Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Gaspar Velásquez Morillo | Opiniones

Mis palabras a Rolando Segura desde Venezuela

Vaya esta misiva. En verdad en vilo por Libia, es una confesión casi colectiva, es el grandulón imperio, son los guapetones de la comarca o mejor, los confabulados azotes de la aldea global quienes muestran ufanados sus dientes, sus uñas y sus músculos contra apenas cinco millones de corazones que laten la zozobra de contar en el perfil de su suelo patrio del viscoso y brillante oro negro.

Ojalá te hagan llegar estas líneas escritas sobre la marcha, las cuales van empapadas de mucha fraternidad y solidaridad de un hermano venezolano.

Te vi en un pase con tu reporte noticioso, portaba tu casco, en el sótano del hotel pero de seguro con tus aperos de combate de la profesión.

Recordé nuestra aula de clase en mi Facultad de Periodismo, entre G 21 y 23, de mi Universidad de la Habana donde estudiábamos juntos, nos graduamos, di muchas vueltas por Venezuela, ser periodista graduado en Cuba era un estigma y condenado a no poder ejercer, salvo en el estado Trujillo que me dieron la oportunidad, pues esa década del noventa eran los Felices Noventa del Neoliberalismo después tuve que escapar y ejercer la docencia que también nos forman en la Universidad de La Habana para eso.

No pude volver a la Isla por diferentes razones, pero no por ello he dejado de recordarlos así como las carcajadas de algún chiste o de cómo sorteábamos cualquier adversidad, o de cómo quedábamos atrapados ante el infortunio del momento, recuerdo cuando te hice la confesión sobre el atractivo de una compañera del año superior y me respondiste como un rayo, con seriedad inusual en ti: – a mi también me gusta y estoy de primero en la lista, me quedé perplejo, te miré fijo y arrugué la cara para mostrarte mi disgusto y mi torpeza de confesarme con el “enemigo”; luego soltamos al unísono las risas.

Rolando, te vi reportando o narrando las noticias por periodo en Telesur durante algún tiempo antes de que te encomendaran cubrir Libia.

Recuerdo que en la primera intervención quirúrgica que tuve en Cuba –así en todas- estuvieron mis compañeros y compañeras de curso allí conmigo y se turnaban. Luego me explicaban cada clase en mi habitación de convaleciente, recuerdo a Randy Alonso, a Ricardo, al Osmín, al peleón de Abel Falcón, a Angélica de Pinar del Río, Mari Barcia a quien por cierto vi por casualidad acá en Venezuela, ella terca sigue de pequeña estatura física.

No son de mi facultad pero también recuerdo a Patricia, a Gretel, Sandra y a mucha gente de la residencia 12 y Malecón “Mario Escalona”, las tías (toda persona mayor en Cuba se le dice Tía o Tío) que son unas madres, y ellos son unos padres para nosotros.

Y qué no decir de nuestros compatriotas venezolanos en esa época, Laura, Hernán, Roberto Carlos J., Casimira, Candy, Ginette, Rodulf, Nicolás, Eduardo, Douglas, Carlos, entre otros donde así no nos veamos, la hermandad es grande! eterna! entre quienes se quisieron de verdad, verdad…

Si alguien preguntara, qué nace, qué se cultiva entre los y las compañeras de clases que pasan 6 años juntos, en sus alegrías, en sus vicisitudes, en sus sueños, apoyándose para aliviar el peso de la distancia de tu origen, de tus estudios, de los amores, de tus sueños futuros o del destino que te depara.

Si habría que responder, diría entre tantas emociones, que hay una inexplicable condición de hermandad que trato de explicarla y no puedo, lo que sucede es que sin quererlo y a la velocidad de la luz se me nubla la mirada y me dan ganas de llorar, no soy la excepción, pero ante mis adversidades de salud, ustedes me bañaron de solidaridad, no porque yo era venezolano pero pudo haber sido por ser venezolano, hay raíces entrelazada en nuestros pueblos que ameritaría otro artículo para eso, la realidad actual corrobora esa mutua y estrecha relación, basta leer muchos episodios de la historia cubana y allí estamos los venezolanos y las venezolanas, así como Uds. aparecen en nuestras luchas, las del pasado y las del presente.

Rolando, te vi por la pantalla de Telesur y me sentí orgulloso, de ti, de mis compañeras y compañeros, estas cumpliendo tus responsabilidades en las más difíciles de las condiciones en Libia, nos prepararon para eso, cuánta experiencia estarás asimilando, estas dictando cátedra en el propio teatro de operaciones para tus compañeros y compañeras cubanas y para quienes somos tu colegas y que tuvimos la dicha de estudiar en tan prestigiosa universidad, además enalteces la hidalguía del pueblo cubano, continuar la lucha por decir la verdad, así lo hicieron con su historia y guerra revolucionaria, así resisten el bloqueo, así trastocaron toda pero toda la historia de África que algún día se diga todo e igual con América Latina.

