Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Opiniones | Zaida Castro Delgado

Martí en Venezuela

Martí en Venezuela

Quien dice Venezuela, dice América

Lic. Zaida Castro Delgado

Directora de la Casa de Nuestra América José Martí

“Quien dice Venezuela, dice América” es una frase mágica que profiere el Apóstol cubano como muestra no sólo de la gratitud que sintió hacia un país, sino de la conciencia que tenía sobre su  liderazgo en el proceso libertario de las naciones de América y sobre la identidad de bienes, males y  propósitos:

Quien dice Venezuela, dice América: que los mismos males sufren, y de los mismos frutos se abastecen, y los mismos propósitos alientan el que en las márgenes del Bravo codea en tierra de México al Apache indómito, y el que en tierras del Plata vivifica sus fecundas simientes con el agua agitada del Arauca.

La expresión surge en el contexto de la fundación de la Revista Venezolana,  el 1ero de julio de 1881,  hecha en la imprenta del periódico La Opinión Nacional, cuyo director Fauto Teodoro de Aldrey, es uno de  los pensadores que la auspician, pues nace, como dice Martí: “Extraña a todo genero de prejuicios, enamorada de todo mérito verdadero, afligida de toda tarea inútil, pagada de  toda obra grandiosa”, y alentada con el aforismo: “Hacer es la mejor manera de decir”.

Revista Venezolana es un proyecto cultural liderado por Martí en Venezuela en el que participan escritores como Arístides Rojas, Cecilio Acosta, Guillermo Tell Villegas, Eduardo Blanco, Francisco Pardo, Domingo Hernández, y Agustín  Aveledo, lo más selecto de nuestra intelectualidad para ese entonces.  Son ellos poetas, maestros, historiadores, filólogos, jurisconsultos, todos hombres de pensamiento y de palabra al servicio de una publicación que, como expresa José Martí: “Viene a dar aposento a toda obra de letras que hagan relación visible, directa y saludable con la historia, poesía, arte, costumbres, familias, lenguas, tradiciones, cultivos, tráficos e industrias  venezolanas.”

Eran hombres conscientes de que la cultura se sustenta en  la antropología, en las ciencias lingüísticas y literarias, en la  etnografía, la Historia, la estadística y en las ciencias naturales. En efecto, se podría afirmar que la Revista Venezolana que funda José Martí en el siglo XIX  es un programa sin  precedentes, que sintetiza una visión sobre la cultura cónsona con la de tiempos postmodernos en los que la interdisciplinariedad se erige como un principio rector.

A la revista se le llama venezolana  no sólo por la circunstancia de nacer en suelo patrio, sino porque Martí,  como   crítico social  y lector de los signos del tiempo, podía entender con claridad que el protagonismo que había tenido  Venezuela en la historia de la América Hispánica podía avizorar  otro, posiblemente más trascendente,  en épocas posteriores. De allí la frase que resuena como un llamado a la acción: “QUIEN DICE VENEZUELA, DICE AMERICA”.

En efecto, la llegada de José Martí a Venezuela fue acogida con entusiasmo por jóvenes  quienes tenían conocimiento de su trabajo en pro de la libertad. Por ello,  le dispensaron cordial hospitalidad,  propiciaron que fuera recibido por familias caraqueñas, lo integraron como parte del equipo de redacción del periódico La Opinión Nacional. Nuestro Cecilio Acosta, notable escritor humanista y jurisconsulto y amenazado por ser considerado adversario del gobierno de Guzmán Blanco,  lo recibió en su humilde vivienda y pronto surgió entre ellos una sincera amistad. Pero, ¿cuándo llega Martí a Venezuela?

En pos de Bolívar

El 08 de enero de 1881, José Martí, el bolivariano por excelencia,  partió desde Nueva York hacia Venezuela. Arribó a la Guaira el 21 de enero de ese mismo año, y  bordeando precipicios y barrancos, llegó a la ciudad de Caracas, momento que guardó para contar a los niños de América,  en la revista La Edad de Oro,  ocho años después, en 1889, en su relato titulado  Tres Héroes:

Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó donde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, sólo con los árboles altos olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo.

