Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Opiniones | Rogelio Polanco Fuentes

En Venezuela se decide hoy si la guerra no convencional es capaz de vencer a un pueblo

Palabras del Embajador de Cuba en Venezuela Rogelio Polanco Fuentes en el acto de entrega de la Distinción Félix Elmuza a destacados periodistas venezolanos (12 de mayo de 2017)

condecorados periodistas venezolanos Distincion Felix Elmuza

Queridos hermanos:

Cuba premia hoy la lucha por la verdad. Lo hace poniendo en el pecho de tres insignes periodistas venezolanos la máxima condecoración de sus colegas cubanos. Félix Elmuza es el mártir que honra esta medalla. Periodista revolucionario asesinado en las inmediaciones de la Sierra Maestra, a pocos días de desembarcar como expedicionario del yate Granma.

Osténtenla  con honor, cual expedicionarios del Leander mirandino de hoy, que como entonces, carga en su seno con una imprenta, artillería del pensamiento frente al secuestro de la verdad.

En ustedes, estimados José Vicente, Eleazar y Earle, rendimos tributo a la consagración, la ética y el compromiso con la causa de los pueblos.

Lo hacemos en ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa, en un mundo al revés, donde la manipulación de grandes emporios comunicacionales es la norma, y la verdad pretende ser eclipsada por el reino de la “postverdad”.

“Ponga Ud. su tuit, que yo pongo la guerra”, parecieran gritar a los cuatro vientos los William Randolph Hearst de hoy. Como si la humanidad no hubiera aprendido lo suficiente desde aquel “falso positivo” pretextado por Estados Unidos para involucrarse en la primera contienda bélica imperial, que frustró la independencia cubana.

De engaños, mentiras y artimañas está plagada la historia de agresiones contra nuestro pueblo. Desde “la fruta madura” hasta el “embargo” por bloqueo. Pero al decir de José Martí: “a pensamiento es la guerra que se nos hace, ganémosla a pensamiento”.

La Revolución cubana, blanco perpetuo de las más atroces campañas de difamación, protagonizó aquí en Venezuela, en enero de 1959 una de las primeras batallas de la llamada Operación Verdad. Denunció entonces la grosera manipulación ante la justicia ejercida por los crímenes de la tiranía batistiana.

En su emblemático discurso de la plaza de El Silencio, Fidel proclamó: “Aunque sigan los ataques —y los ataques seguirán, y los ataques seguirán cada vez más y cada vez más intensamente—, se hará justicia en nuestra patria, porque nada ni nadie puede pasar por encima de la voluntad soberana de nuestra patria”.

Ahora es la hermana Venezuela, la que sufre una feroz arremetida de los centros de poder hegemónico y de su caja de resonancia mediática. En Venezuela se decide hoy si todo el arsenal de la guerra no convencional es capaz de vencer a un pueblo que lucha por su soberanía y sus conquistas.

Como en el pasado reciente en otros escenarios, el enemigo pretende quebrar la voluntad, horadar la unidad, perforar la conciencia. El principal campo de batalla es la mente y el corazón de millones de personas.

Pero el pueblo de Chávez y el gobierno bolivariano, encabezado por el Presidente Nicolás Maduro, están dando una encomiable demostración de resistencia y coraje, que cuenta con la solidaridad y la admiración de Cuba y los pueblos del mundo.

Hace pocos días, el cantautor cubano Silvio Rodríguez invitaba a los venezolanos a que “no dejen de luchar por lo que vale la pena, la América Nuestra que previeron Bolívar y Martí, Fidel y Chávez, y que nos hace tanta falta”.

Hoy evoco una de sus canciones:

Sueño con serpientes, con serpientes de mar,

Con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo

Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan

Lo que puedan arrebatarle al amor

Oh, la mato y aparece una mayor

Oh, con mucho más infierno en digestión.

No quepo en su boca, me trata de tragar

Pero se atora con un trébol de mi sien.

Creo que está loca; le doy de masticar

Una paloma y la enveneno de mi bien.

Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago

Paseo, voy pensando en qué vendrá.

Pero se destruye cuando llego a su estómago

Y planteo con un verso una verdad.
Compañeros:

Que las verdades del Kiosco de Earle, de la Columna dominical de Eleazar y del Espejo de José Vicente sigan destruyendo las mentiras que como serpientes pretenden engullir a nuestros pueblos.

Muchas gracias.

 

 

 

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