Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Ivette Fernandez | Opiniones

Fidel y la esperanza del ser humano

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Para quien lo vio en vivo fueron siete minutos estremecedores. Meridiano, como siempre, Fidel alertaba de cómo la ambición destruiría la vida, de cómo el hambre insaciable del capitalismo engulliría al planeta.

Hace exactamente un cuarto de siglo desde entonces y resuenan aún las palabras del líder de la Revolución Cubana en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, el 12 de junio de 1992, en Río de Janeiro, Brasil.

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”, advertía entonces el incomparable estadista.

Apocalípticos parecen hoy los titulares que daban razón a sus argumentos. Los efectos del cambio climático son ahora peores y los pronósticos no son alentadores. ¿Pero qué condiciones provocan la destrucción del medio ambiente? También lo esclarecía Fidel: “Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con solo el 20 por ciento de la población mundial, ellas consumen las dos terceras partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer.”

Con certera lucidez expuso el líder cubano las amenazas que representan los poderes imperiales para una subsistencia sana y duradera. “Lo real es que todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza constituye una violación flagrante de la ecología. (…) El intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente”.

Y en contraposición con la visión del gigante humanista, la más grande de las potencias del mundo se coloca hoy de espaldas al futuro de la Humanidad. Nunca como hoy fue tan imperioso hacer conciencia con las palabras de Fidel. En momentos en los que se califica de “invento chino” al cambio climático y el mandatario de Estados Unidos decide que el Acuerdo de Paris perjudica la economía de su país, es preciso reiterar las lecciones proclamadas por el cubano valiente y preclaro hace 25 años.

“Las regulaciones ambientales están fuera de control”, dice Trump a la industria automotriz, y acto seguido promete revertir la situación. Saltan en desaforada ovación los grandes fabricantes de dólares y, mientras suda y tose todo el planeta, el estadounidense poderoso mantiene contentos a los industriales del carbón.

El fracking canjea monedas por la estabilidad del suelo, se convierten en billetes a los bosques, y el ser humano sediento de dinero continúa haciendo trabajar su máquina sin importar cuán envenenado esté ya el planeta.

“Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. (…) Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”, sentenció Fidel.

Mañana tendremos mucho más dinero, parecen pensar Trump y su larga lista de acólitos imperiales. Pero la profecía ya la pregonó el Comandante: “Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.

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