede desarrollar Estados Unidos, es la maquinaria militar e industrial y financiera la que en definitiva impone las políticas, de allí su actual agresividad contra el gobierno revolucionario de Venezuela, el que el Imperio externalice su Política de Estado en busca de alianza en Europa y en Latinoamérica para tratar de enfrentar y desestabilizar a Venezuela con el fin único de sacar al presidente Chávez del poder y frenar el proceso revolucionario, y sus intenciones de utilizar, como en la expresión de los viejos revolucionarios, todas las de formas de lucha, desde el golpe de Estado hasta las elecciones, pasando por el magnicidio para conseguir este propósito, da cuenta de su desesperación y del incuestionable liderazgo del presidente Chávez, no sólo en Venezuela sino en el resto de los países del continente que miran a nuestro país con ojos de esperanza.

http://clodosbaldorussian.wordpress.com/2010/05/24/el-playa-giron-venezolano/

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