Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Juana Carrasco | Opiniones

Medicina del alma, medicina de amor para Chávez

Rebosa este país de calor humano solidario, de un amor común que se derrama en las formas más diversas y es un río que se nutre de las aguas claras que fluyen desde cada rinconcito, por lejano que sea, hasta llegar a Miraflores, donde quieren —por ahora— el reposo del guerrero, su recuperación, para que dirija con mayor brío la batalla de todos, para dar vida a un creador sueño compartido de justicia social y bienestar.

Y esa «medicina del alma, medicina de amor», que le llega a raudales al Comandante-Presidente, se tradujo este jueves en una de las expresiones más hermosas y sabias, con el ánimo de quienes disfrutan la vida y la entregan a pesar de las más duras adversidades.

Hombres y mujeres con disímiles discapacidades físicas subieron paso a paso, peldaño a peldaño, la escalinata de El Calvario para llegar junto a Ezequiel Zamora, 86 escalones por encima de la avenida Sucre y desde allí, contemplando el palacio donde gobierna el pueblo, ratificarle a Hugo Chávez Frías: SÍ SE PUEDE.

Simbólicamente, hicieron tres paradas y en cada una de ellas se encendieron las bengalas; apenas una pausa en el camino ascendente para los del voluntariado familiar, los trabajadores del Consejo Nacional para Personas con Discapacidad y de la Misión José Gregorio, que cargaban a los que viven la vida en sillas de rueda; y tomaron el aire fresco de la mañana quienes en muletas o apoyados en el bastón que les da vista, empinaban la cuesta tomados de la mano. Una parada remontada para el 4 de febrero de 1992; otra para el 11 de abril de 2002; y el tercer abismo, una enfermedad que será vencida.

Los globos rojos de la confianza, del coraje y la firmeza tomaron el cielo caraqueño frente al Palacio del Pueblo donde ondeaba la bandera tricolor. Los dejaron volar Eiling Martínez, desde su pequeña estatura física que encierra una inmensa moral con la que puede tocar las nubes; Emily Flores, a quien sus piernas no pueden torcerle el andar del alma; Rómulo Gómez remontando la invalidez para «darle un espaldarazo al Comandante»; Edgar Araújo diciéndole a quienes le siguen en el Consejo Nacional para Personas con Discapacidad: «Con cada escalón que fuimos subiendo dejábamos atrás el abismo que ya supera nuestro Presidente. Este es un símbolo del inmenso amor que le tenemos y que nos tiene».

Y Chávez recibe y da igual mensaje. Al mediodía estaba en plena faena, junto a los cadetes de la Academia Militar, en el fuerte Tiuna, «con la Patria, muy alta la frente», y con total valor. «Medicina del alma, medicina de amor», les reconoce. «Salió el sol, buenos augurios», decía a sus cadetes, concluido el canto del himno de combate.

Puede este cariño de pueblo mucho más que la dolencia y, sobre todo, que el comportamiento irrespetuoso e inhumano de un sector de la oposición ante la enfermedad del Presidente de la República, al punto que el director del Grupo de Investigación Social (GIS) XXI, Jesse Chacón, calificó esa conducta de «irracional y caníbal».

Y es que están cegados por el odio más absurdo y disparatado, que no les deja ver ni siquiera cómo el pueblo venezolano está en las calles disfrutando el retorno de Chávez y celebrando por todo lo alto el Bicentenario de la firma del Acta de Independencia y ratificándola como protagonista de esa lucha que continúa y se hace nuestramericana.

Dos simplezas malintencionadas para muestra, y no son las más absurdas expresiones dichas por otros en Globovisión, o escritas en El Nacional o El Universal…

El Gobernador de Miranda: «Es probable que el Presidente haya tenido un tema de salud, es probable que el Presidente haya sido intervenido». El diario Tal Cual editorializó con una de las bobadas más grandes que pueda haber escrito en toda su historia —y el epíteto que le endilgamos es bien suave (light dirían ellos): «…La verdad que el Bicentenario fue más bien soso y vacío.»

Solo caben estas probabilidades que justifiquen esa opinión «analítica»: o estaban encerrados a cal y canto para no oír ni ver la alegría desbordada del bravo pueblo que sigue festejando, visitando museos, bailando en las calles, disfrutando su historia, su país, su capital embellecida; o solo sintonizaron los espacios de películas de espanto en la televisión y los tenebrosos comentaristas de la que aquí llaman popularmente Globoterror; o estuvieron en reuniones —quizá conspirativas— en Panamá o Miami; o de vacaciones por esos lares que prefieren al suelo natal; o dormitaron el día, porque la víspera estuvieron celebrando el 4 de julio en la Embajada yanqui…

A despecho de esta mala leche de la oposición, de sus caras largas porque el Presidente está y la Revolución sigue, el pueblo se mantiene despierto, trabajando y festejando. «Para mí son días maravillosos, de renacimiento hacia un nuevo país», decía a la televisión una señora de paseo.

Ha llovido, y la lluvia limpia… Miro por la ventana hacia las avenidas Bolívar y México y a la altura de 26 pisos los trabajadores de la construcción parecen hormigas afanosas manejando palas mecánicas y derramando cemento alrededor de los grandes pilotes que sostendrán las viviendas del pueblo, en edificación ahí y en todo el país…

Así dominan cada emboscada, esa es su promesa y la repite el pueblo: «Viviremos y venceremos». En Venezuela, la lucha por la vida y por la independencia continúa.


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