Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Dagoberto Rodríguez Barrera | Opiniones

Entrevista al Embajador de Cuba en Venezuela sobre el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro

Caracas, 24 Nov. AVN.- A tres años de la muerte del comandante Fidel Castro Ruz, el recién nombrado Embajador de Cuba en Venezuela, Dagoberto Rodríguez, no duda un segundo en afirmar la grandeza y la calidad personal del líder latinoamericano que un 25 de noviembre de 2016 falleció en La Habana.

“Fidel es la figura más importante de los últimos años. Por lo que hizo pero también por lo que pensó. Él fue un pensador, un filósofo, un conductor de masas”, expresa emocionado el diplomático, recordando entre frase y frase todas las ocasiones que le tocó acompañar personalmente a Castro en viajes, reuniones y eventos.

Y es que el embajador Rodríguez, además de periodista de profesión, como su antecesor en Venezuela, Rogelio Polanco, cuenta con más de 40 años de trabajo en el ámbito de las relaciones internacionales desde que se graduó como licenciado en Relaciones Internacionales en el Instituto de Servicio Exterior de La Habana en 1977, por lo que le tocó acompañar a Fidel Castro desde muy joven en actividades internacionales y de solidaridad.

Para el diplomático cubano es imposible resumir en pocas palabras el legado de Castro para Latinoamérica y el mundo. Sin embargo, afirma que su capacidad de adelantarse a los acontecimientos lo caracterizó como un hombre visionario y estadista, algo importante para la construcción de ese comprobado liderazgo global que ostentó y por el cual hoy la humanidad lo recuerda.

“También otro aspecto resaltante de Fidel es que era símbolo de unidad y de una ética inquebrantable. Siempre defendía la verdad por muy cruda que ésta fuera. Y no hubo combate en el que él no estuviera al frente. Algo que conservó luego en la batalla de las ideas y que le dio un poder de convicción en ese ámbito”, expresó.

Rodríguez afirma que un documento que refleja la profundidad del pensamiento de Fidel Castro y al cual toda persona convencida de que la humanidad merece un futuro mejor debe revisitar es el discurso del 1º de mayo del 2000, cuando ante decenas de miles de cubanas y cubanas, en conmemoración del Día Internacional del Trabajo, construyó su concepto de Revolución.

“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”, lee emocionado el embajador Rodríguez, para quien este texto no sólo resume las ideas que forjó y expresó Fidel por décadas, sino que también son una prueba de las características de su vida y personalidad.

Su sincera amistad con Chávez

El carácter visionario de Castro quedó comprobado cuando aquel diciembre de 1994 recibió al recién liberado de prisión Hugo Chávez Frías. El líder cubano decidió darle la bienvenida personalmente, en el Aeropuerto “José Martí” de La Habana, a un Chávez aún desconocido en el ámbito internacional y le acompañó hasta la universidad de la capital para que el líder venezolano ofreciera su célebre discurso del 14 de diciembre de ese año.

Para muchos analistas fue precisamente en ese momento que comenzó una sincera y profunda amistad entre los dos líderes latinoamericanos, la cual es “la reserva más importante de la relación bilateral entre Cuba y Venezuela”, en palabras del embajador Rodríguez.

“Fue una amistad cercana, familiar, de padre a hijo. Algo muy importante para la historia de ambas naciones. Un hecho que salió de la formalidad para ser algo más humano”, recuerda el diplomático, quien confesó que en varias ocasiones también fue testigo de primera fila de esa relación.

El periodista y diplomático, quien asumió la representación de su país ante el gobierno venezolano hace un par de meses, explica que la amistad de Fidel y Chávez se alimentaba de un respeto mutuo por sus historias y acciones. De hecho, al ser Fidel mayor que Chávez, muchos pensaron que sólo era una admiración del líder venezolano al cubano, cuando hay pruebas fehacientes de que Castro siempre profesó una gran estimación por el valor y la vida de Hugo Chávez.

“Una muestra de eso fue cuando Fidel le expresó a Chávez, en una carta por su cumpleaños 58, que habían personas que atribuían logros heroicos al líder cubano sólo por su juventud, cuando Chávez, muy joven, en tiempos históricos distintos, ya había superado a Fidel y éste lo reconoce”, cuenta el diplomático.

“Ciertamente es una vergüenza que hubiera perdido tanto tiempo cuando terminé el bachillerato, al que se le añadió un año más hasta sumar doce, había cumplido ya 19 y no tenía ni siquiera nociones de la disciplina y experiencia militar. Tú en cambio te habías graduado como oficial de la Academia Militar”, lee Rodríguez la carta de Fidel a Chávez del 18 de julio de 2012.

Al igual que muchos historiadores contemporáneos, el embajador cubano califica la amistad de Fidel y Chávez, como una continuidad histórica de los legados antiimperialistas y emancipadores de José Martí y Simón Bolívar, algo que a su juicio debemos tener muy presente en este momento de agresiones contra Cuba y Venezuela.

Un honor y un compromiso en Venezuela

Con una experiencia de cuatro décadas en el ámbito diplomático, que incluye la máxima representación cubana en México por cuatro años, Rodríguez reconoce que asumir la jefatura de la embajada de su país en Venezuela, además de un gran honor, es también una gran responsabilidad.

“Es un gran compromiso por el vínculo y la hermandad entre ambas naciones y, además, por la naturaleza de la política exterior de Estados Unidos en los actuales momentos”, indica el diplomático.

Advierte que sus esfuerzos están dirigidos a fortalecer la hermandad de Cuba y Venezuela ante las constantes agresiones del Imperialismo.

Asimismo, deja en claro su interés en darle continuidad al trabajo y a los logros de los colegas que lo antecedieron en esta tarea clave. Sin priorizar ningún área en específico, Rodríguez reitera que la misión diplomática seguirá por los caminos ya trazados.

“Mi aspiración es el fortalecimiento y esto se produce todos los días. Tenemos áreas muy importantes tanto en lo económico como en lo político, pero el ámbito humano es fundamental. Mi objetivo es seguir contribuyendo a fortalecer el aspecto humano, es decir, los proyectos sociales. En el poco tiempo que tengo en el país he podido visitar a nuestros médicos y he notado el altísimo valor de su tarea en este país hermano”, dijo Rodríguez.

Asimismo, reiteraó lo importante de la solidaridad y el internacionalismo en un contexto de ataques a Nuestra América: “Hay que buscar formas inteligentes para enfrentar las agresiones y para seguir garantizando lo mejor para nuestros pueblos”.

Rodríguez no niega que actualmente Nuestra América enfrenta una situación compleja.

“Marchábamos en una dirección de mucha esperanza y ahora enfrentamos una contraofensiva desaforada, con rasgos fascistoides. Tenemos la convicción de que estamos en un proceso de lucha y pensando en Bolívar y Martí, en Fidel y en Chávez, es la hora de la unidad y de entender que la lucha de nuestro destino también se libra en las calles de Bolivia. Por eso la solidaridad es muy importante”, indicó.

FIN/AVN/ANT

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