El tributo a Bolívar, el llanto martiano informan sobre los motivos que lo impulsan a viajar a Venezuela. Son las lágrimas de un bolivariano de convicción. En efecto, desde niño Martí ansiaba conocer y convivir con un pueblo como el nuestro, en el que Simón Bolívar luchó y triunfó contra el colonialismo español trazando, al mismo tiempo, un itinerario en busca de la unificación de los pueblos americanos en una patria grande.

José Martí vivió seis meses en nuestra tierra, como maestro y periodista, como político y hombre de cultura. La breve estancia en Venezuela no se comparece con la magnitud de la obra gestada en la “cuna de América” cuyo paisaje e historia fueron propicios  para la inspiración. En un discurso del 21 de marzo de 1881, expresa el llamado que le hace  la naturaleza venezolana:

Y vi entonces, desde estos vastos valles, un espectáculo futuro en que yo quiero caer, o tomar parte. Vi hervir las fuerzas de la tierra; y cubrirse como de humeantes desfiles de alegres barcos los bullentes ríos; y tenderse los bosques por la tierra, para dar paso a esa gran conquistadora que gime, vuela y brama. Y verdear las faldas de los montes, no con el verde oscuro de la selva sino con el verde claro de la hacienda prospera; y sobre la meseta vi erguirse pueblos; y en los puertos, como banderas de mariposas, vi flamear en mástiles delgados alegres y numerosísimas banderas y vi, puestos al servicio de los hombres, el agua del río, la entraña de la tierra, el fuego del volcán. Los rostros no estaban macilentos, sino jubilosos, cada hombre, como cada árabe había sembrado un árbol, escrito un libro, creado un hijo; la inmensa tierra nueva, ebria de gozo de que sus hijos la hubiesen al fin adivinado, sonreía, todas las ropas eran blancas, y un suave sol de enero doraba blandamente aquel paisaje. ¡Oh!, que calvario hemos de andar aun para ver hervir así la tierra…

Es  la palabra de un iluminado  por la naturaleza, por un verde que le hierve la sangre. Es el verbo poético de la emoción y del sentimiento ante una geografía y una historia, ante un medio ambiente que lo tienta y se le transforma en “un espectáculo futuro” en el cual él mismo quiera participar. Es el hombre identificado con la vida y obra de un país, hasta el punto de querer coadyuvar en la edificación de su destino.

La llegada de Martí a Venezuela fue recibida con fiesta, con alegría. Por iniciativa de un grupo de jóvenes fue presentado a la sociedad caraqueña en el Club de Comercio de Caracas con  una velada artística reseñada en el periódico La Opinión Nacional,  con elogios para el ilustre visitante:

Este ilustre escritor cubano que en años pasados redactaba en México la Revista Universal, se halla en Caracas, donde se propone fijar su residencia. Hemos tenido el gusto  de tratarle en la visita que se ha dignado hacernos, y se ha granjeado nuestras sinceras simpatías. Deseamos cordialmente que sea feliz entre nosotros para que adopte a Venezuela como su segunda patria, tan generosa y providente como la que le dio el ser”.

El discurso pronunciado por Martí conmocionó a los asistentes, entre ellos, Gonzalo Picón Febres, Pedro Maria Brito González, Lisandro Alvarado y Guillermo Tell Villegas. El joven Pedro Maria Brito González: describió el acto y la repercusión del discurso de Martí en una crónica aparecida en La Opinión Nacional el 23 de mayo de 1881:

Ya sabía todo Caracas que Martí pronunciaría un discurso en el acto de su presentación…Todo respira animación, encantos, poesía…aparece Martí en la tribuna…En efecto, la realidad excedió a todos las ilusiones, concebidas. No era un hombre, era el genio viviente de la inspiración, personificado en el orador.