Impactaron Uds. en Cuba a más de 32.000 estudiantes de 87 países en mi época de estadía allá –año 86-92- donde apenas estábamos 21 estudiantes de Venezuela entre esa inmensa cantidad y todo ese grueso número de más de treinta mil jóvenes provenientes de distintas latitudes recibían sus estudios gratis, residencia, asistencia de salud integral, libros gratuitos, vacaciones, estipendio, nos sentíamos y nos trataban como un nacional cubano y cubana más.

En mis primeros días de estadía en Cuba preguntaba el por qué hacían eso: cuál respuesta recibí… “como gratitud a la humanidad” tuve días pensando en la brevedad de la expresión y en la amplitud y profundidad de ella.

Hoy sobrepasan más de 3.000 estudiantes venezolanos en la mayor de Las Antillas y quien sabe de cuántos más países y cuál será la cantidad…pero para los efectos de esta carta no importa, sabemos que son muchos y muchas.

Nublada la mirada Rolando decimos de corazón y con admiración eterna: -Gracias Fidel!

Si digo con dolor que no tenemos un imán que también nos una aquí en suelo patrio a los y a las que allá estudiamos.

Rolando disculpa la necesaria disgregación, te digo que cuentas con el apoyo de tu pueblo y de los pueblos del mundo a quien le estas saciando la sed de saber la verdad.

Te digo, si por esquivar una bala no reportaste el incidente del día, no te preocupes, la historia, armará con su voz de gigante el episodio que te impidieron ver y narrar.

Cuídate, cumple, pero cuídate, estas en las filas del periodismo revolucionario, del otro no vale la pena ensuciar estas cuartillas, piensa en tus seres queridos, piensa en tus profesores, en tus compañeros y compañeras de estudios, cuenta con nuestro inquebrantable apoyo, solo sabe lo que estas viviendo allá eres tu, banal el que no sabe lo que vives o el que espera que tú le hagas llegar la noticia en el sofá de su casa como si ignorara que estas en el fragor de una guerra y te pides que les informes más a riesgo de tu propia vida, te digo esto porque leí ofendido unas líneas garabateadas que te pedían información como si desde que llegaste no estuvieras informando.

Ya Jordán Rodríguez, también de Telesur, en la primera cobertura sobre el conflicto en Libia y de regreso a Venezuela explicó la intensidad y que son dos planos de la confrontación: la mediática y la guerra de las balas de verdad, esas son las vicisitudes de esa guerra.

Rolando, hermano cubano, recibe un fuerte abrazo y con él -y me disculpan- va el acumulado de abrazos de un pueblo solidario como el de Venezuela.

Cuando regreses a Venezuela me gustaría volver a vernos.

CON LIBIA EN EL CORAZÓN

Vi la escuela

de mis primeras letras destruida…

y me brotó una lagrima…

la calle de mi vida y de mis juegos

agujereada

y me brotó una lágrima…

la calle de mi primer beso

y del muy anhelado: si acepto

y brotó una lágrima…

y que cayó la bomba

sobre mi casa y crujieron huesos,

y me brotaron tres lágrimas…

tanteando esquinas de quejidos

y de humo, de sirenas que alarman.

Al segundo día,

limpié sus rostros,

aparté polvo, bloques y cabillas

y me brotaron de nuevo tres lágrimas…

suspiro de dos minutos,

arrodillado con sepulcral silencio,

brotaron tres lágrimas…

dije adios a mi madre, a mi esposa,

a mi única hija de seis meses, Maxim.

Mi corazón se trianguló de dolor,

bese sus frentes,

sus miradas opacas no me siguieron,

rictus emboscados por el terror,

acaricié a mi bebita,

le susurré para despertarla,

pero no despertó,

mis ásperas y sucias manos,

acobijaron sus rostros abombados,

grité del dolor del alma.

No hubo más lágrimas,

imaginé manos con uñas rojas de lujuria,

imaginé, vi pozos negros ardiendo,

Me regresaré de las ruinas.

Estaré debajo de las piedras,

detrás de las piedras,

en cada grano de arena

en cada rayo de sol…

No me pidan calma!

Porque ahora…no respondo!

………….

Gaspar Velásquez Morillo

http://lasrojasauroras.blogspot

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