Embajada de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela

Gustavo Robreño Dolz | Opiniones

Patria es humanidad

“Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene de más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor y más naturalmente en aquello que conoce, y de donde le viene inmediata pena o gusto; y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de la patria.”
Con estas palabras se inicia la nota aparecida en “Patria” el 26 de enero de 1895, bajo el título de “La Revista literaria dominicense”, don­de por vez primera se expone, explica y esclarece lo que se convertiría en un concepto fundamental dentro del pensamiento martiano, cuya vigencia alcanza hasta hoy y se extiende indetenible como mensaje al mundo.
Más adelante, añade: “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer; y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas, ni porque a estos pecados se dé a menudo el nombre de patria, ha de negarse el hombre a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. Esto es luz y del Sol no se sale. Patria es eso”.
Es históricamente importante conocer, sin embargo, a quién va dirigida la nota de “Pa­tria” y cuál es el motivo utilizado como oportunidad o pretexto para dar a conocer tan profundas consideraciones.
La citada publicación así lo explica: “En San­­tiago de Cuba vive ahora, en inseguro refugio, el dominicano Manuel de Jesús Peña[1], a quien llama un diario santiaguero, con razón “maestro celosísimo, abnegado periodista, fundador afortunado, diputado integérrimo y ministro sin tacha”, lo cual quiere decir que es el hombre de veras, porque ha amado y sacó la honra salva de la tentación del mundo. Pu­diera el anciano Peña, allá en la “medianezga comedida” en que vive, descansar en infructuoso silencio de su vida de idea y batalla; pero él sabe que es ladrón y no menos, quien siente en sí fuerzas con que servir al hombre y no le sirve. Estos cómodos son ladrones; son desertores, son míseros, que en el corazón del combate huyen y dejan por tierra las armas”.
El saludo martiano al nuevo empeño es recogido al concluir el texto que, sin aun saberlo ni Martí ni Peña, pasará a ocupar un sitio prominente en la historia de Cuba y América: “El anciano Peña quiere que le conozca mejor el país en que nació y en que los cubanos se ven como en casa propia, porque ambas sangres han corrido juntas contra el mismo tirano; y a ese fin publicará en Santiago la Revista Lite­ra­ria Dominicense, que ya todos encomian y sa­ludan. A esa literatura se ha de ir; a la que en­san­cha y revela, a la que saca de la corteza en­sangrentada el almendro sano y jugoso; a la que robustece y levanta el corazón de Amé­rica. Lo demás es podre hervida y dedadas de veneno”.
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[1 ]Don Manuel de J. Peña y Reynoso fue Ministro de Céspedes en la primera República cubana y también Ministro en su Patria, en el gobierno de Espaillat. Después de servir como patriota en Santo Domingo y Cuba se dedicó, en ambos países, al magisterio.
Bibliografía:
Rodríguez Demorizi, Emilio. Martí en Santo Domingo. 1978. Págs. 205-206

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