Por ello, no se ha de advertir entonces como una causalidad que fuera Venezuela el lugar desde donde se escucharan otras expresiones que han quedado para la posteridad como verdaderos emblemas del discurso martiano. Entre ellas, hay una que tipifica y engalana sitiales, distinciones y museos por haber sido concebida para el reconocimiento: “Honrar Honra”, frase inicial del artículo sobre Miguel Peña, publicado en Revista Venezolana.

Las lecciones de civismo y de humanidad ofrecidas en  los actos públicos motivaron a Guillermo Tell Villegas a contratar sus servicios como maestro en  el  colegio de su propiedad. En tal sentido, Juvenal Alzola evocó la elocuencia del maestro,  su llamado constante a la libertad. Expresa en Recuerdos universitarios:

“… vibró poderosa la voz elocuentísima de aquel peregrino de la libertad, de aquel atleta incansable, que anhelaba dejar en el ánimo de la juventud venezolana, vinculados todos los tesoros de su alma, todos los sueños de su inagotable fantasía, todas las grandezas de un porvenir apenas concebibles”

Martí brindó, a aquellos jóvenes entusiasmados y altamente motivados,  su ideario y el énfasis en términos éticos y trascendentes tales como decoro, dignidad, opresión, libertad, democracia. Ejerció su magisterio también en el Colegio Santa Maria fundado por el licenciado Agustín Aveledo, quien dedicaba sus mejores esfuerzos a la educación de niños y jóvenes huérfanos y a iniciativas científicas, con las que ganó el respeto y consideración de los caraqueños. En la actualidad, La Casa Nuestra América José Martí, funciona en el antiguo local  de ese colegio.

Nostalgia:

La fe en ideales trascendentes es motivo para la acción. También la nostalgia es propicia para la creación. José Martí, prodigio de América, llega a Caracas solo, sin su esposa e hijo. Es favorable el momento para recordar que José Martí, hijo de padres españoles,  nació el 28 de enero de 1853 en La Habana y que, con apenas diez y seis años de edad, siendo todavía un adolescente, un año después de del comienzo de la guerra de los Diez  Años, ya había recibido

una condena a trabajos forzados por su apoyo a la causa independentista. ¡Ya todo un bolivariano de palabra y acción!

En 1871, por su precario estado de salud, fue deportado a España, país desde donde escribió monumentos destinados a la denuncia  de abusos y atropellos, a la prédica por  la independencia cubana del dominio español. El presidio en Cuba es una de esas obras manifiesto en pro de la libertad. Martí aprovechó esa estadía para la vida académica. En 1874, en la Universidad de Zaragoza, obtuvo una licenciatura en Derecho y Filosofía y Letras. Sin embargo, decepcionado ante la actitud de los liberales españoles hacia la causa cubana, se trasladó a Francia,  Nueva York, México, Guatemala. En  México, en 1877, contrajo matrimonio con Carmen Zayas, luego regresa de  nuevo a Cuba y en 1878 nació su hijo José Francisco. Volvió a conspirar contra el  gobierno y fue deportado a  España, Visitó  Madrid, Barcelona, Francia y  los Estados Unidos. En este último país pudo reunirse con la familia en 1888 y escribió en periódicos de prestigio.

Como hemos referido la llegada de Martí  a Venezuela estuvo inscrita por un gran entusiasmo, sin embargo, su partida  por sentimientos contrarios. El empecinado peregrino fue abismalmente herido por esa falta que recalca la soledad del infatigable luchador.  En Venezuela  al no tener  a su lado ni a la esposa ni al pequeño Pepe sufre. Esta carencia  fue acentuada por la luz que iluminan nuestros Llanos  y que lo indujeron a plasmar en el papel un poemario que tradujera la ausencia sentida por el hijo, destinado a convertirse en un homenaje universal al niño: El ismaelillo, obra que publicará al año siguiente en otro país, pues el Apóstol deja el suelo venezolano por desavenencias con el gobierno.

El Ismaelillo: Venezuela, América

La dedicatoria  de El ismaelillo  es una confesión del desgarramiento interno que vive el poeta:

Hijo:

Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura,

en la utilidad de la virtud, y en ti.

