Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Opiniones | Ricardo Alarcón de Quesada

La censura total

El 25 de mayo de 2001 el Gobierno de Estados Unidos hizo algo que describió como “un paso sin precedentes” al presentar una “petición de emergencia” a la Corte de Apelaciones buscando modificar las instrucciones que deberían guiar al jurado de Miami al pronunciarse sobre la acusación que pesaba sobre Gerardo Hernández Nordelo.

Al hacerlo reconoció que “Estados Unidos presenta esta petición totalmente consciente de los numeroso obstáculos que debe superar.”

El principal cargo contra Gerardo – “conspiración para cometer asesinato en primer grado”- había sido el eje alrededor del cual había girado el proceso seguido en Miami contra los Cinco antiterroristas cubanos, el juicio más prolongado de la historia norteamericana y le más silenciado también.

El gobierno actuó con asombrosa celeridad. Tras seis días de discusiones a la 1:00 PM del 25 de mayo la jueza había terminado sus instrucciones estrictamente ajustadas al Acta acusatoria de la Fiscalía. Esa misma tarde los fiscales hicieron llegar a la Corte de Atlanta su inusual y urgente apelación.

El gobierno reconocía dramáticamente su fracaso en demostrar la falaz acusación con estas palabras: “A la luz de las pruebas presentadas en el juicio, esto constituye un obstáculo insuperable para Estados Unidos en este caso y probablemente resultará en el fracaso de la acusación en este cargo”.

Fue más allá: “este caso puede establecer un precedente devastador… el perjuicio para el gobierno será irremediable y el daño duradero” y repitió “impone una barrera insuperable a esta acusación”.

La Corte de Apelaciones no aceptó la petición gubernamental. Pocos días después, el 6 de junio, Gerardo fue encontrado culpable y le fue impuesta la irracional sentencia de dos cadenas perpetuas más 15 años por un supuesto crimen que el propio acusador reconoció había fracasado en sostener.

¿Cómo explicar lo ocurrido? Ante todo porque el juicio tuvo lugar en Miami, nido de los grupos terroristas que él combatió heroicamente, y donde había sido condenado de antemano en una campaña de odio y calumnias de la prensa local pagada por el gobierno federal, como se supo después.

Los mismos medios que nunca informaron sobre la “petición urgente” del 25 de mayo de 2001. Los mismos que siguen imponiendo la censura total diez años después.

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