Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Opiniones | Rogelio Polanco Fuentes

Inaguración de la Semana de la Cultura cubana en Venezuela

Amigos:

“Venezuela vale bien el viaje que hay que hacer para llegar a ella.” “Todo nuevo viajero halla pródigo sol que lo calienta, y ramas que le azoten el rostro en el camino”. Así llegó Martí aquel 21 de enero de 1881 a “Caracas, la Jerusalén de los sudamericanos, la cuna del continente libre, donde Andrés Bello, un Virgilio, estudió; donde Bolívar, un Júpiter, nació, -donde crecen a Ia vez el mirto de los poetas y el laurel de los guerreros, donde se ha pensado todo lo que es grande y se ha sufrido todo lo que es terrible; donde la Libertad -de tanto haber luchado allí, se envuelve en un manto teñido en su propia sangre.”

“Esta tierra –añadía en aquella maravillosa crónica Un viaje a Venezuela- es como una madre adormecida que ha dado a luz durante el sueño una cantidad enorme de hijos. Cuando el labrador la despierte, los hijos saldrán del vientre materno robustos y crecidos.”

“Así es el país: en la naturaleza, una belleza asombrosa, espectáculos que mueven las rodillas a hincarse, y al alma, adorar; en el corazón de las gentes, toda clase de noblezas; en las inteligencias, poderes excepcionales.”

A este país hermano, 130 años después de acoger en su seno al Apóstol de la independencia de Cuba, ofrecemos estas jornadas culturales, porque como diría Martí, “…la madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus vicios, es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”.

Cine, poesía, teatro, danza, artes plásticas, música, literatura, la cultura toda podrá apreciar el visitante por estos días aquí en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos y en la Casa Nuestra América José Martí. Gracias a estas instituciones, al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a la Misión Cultura Corazón Adentro, y a tantos amigos por esta oportunidad.

Inauguramos una tradición que se enriquecerá cada año con el concurso de quienes tenemos el privilegio de convivir en esta tierra, evocadora de “los pasos perdidos” de Alejo Carpentier; del “son Maracaibo” del Benny Moré, y de tantos otros forjadores de nuestra cultura.

Ningún escenario más propicio que este donde vivió intensamente durante seis meses de su apasionada existencia el Héroe de la Revolución Cubana. Aquí fue orador, periodista, maestro. Las páginas de La Opinión Nacional, la Revista Venezolana, la tribuna del Club del Comercio, las calles y plazas de la ciudad, aquella “estatua, que parecía que se movía”, aún acarician su nombre y sus ideas.

Quiso el azar recurrente que también por estos días pero hace 120 años viera la luz aquel ensayo fundacional que, cual manifiesto infinito, atesoramos los pueblos al sur del Río Bravo. “Nuestra América”, publicado en La Revista Ilustrada de Nueva York el 1ro. de enero de 1891 y, con algunas variaciones, el 30 de ese mes en el diario El Partido Liberal, de México, fue fraguado diez años antes en estas tierras, pues algunos de sus conceptos habían sido esbozados en el ya citado artículo Un viaje a Venezuela.

La unidad latinoamericana, el orgullo por nuestra identidad frente a lo foráneo, el hombre natural frente al artificial, la América nueva, original, frente a la otra.

Más de un siglo después, “el desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América.” “El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina”.

Pero afortunadamente, lo que quedaba de aldea en América ha despertado. Los árboles se han puesto en fila para que no pase el gigante de las siete leguas. “No hay proa que taje una nube de ideas”.

Gracias a la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que no por azar tendrá su cumbre en la Caracas martiana a 200 años de la independencia el próximo 5 de julio.

Gracias, Venezuela bolivariana, revolucionaria, por aquel viaje precursor de nuestros Apóstol, por tantos viajes de los martianos de hoy, estos miles de compatriotas que ha echado su suerte con los pobres de la Tierra.

Gracias, Venezuela, por darnos en qué servirte. Con José Martí, de América somos hijos; a ella nos debemos.

Muchas gracias.

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