Dedicatoria que marca el contraste entre la angustia presente del Martí escritor y político, del hombre con una responsabilidad ante el mundo, responsabilidad de  padre hacia un hijo a quien considera su caballero, príncipe enano, musa traviesa, a quien, no obstante la profunda nostalgia,  le quiere celebrar con una  fiesta de palabras:

Su sangre, pues, anima
Mis flacas venas:
¡Con su gozo mi sangre
Se hincha, o se seca!
Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta

Este libro lo publica ya fuera de Venezuela. Pero nos  deja el testimonio de  hombre agradecido que ofrece la obra a sus amigos venezolanos. Así en carta a Diego Jugo Ramírez (diciembre 1881) le dice:

Aquí mis escasas horas de esparcimiento son horas venezolanas. Las compartos con Bonalde y con Gutiérrez Coll. Ellos me animan a imprimir un librito que escribí en Caracas, y allá le irá. Ya está en las prensas. Es un juguete, como para mi hijo.

A Agustín Aveledo también le envía el libro con emocionadas palabras para los niños huérfanos. Se observa el concepto que tiene Martí sobre el libro infantil: no se vende, no es lucro, no es comercio. Las cosas del alma no tienen precio.

No recuerda que le ofrecí un libro para sus huérfanos. Pues ya le mando el libro. Véalo y si le parece que merece excusa, y  que hallará paga de algunas almas buenas, dígame como le mando cien de ellos, que es el regalo pobre que mi hijo hace  a los huérfanos de su asilo. Yo no vendo ese libro; es cosa del alma. Pero me da gozo pensar que puedo hacer con el un pequeño beneficio…pensando en mi hijo se me llena el alma de jazmines y ese es un haz de ellos”.

Para concluir

A José Martí lo marcó la muerte de su gran amigo Cecilio Acosta el 8 de julio de 1881, hecho del cual dejó constancia en el  segundo y último libro de la Revista Venezolana. Destacó las  virtudes del venezolano. Se dice que su llanto por la muerte de nuestro Cecilio Acosta le costó la salida de Venezuela.

miento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni áspid muerde en pechos varoniles;

En  carta,  fechada el  27 de Julio de 1881,  a Fausto Teodoro de Aldrey,  anunció su partida a unos “muy hidalgos corazones” que sintió latir  en estas tierras. Dice:

Ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento ni de cuna reniegan hijos fieles. DEME VENEZUELA EN QUE SERVIRLA: ELLA TIENE EN MI UN HIJO”.

Se va. Pero el hijo que quiso ser de Venezuela,  es y será siempre nuestro. Su pensamiento quedó en nuestras mentes y corazones. La nostalgia, el paisaje  venezolano y su talento forjaron aquí una de sus obras líricas más importantes, alimento para los niños y los maestros de América, su Ismaelillo. Estamos obligados a replicar en nuestras aulas las virtudes que él cantó con alma y pagó con vida,  a comprometernos con sus ideales hechos para América, para Venezuela: QUIEN DICE VENEZUELA, DICE AMÉRICA, ideales que tienen que sobrevivir a todo obstáculo, a todo camino sembrado de zarzas o guijarros.  Muchas Gracias

La Revista Venezolana

Comentarios

30,enero,2017 | 09:14 am
Noel Ascanio Montero dijo:

la inmensidad de la figura del Apostol cubano José julián Martí Pérez, trasciende todos los límites de la historia, la cultura y la política americana porque es él un líder indiscutible de todos los tiempos; su capacidad profesional y humaisnmo innatos le valieron la gloria de ser reconocido como la personalidad más relevante de Cuba y de esta parte del mundo.Su obra es magnámina y su previsión sociopolítica todavía en referente para la mayoría de los pueblos del mundo; nadie niega su ejemplo y virtud infinita, como hombre, maestro, líder y paradigma americano que junto alos pobre sde la tierra lo diera todo en aras de la libretda y la justicia plenas.

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