Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Jean-Guy Allard | Opiniones

Frankenstein sigue paseándose impune

“La CIA ha entrenado y liberado un Frankenstein,” declaró Peter Kornbluh, director del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad de Washington, al ser entrevistado por el The New York Times, a principios de este año. Y de eso se trata. Detrás de las “cuatro o cinco negritas”, como Orlando Bosch llamó a las víctimas de la destrucción del vuelo de Cubana que ordenó en 1976, y del “duermo como un bebé” que expresó su cómplice Luis Posada Carriles, al hablar de los atentados de La Habana en 1997, se expresa todo el desprecio y la arrogancia imperial hacia la vida de quienes pretende dominar.

Cometido mientras George Bush padre era jefe de la CIA, el atentado al avión cubano frente a las costas de Barbados ha recibido una cobertura mediática infinitamente menor de parte de la “gran” prensa comercial, en relación con otro crimen similar, el de Lockerbie, contra una aerolínea norteamericana, ocurrido cuando el mismo Bush era vicepresidente, encargado de los asuntos de seguridad. Un crimen que algunos analistas también vincularon a los servicios yankis.

El Gobierno de los Estados Unidos tiene, en distintos archivos de su gigantesco aparato de inteligencia y de represión, una enorme cantidad de pruebas que demuestran la absoluta responsabilidad de Posada, Bosch y otros sicarios de la CIA en el Crimen de Barbados, que costó la vida de 73 inocentes.

EL AGENTE VOLMAN CUMPLE ORIENTACIONES DE BUSH

El complot para destruir el DC-10 de Cubana nace en una reunión en Bonao, República Dominicana, orientada por George Bush padre, y su logística incumbe a uno de los servidores más fieles de la CIA en la isla caribeña, el veterano agente Sacha Volman. Uno de los participantes, el cubano Ricardo Morales Navarrete, alias “El Mono”, de la DISIP —policía política venezolana— confirmará formalmente más tarde al exdirector de la extinta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), de Pinochet, general en retiro Manuel Contreras, que la reunión se realizó “por instrucciones de la CIA” con “los máximos cabecillas o jerarcas de los grupos anticastristas que existían especialmente en los Estados Unidos”.

Morales, quien había sido comisario general, director de inteligencia y contrainteligencia de la DISIP, precisó que en Bonao se planificó el asesinato del excanciller chileno Orlando Letelier y la “destrucción de una aeronave cubana”.

Ahí se crea la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, el 11 de junio de 1976, en el salón ejecutivo de la empresa minera canadiense Falconbridge, donde están unos 20 cabecillas terroristas de Miami. Y allí aparecen quienes luego se reunirán en el Anauco Hilton de Caracas para precisar los detalles del atentado.

BOSCH, POSADA, “EL COJO”, “EL MONO” Y FRANK CASTRO

Se trata de Bosch y Posada, por supuesto, pero también de otros terroristas muy experimentados: Frank Castro, quien lideraba esa cumbre de asesinos; Gustavo “El Cojo” Castillo y Ricardo Morales Navarrete.

Un informe del FBI fechado el 2 de noviembre de 1976 sitúa al grupo en Caracas, solo “unos días” antes del sabotaje que destruye el avión civil cubano. “Planes relativos al atentado con bomba contra un avión de Cubana se discutieron en un bar del hotel Anauco Hilton”, precisa el documento al identificar los participantes.

Castro, Castillo y Morales nunca tuvieron que enfrentar la justicia aunque todos tienen las manos manchadas de la sangre de las víctimas del crimen de la misma forma que Posada y Bosch.

Castillo fue uno de los sicarios más activos del llamado Frente de Liberación Nacional de Cuba (FLNC). Entre otros crímenes, participó con Gaspar Jiménez Escobedo y Orestes Ruiz en el asesinato del funcionario cubano Artagnan Díaz Díaz, en Mérida, México, el 24 de julio 1974.

En el momento de la reunión de Caracas, Castillo era prófugo por homicidio de la justicia méxicana y trabajaba a tiempo completo con la CORU, bajo Frank Castro y Orlando Bosch.

LA CIA MANDA A CALLAR AL “MONO”

Terrorista “autorizado” por la CIA, “El Cojo” murió hace exactamente un año, en su casa de Hialeah, Florida, bajo la protección del FBI y de los “patrocinadores del terrorismo” de Langley.

Ricardo Morales Navarrete fue asesinado en un bar de Miami, sin que nadie haya visto luego su cadáver. Un trabajo “limpio” de quienes tenían interés en callar definitivamente a quien tenía fama de cotorra. El propio Contreras lo confirmó.

Orlando Bosch falleció en abril último en un hospital de Miami a la edad de 83 años. En sus últimas apariciones públicas reiteró su llamado a la insurrección violenta para derrocar a la Revolución cubana.

Posada se ha convertido en “prima donna” de la fauna terrorista de Miami donde hace apariciones públicas aplaudidas por los nostálgicos de la dictadura de Fulgencio Batista. Roger Noriega se ha encargado, en nombre de la misma maquinaria oculta que orientó la catástrofe de Barbados, de neutralizar el aparato judicial gracias al juicio trucado de El Paso.

Frank Castro también sigue impune, en República Dominicana, donde nadie tuvo la iniciativa hasta ahora de recordarle su amplio pasado terrorista.

Y queda un enigma. Escandaloso.

EL FBI SE APURA EN DESAPARECER LA “CONFESIÓN” DE CARLOS ANDRÉS PÉREZ

El connotado agente de la CIA, Antonio Veciana, jefe terrorista, fundador de Alpha 66, reveló en el 2007, en Miami, que el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, involucrado en el caso, le había contado cómo había ordenado a su jefe de seguridad, el cubano Orlando García Vázquez, conservar el silencio (“calla la boca y no hables de este asunto”) sobre el caso del avión cubano.

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